Cómo es el funcionamiento del peor y más tenebroso hospital mental de América Latina

El Federico Mora queda en Guatemala, uno de los países con más altos índices de criminalidad del planeta y fue catalogado de esa forma por un grupo de activistas de la salud que conocieron los paupérrimos parámetros de calidad en que sobreviven tanto empleados como pacientes.
La ONG Derecho Internacional para la Discapacidad investigó durante tres años al Federico Mora. En un informe de 2012, sus peritos -radicados en los Estados Unidos- definieron al centro como “las instalaciones más peligrosas que sus investigadores han visto en el continente americano“. “Cualquier persona, con o sin problemas mentales, que es retenida en este hospital tiene su vida en riesgo, su integridad personal, además de la posibilidad de trato inhumano y tortura“, manifiestó el comunicado.
La BBC se internó en los pasillos de este “infierno”. El periodista Chris Rogers -quien se infiltró como ayudante social- cuenta que donde quiera que mira ve cuerpos acostados en cualquier parte. “Tienen la apariencia de haber sido fuertemente sedados“, escribió. El relato del cronista es lo más parecido a un centro de zombies. “Van desnudos, exponiendo su piel sucia con su propia orina y excremento“, dice y añade: “Están totalmente rapados, vestidos con túnicas y descalzos“.

Pero más desgarrador que ese cuadro fantasmagórico que cuenta el periodista es el dato que otorga el director del Federico Mora, Romero Minera. Sólo el 16 por ciento de los pacientes requiere tratamiento psiquiátrico, el resto está en condiciones de vivir en sus comunidades porque no tienen ningún trastorno.
En una confesión aberrante, Minera sorprende: los guardias abusaron en reiteradas ocasiones de los enfermos mentales. La información fue confirmada por dos ex pacientes que dijeron haber sido violados. Uno es el caso de una mujer que fue ultrajada a los 17 años por un enfermero mientras trataba de conciliar el suño. “Estaba sedada y no me daba cuenta de lo que estaba pasando. Sólo me di cuenta a la mañana siguiente de que había perdido mi inocencia“. La joven era virgen. “Estaba sangrando entre las piernas y comprendí lo que había pasado esa noche: un enfermero había entrado y me había violado“.
De las violaciones no sólo participan los enfermeros, sino también los propios pacientes y hasta policías que resguardan la seguridad del lugar separan por las noches a las mujeres más lindas, las anestesian y después abusan de ellas. El hecho lo contó Ricardo, quien durante tres años sufrió los vejámenes más horribles que se puedan imaginar. “El abuso sexual hace que sea un nivel más terrible que cualquier lugar que yo haya visto antes“, dijo el fundador de Derecho Internacional para la Discapacidad, Eric Rosenthal, quien llevó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos el caso del lúgubre hospital.
Apenas nos ven, los pacientes intentan alcanzarnos, desesperados por contacto humano. Un hombre me abraza y me ruega que lo saque de allí“, dice Rogers. Sólo tres enfermeros son quienes permanecen disponibles para 70 pacientes que se encuentran en una de las salas del hospital.
El cuadro no mejora cuando alguien se adentra en los pasillos del centro de salud mental. Personas yacen en camas desvencijadas, totalmente oxidadas, en una atmósfera densa, cuyo olor penetra desde los orificios nasales hasta los ojos. El tufo provoca náuseas en el cronista, que hace esfuerzos por no vomitar. “Los pacientes parecen estar muy sedados como para ir por sus propios medios al baño“, contó Rogers y agregó: “Se pueden apreciar manchas de orina en los colchones, y la ropa de algunos está cubierta de sus propias heces“.
El gobierno de Guatemala defendió el funcionamiento del Federico Mora por medio de un comunicado: “Se cuenta con enfermeros calificados para atender las necesidades de los pacientes, incluido mantenerlos limpios y vestidos. Y un equipo que se encarga de mantener las salas limpias“. Esta realidad no fue la que vivió el equipo periodístico de la BBC.
Las celdas de aislamiento también son tenebrosas. Tienen sólo dos metros cuadrados con una diminuta ventana donde entra un pequeño brillo de luz. La desesperación que provoca este encierro en los pacientes es total. Al extremo de que en varias ocasiones optan por un suicidio desesperado. “Los pacientes son puestos en estos cuartos sólo por dos horas cada vez“, respondió el gobierno guatemalteco al respecto.
Fuente Infobae

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