Cosas que habría que dejar de hacer en las redes sociales

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Aquí un compilado de algunas actividades que habría que dejar de lado cuando uno circula por las redes. Se trata de un listado subjetivo elaborado en función de la mera observación.

1. Gritar penas al ciberespacio

“Hoy es el peor día de mi vida. Todo se ve negro”. Esto habría que evitar hacerlo, al menos, por seis meses. O para siempre, si es posible. Contar penas en el muro de Facebook o timeline de Twitter no parece ser la mejor manera para resolver un conflicto. Por otra parte, no se sabe exactamente quién es la audiencia. Y si uno lo piensa dos veces no es conveniente mostrarse tan vulnerables o poco estables ante un público que podría incluir desde jefes del trabajo hasta vecinos. Creo que la misma ley aplica para los comentarios de política, en especial cuando estos puedan estar repletos de frases polémicas o hirientes.

2. Tener conversaciones privadas en espacios públicos

Alguien publica la foto de un perrito en el sofá, se gana 60 likes en 30 minutos, varios comentarios sobre lo tierno o bello que es el cachorro y luego llegará, inexorablemente, la sesión de preguntas. ¿Cómo se llama? ¿Lo compraste o adoptaste? son algunas de esas dudas existenciales que le aquejan a la gente. Y claro, a esto le seguirán respuestas y comentarios sobre esas respuestas. Y si uno cometió el error de escribir algo también, le llegarán las notificaciones dando cuenta de todos esos intercambios. Claro que siempre es posible silenciarlas, pero fuera de eso, uno siempre debe preguntarse: ¿es necesaria la sesión maratónica de idas y vueltas en un post público? No olvidemos que para algo están los mensajes privados.

3. Hablar de forma críptica

“Estoy transitando un momento de luz. La magia llegó. Todo es por algo”. A veces uno se topa con mensajes de ese estilo en las redes. Son textos crípticos, donde no queda claro quién es exactamente el destinatario y mucho menos qué se busca transmitir. La cosa puede ponerse peor cuando después de esa publicación se suscita una catarata de preguntas de gente que busca encontrar una respuesta a esas crípticas frases. O peor aún cuando aquellos que sabiendo de qué se trata todo ese misterio 2.0 envían sus felicitaciones, o se apenan con el autor del texto, según sea el caso. Y uno queda ahí, cuasi atrapado, en calidad de espectador involuntario. ¿El que escribe eso por qué lo hace? ¿Acaso no sería mejor hablar con claridad o simplemente decir eso en privado?

4. Ser un seguidor muy apasionado
Las redes son de naturaleza “reveladora”. Todo lo que pasa allí se ve. Lo ve el usuario y sus seguidores. Y, si el perfil no es privado, también lo verán todos los otros seres que, sin ser llamados, pasen por ahí. Hacer un seguimiento muy cercano de las personas en las redes sociales deja sus marcas. En Instagram, por ejemplo, el usuario puede saber exactamente qué usuarios reprodujeron sus videos o vieron sus publicaciones en la sección Stories. Ser “stalker” en Facebook tampoco es seguro. Es posible que sin querer se escape un “me gusta” en un post de 2012.

5. Subir fotos impublicables

Subir imágenes de todo lo que nos pasa y ocurre alrededor puede ser peligroso. O poco inteligente. Sobre todo cuando ese todo incluye fotos o videos que podrían complicarles la vida a quienes estén presentes en esos instantes convertidos en momentos multimedia. Hay que tener en cuenta que las redes sociales son una enorme ventana al mundo. Y dentro de ese mundo hay jefes, posibles futuros empleadores, ex novios, amigos y parejas. Así que hagamos un bien a la humanidad: no subamos cuanta foto saquemos a las dos de la mañana en un bar. Y por sobre todas las cosas, no etiqueten ni arroben indiscriminadamente.

6. Geolocalizar todo
Es tentador hacerles saber a las redes sociales todo lo que ocurre minuto a minuto. Sobre todo ahora que muchas habilitaron funciones para transmitir en vivo. Pero no es necesario. Y a veces, incluso, poco conveniente. Decir exactamente dónde está uno y qué está haciendo a cada momento puede ser información muy útil para los amigos de lo ajeno. Qué mejor momento para entrar a un hogar y hacerse de un botín cuando los dueños anuncian que están “pasándola bien en Mar de las Pampas”, junto a una transmisión en vivo y dos emojis sonrientes. No digo que haya que caer en la paranoia total, pero cuidar un poco la privacidad y estar alerta ante posibles amenazas a la seguridad no está de más.

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