Ceuta ha rendido este sábado un emotivo y solemne homenaje al capitán de La Legión Álvaro García Jiménez, fallecido a los 32 años en el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba). El acto de honras fúnebres se ha celebrado en el acuartelamiento García Aldave, donde el joven militar prestaba servicio en la IV Bandera del Tercio Duque de Alba 2.º.




La ceremonia ha comenzado a las 10:00 horas y ha contado con la presencia de autoridades civiles y militares, compañeros legionarios y numerosos ciudadanos que han querido acompañar a la familia en uno de los momentos más duros. Entre los asistentes se encontraban el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Vivas, la delegada del Gobierno, Cristina Pérez, y el comandante general de Ceuta, Luis Jesús Fernández.
El homenaje ha incluido una misa en memoria del capitán enfermero, seguida del acto militar propiamente dicho, en el que han sonado el Himno Nacional, El Novio de la Muerte y la Canción del Legionario, en un ambiente cargado de emoción y recogimiento.
Como marca la tradición legionaria, el Ejército ha entregado a la familia la bandera nacional y el chapiri, antes de que el féretro fuera portado a hombros por sus compañeros de unidad, en una despedida marcada por el respeto y el compañerismo.
Minutos antes del inicio del acto, el jefe de la IV Bandera, el teniente coronel Javier Veiga, trasladó públicamente el sentir de la unidad. “Es un sentimiento de enorme tristeza. Ahora lo importante es despedir a nuestro compañero como merece y acompañar a sus padres para que puedan empezar el duelo arropados por todos nosotros”, señaló.
Veiga destacó además la implicación inmediata de miembros de la unidad, que se desplazaron a Córdoba tras conocerse el fallecimiento para asistir a la familia en los trámites y ofrecer apoyo personal. Del capitán García Jiménez subrayó su carácter “abnegado, disciplinado y profundamente generoso”, asegurando que su recuerdo permanecerá “imborrable” entre sus compañeros.
La despedida comenzó el viernes con la instalación de la capilla ardiente en el Salón del Príncipe del acuartelamiento, abierta al público, por donde pasaron numerosos ceutíes y representantes militares para rendir un último tributo al legionario.