La IA revoluciona el estudio de las misteriosas líneas de Nazca y transforma la arqueología a nivel global
Durante más de un siglo, los enormes dibujos y patrones trazados en las llanuras al sur de Lima, Perú, han desconcertado a los arqueólogos. Estas figuras, conocidas como las Líneas de Nazca, fueron realizadas por la civilización homónima entre el 200 a.C. y el 650 d.C. El misterio de su significado sigue vigente, pero ahora la inteligencia artificial (IA) ofrece nuevas respuestas a este enigma arqueológico.
Las gigantescas huellas del desierto
Las Líneas de Nazca son geoglifos (grabados sobre la tierra) que cubren al menos 450 km² del desierto peruano, representando animales, plantas, figuras humanas y formas geométricas. Debido a su inmenso tamaño, sólo pueden apreciarse en su totalidad desde el aire, un punto de vista que sus creadores jamás tuvieron.

Ya en los años 40, los investigadores Paul Kosok y Maria Reiche comenzaron a estudiarlas desde el aire. Reiche, matemática y astrónoma, quedó fascinada por la perfección geométrica de los diseños, sugiriendo que los Nazca utilizaron herramientas y unidades de medida sofisticadas.
Aunque inicialmente se plantearon hipótesis astronómicas, hoy día el consenso científico considera otras posibilidades: rutas ceremoniales, mapas de agua, ofrendas religiosas o incluso señales de comunicación visual para quienes transitaban a pie los senderos del desierto.

Tres eras tecnológicas para descifrar el misterio
El estudio de las Líneas de Nazca atraviesa tres etapas tecnológicas:
- La era de los Nazca: Crearon los geoglifos removiendo capas superficiales de tierra oscura para revelar el yeso blanco del subsuelo. El clima árido del desierto permitió su conservación durante siglos.
- La era aérea (siglo XX): Con la llegada de la aviación, los investigadores pudieron observar desde el cielo la magnitud de los dibujos. Se multiplicaron las hipótesis sobre su significado.
- La era de la inteligencia artificial (siglo XXI): La aplicación de IA y aprendizaje automático está acelerando la localización de nuevos geoglifos de forma nunca antes vista.
La revolución de la IA en Nazca
Desde 2004, el equipo de Masato Sakai en la Universidad de Yamagata (Japón) ha utilizado imágenes de satélite, aviones y drones para explorar la región. Sin embargo, el desierto es tan vasto que la inspección humana directa es inviable.
En 2018, comenzaron a probar algoritmos de IA sobre un área piloto de 27 km², donde descubrieron cuatro nuevos geoglifos. En su última campaña, anunciada en 2024, lograron detectar 303 nuevas figuras en apenas seis meses, casi duplicando el total previo de geoglifos conocidos, gracias al trabajo conjunto con científicos de IBM.
De las nuevas figuras identificadas, 178 fueron inicialmente sugeridas por el algoritmo de IA, y posteriormente confirmadas o descartadas tras inspección humana en campo.
¿Cómo aprende la IA a buscar artefactos arqueológicos?
Los sistemas de IA son entrenados no sólo con imágenes de geoglifos conocidos, sino también con ejemplos de zonas sin geoglifos. Así aprenden a discriminar con mayor precisión, minimizando los falsos positivos.
“La IA no es perfecta, especialmente en arqueología”, reconoce la experta en IA y arqueología Alexandra Karamitrou (Universidad de Southampton), pero el ahorro de tiempo, esfuerzo y coste es ya enorme.
El ritmo de detección de la IA permite que los arqueólogos humanos concentren su trabajo de campo sólo en las ubicaciones más prometedoras.
IA para todo tipo de hallazgos arqueológicos
El impacto de la IA va mucho más allá de Nazca. En Europa, proyectos como Odyssey —dirigido por João Fonte (ERA Arqueologia, Portugal)— aplican algoritmos de IA sobre datos de elevación y relieve para localizar castros y fortificaciones en las colinas inglesas, logrando identificar 384 posibles enclaves que pasaron desapercibidos a los arqueólogos.
En Oriente Medio, un equipo de Emiratos Árabes Unidos empleó IA sobre imágenes de satélite para buscar vestigios de la fundición de cobre en el yacimiento de Saruq Al Hadid (Dubái). Gracias a la IA, es posible planificar excavaciones evitando la búsqueda a ciegas.
Incluso bajo el mar, Karamitrou está aplicando IA para localizar pecios por las marcas de contaminación de hierro que producen en los arrecifes (“black reefs”). Esta técnica podría ser clave para localizar parte de los 2,7 millones de pecios submarinos aún sin localizar en el mundo.
Nuevas hipótesis para las líneas de Nazca
Los recientes hallazgos de Sakai refuerzan teorías que vinculan algunos geoglifos figurativos con antiguos caminos ceremoniales. Desde estos senderos, los peregrinos podían contemplar los dibujos durante sus rituales, lo que sugiere que las figuras cumplían también funciones comunicativas dentro del paisaje.
Un futuro amenazado
El cambio climático, las inundaciones repentinas y la actividad humana ponen en riesgo estas joyas arqueológicas. El propio equipo de Sakai ha modelizado los riesgos de daños por agua sobre los geoglifos más vulnerables, proponiendo soluciones de drenaje preventivo.
Además, IA podría ayudar no sólo a descubrir nuevos restos antes de que desaparezcan, sino también a predecir su deterioro futuro ante los efectos del clima.
Conclusión: la IA acelera el rescate de nuestro pasado
Aunque todavía imperfecta, la inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta transformadora para la arqueología global. La rapidez y volumen de hallazgos que posibilita pueden ser cruciales para rescatar el patrimonio antes de que se pierda para siempre. Como reconoce la propia Dra. Karamitrou:
“En unos años podríamos tener algoritmos de precisión muy alta, permitiendo a los investigadores ahorrar tiempo, energía y dinero mientras protegen la historia.”
Con cerca de 1.000 nuevos posibles geoglifos de Nazca aún pendientes de inspección, el trabajo de los arqueólogos continúa, pero ahora más rápido que nunca gracias a la inteligencia artificial.


