Crónica de las grabaciones desclasificadas: El 23-F desde el salón de los Tejero

Mientras el teniente coronel Antonio Tejero irrumpía a tiros en el Congreso de los Diputados, su esposa, Carmen Díez Pereira, libraba su propia batalla al otro lado del teléfono. Los documentos desclasificados por el Gobierno en febrero de 2026 han revelado a una mujer que, lejos de la frialdad ideológica, vivió el golpe entre la humillación, los insultos a su marido y un desprecio absoluto hacia la cúpula militar que “lo dejó tirao como una colilla”.

I. “Me lo han engañao como a un desgraciao”
El 23 de febrero de 1981, el teléfono de la casa de los Tejero no dejó de sonar. Las transcripciones de la Guardia Civil muestran a una Carmen desesperada, pero no por el éxito del golpe, sino por la soledad de su marido.
En una de las grabaciones más impactantes, Carmen confiesa a su amiga Herminia su mayor temor: la traición de los suyos. “¿Has visto qué asco? Me lo han dejao tirao como una colilla. Me lo han dejao solo, me lo han engañao”, exclamaba. Para ella, Antonio no era un héroe de la patria en ese momento, sino un hombre utilizado por generales que, a última hora, “se rajaron”.
II. El retrato de un marido “jilipuertas”

Lo que más ha sorprendido de los papeles de 2026 es la dureza con la que Carmen se refería a su esposo. En la intimidad de las llamadas intervenidas, el líder del asalto al Congreso pierde toda su épica:
- La herencia de la tía: Los documentos confirman que Tejero usó tres millones de pesetas de la herencia de una tía de Carmen para comprar seis autobuses de tercera mano y gabardinas en el Rastro. Carmen, al enterarse de que él asumía toda la responsabilidad económica y penal, estalló: “¡Qué jilipuertas es! Como siempre, haciendo el primo”.
- El “tonto” de la familia: En una charla con su hijo Antonio, ambos coinciden en un diagnóstico demoledor: “¡Mira que es tonto este hombre! Se fía de los militares”. Para Carmen, su marido era un hombre “honrao y recto” en un mundo de “cabrones” que jugaban con su destino.
III. “Si pudiera volverte a parir, no serías militar”
Hija de guardia civil y esposa de militar, Carmen Díez terminó aquella noche abjurando de la institución que definía su vida. En un momento de agotamiento absoluto, le soltó a su hijo una frase que hoy, desclasificada, suena a sentencia de muerte para una tradición familiar: “Si yo pudiera volverte a parir, ninguno de mis hijos sería militar”.
Su indignación no era solo política; era el dolor de una madre y esposa que veía cómo la “obcecación” de Antonio por la Patria estaba “destrozando a la familia”.
IV. La “Operación Megáfono” y el Rey
Los informes de Interior desvelan que el Gobierno intentó utilizar a Carmen para que Antonio se rindiera. Querían que ella grabara un mensaje para emitirlo por un megáfono frente al Congreso. Carmen se negó en redondo. Sabía que su marido, a quien llamaba “obstinado”, pensaría que la habían forzado.
Además, los papeles muestran su desilusión con la Zarzuela. Carmen confesó que le habían asegurado que “el Rey estaba detrás”. Al ver el mensaje televisado del monarca, su mundo de certezas se hundió: “Luego llega el momento y se arrinconan con el Rey, y ya está”.
Aquí tienes un apartado específico centrado en la logística de los autobuses y la curiosa financiación del asalto, redactado para que encaje perfectamente en tu artículo:
V. La herencia de la tía y los seis autobuses de “tercera mano”
Uno de los capítulos más reveladores y casi surrealistas de la declaración de Antonio Tejero ante la justicia militar es el que detalla la infraestructura del golpe. El asalto al Congreso no fue una operación financiada por grandes fortunas ni por el presupuesto del Estado, sino que tuvo un origen mucho más doméstico y precario.
- El “detonante” y el objetivo: Tejero relató que fue el teniente general Milans del Bosch quien le instó a buscar un “detonante” para cambiar el rumbo de España. Tras barajar la ocupación de La Moncloa, el teniente coronel se decidió por el Congreso por ser “menos complicado”. Para ello, realizó un trabajo de campo casi obsesivo: “Hice innumerables fotografías de todas las esquinas del Parlamento”, confesó, recabando cada medida de seguridad antes de presentarle el proyecto final a Milans el 18 de enero de 1981.
- Logística en el Rastro: Para mover a su contingente sin levantar sospechas, Tejero adquirió en diciembre seis autobuses de 50 plazas y un lote de gabardinas compradas en el Rastro. El objetivo era cubrir los uniformes de los 288 guardias civiles para que pasaran desapercibidos hasta el momento de entrar en acción.
- Financiación familiar y falsificaciones: El coste de la operación ascendió a unos tres millones de pesetas, pagados íntegramente en metálico. Tejero reveló que el dinero procedía de la herencia de una tía de su mujer. En un alarde de confianza ciega en el éxito del golpe, llegó a solicitar cuatro pagas por adelantado por si el dinero de la herencia no bastaba, y confesó haber falsificado la firma de su esposa, Carmen, para agilizar las gestiones legales.
- La coartada del “impuesto revolucionario”: Para justificar la compra de los vehículos ante el abogado encargado de los trámites, Tejero inventó una historia: aseguró que los autobuses eran para una familia vasca que quería invertir sus ahorros fuera de Euskadi para librarse del impuesto revolucionario de ETA. El abogado, al ver el estado de los vehículos, le advirtió con escepticismo que eran de “tercera mano”. La respuesta de Tejero fue tan pragmática como premonitoria de lo que sucedería aquel 23 de febrero: “Pero andar, andan”.
VI. El cierre de una vida en la sombra
Carmen Díez Pereira falleció en 2022, habiendo guardado silencio público durante décadas. Sin embargo, los archivos de 2026 la han devuelto al presente como la protagonista involuntaria de una tragedia costumbrista.
Murió antes de que su marido falleciera este mismo febrero de 2026, pero las grabaciones la sitúan como la única persona que, en medio del caos de 1981, vio con claridad lo que estaba pasando: un hombre que entregó su vida y la herencia de su familia por una causa que sus propios jefes abandonaron antes del amanecer.
“Qué asco de España… estoy decepcionada de España entera”. > (Carmen Díez Pereira, llamada intervenida la noche del 23-F)