En 1311, un ejército de mercenarios procedentes de los territorios de la Corona de Aragón derrotó a la nobleza franca que gobernaba Atenas y estableció un dominio que perduró durante décadas. La conquista dio origen a una etapa de gobierno catalanoaragonés en tierras griegas, primero vinculadas a la Corona de Sicilia y después incorporadas directamente a la Corona de Aragón. En 1380, Pedro IV el Ceremonioso llegó a ordenar la protección de la Acrópolis, a la que consideraba una de las maravillas del mundo.
Una de las páginas menos conocidas de la historia medieval de la península ibérica se escribió a miles de kilómetros de Barcelona, València, Zaragoza o Mallorca, en el territorio de la antigua Grecia.
Durante el siglo XIV, los almogávares, soldados que habían participado en las guerras mediterráneas de la Corona de Aragón, protagonizaron una extraordinaria expedición militar que terminó con la conquista del Ducado de Atenas y el establecimiento del Ducado de Neopatria.
Durante décadas, estas tierras estuvieron gobernadas por una estructura política y militar de origen catalán, vinculada primero a la monarquía aragonesa de Sicilia y posteriormente a los propios reyes de Aragón.
La historia no es una leyenda ni una interpretación moderna. El Archivo de la Corona de Aragón conserva documentos originales que demuestran que Atenas reconoció la soberanía de Pedro IV el Ceremonioso en 1380.
Entre ellos figura una disposición real del 11 de septiembre de aquel año que ordenaba enviar doce ballesteros para proteger la Acrópolis, considerada por el monarca una joya arquitectónica extraordinaria.
Sin embargo, conviene aclarar un detalle: Atenas no se convirtió en una provincia española en el sentido actual. Se trataba de ducados medievales sometidos a relaciones de vasallaje y soberanía dinástica, dentro de un Mediterráneo dividido entre reinos, señoríos, ciudades comerciales y territorios del Imperio bizantino.
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¿Quiénes eran los almogávares?
Para comprender cómo llegó a conquistarse Atenas hay que retroceder a los siglos XIII y XIV, cuando la Corona de Aragón estaba extendiendo su influencia por el Mediterráneo.
Los almogávares eran combatientes especializados en incursiones rápidas, emboscadas y guerras de frontera. Procedían de distintos territorios, especialmente Aragón y Cataluña, pero también participaron hombres vinculados al reino de València, Mallorca y otras regiones mediterráneas.
No eran soldados convencionales.
A diferencia de los caballeros feudales, que combatían a caballo protegidos por pesadas armaduras, los almogávares luchaban principalmente a pie, con equipamiento ligero.
Sus armas habituales eran lanzas cortas, dardos y grandes cuchillos. Vestían ropas resistentes, calzado de cuero y transportaban pocas provisiones.
Estas características les permitían desplazarse rápidamente por terrenos montañosos y atacar a enemigos que dependían de formaciones militares más pesadas.
Su grito de guerra se hizo famoso: «Desperta, ferro!», que significa «¡Despierta, hierro!».
Según las crónicas medievales, algunos golpeaban sus armas contra las piedras para producir chispas antes de entrar en combate.
La experiencia adquirida en las guerras peninsulares y en Sicilia terminó convirtiéndolos en una fuerza mercenaria muy solicitada.
1303: el emperador bizantino contrata a Roger de Flor
En 1302, la Paz de Caltabellotta puso fin a una etapa de enfrentamientos por el control de Sicilia.
Muchos soldados que habían combatido al servicio de Federico II de Sicilia se quedaron sin una ocupación militar estable.
En este contexto apareció Roger de Flor, un aventurero y comandante de origen germánico-italiano que reunió a miles de combatientes en una organización conocida como la Gran Compañía Catalana.
En 1303, el emperador bizantino Andrónico II Paleólogo contrató sus servicios.
El Imperio bizantino atravesaba entonces una situación complicada. Las fuerzas turcas avanzaban por Anatolia y amenazaban los últimos territorios orientales controlados desde Constantinopla.
Los almogávares fueron enviados para combatirlas.
Su actuación inicial resultó militarmente eficaz. Consiguieron importantes victorias y recuperaron posiciones que los bizantinos habían perdido.
Roger de Flor recibió honores excepcionales y llegó a ostentar el título de megaduque, uno de los cargos más importantes del Imperio.
Pero sus éxitos también provocaron tensiones.
Los problemas relacionados con los salarios, los saqueos, el comportamiento de las tropas y el creciente poder de la compañía deterioraron las relaciones con las autoridades bizantinas.
Lo que había comenzado como una alianza militar terminó convirtiéndose en un enfrentamiento.
1305: el asesinato de Roger de Flor desencadena una guerra de represalias
En abril de 1305, Roger de Flor fue asesinado en Adrianópolis, la actual Edirne, en Turquía.
Había acudido a un encuentro con Miguel IX Paleólogo, hijo y corregente del emperador bizantino.
Durante la visita, soldados alanos atacaron y mataron a Roger y a numerosos miembros de su séquito.
La muerte del comandante desencadenó una violenta respuesta de sus hombres.
Comenzó entonces la campaña conocida tradicionalmente como la Venganza Catalana.
Durante los años siguientes, los almogávares combatieron contra las fuerzas bizantinas y devastaron amplias zonas de Tracia y Macedonia.
Las represalias incluyeron destrucciones, saqueos y ataques contra poblaciones civiles.
Las consecuencias fueron especialmente graves en territorios que ya sufrían los efectos de los enfrentamientos militares.
Este episodio sigue siendo objeto de investigaciones históricas.
Las crónicas de Ramon Muntaner, que había formado parte de la compañía, ofrecen una visión favorable a los almogávares. Por el contrario, los historiadores bizantinos describieron con especial dureza las consecuencias de sus incursiones.
El contraste entre ambas tradiciones documentales permite comprender que la expedición no fue únicamente una sucesión de victorias militares, sino también un periodo de violencia que dejó importantes heridas en la sociedad griega.
1311: la batalla que entregó Atenas a los almogávares
Después de abandonar los territorios bizantinos, la compañía se desplazó hacia el sur de Grecia.
En 1310, Gualterio V de Brienne, duque franco de Atenas, contrató sus servicios para combatir contra sus adversarios.
Los almogávares realizaron varias campañas con resultados favorables para el duque.
Sin embargo, la alianza terminó rompiéndose.
Las fuentes medievales describen desacuerdos sobre los pagos y las condiciones del servicio, además de conflictos por los territorios ocupados y por la influencia que los mercenarios habían adquirido.
El enfrentamiento desembocó en una batalla decisiva en marzo de 1311.
La historiografía tradicional española la conoce como batalla del río Cefiso, aunque investigaciones posteriores sitúan el combate posiblemente cerca de Halmyros, en Tesalia.
No existe unanimidad absoluta sobre el emplazamiento exacto.
El ejército del duque estaba formado por caballeros francos y otras tropas aliadas, mientras que la compañía contaba con experimentados combatientes de infantería.
Según el historiador bizantino Nicéforo Grégoras, los almogávares aprovecharon un terreno pantanoso que reforzaron mediante zanjas y agua desviada desde un río próximo.
La caballería pesada enemiga habría encontrado grandes dificultades para avanzar por aquel terreno.
No obstante, los detalles sobre la inundación deliberada deben tratarse con prudencia porque proceden de relatos medievales que no coinciden plenamente.
Lo que está fuera de duda es el resultado.
Los almogávares derrotaron al ejército franco, Gualterio de Brienne murió en la batalla y buena parte de la nobleza militar del ducado quedó destruida.
La victoria permitió a la compañía ocupar rápidamente Atenas, Tebas y Livadia.
Así comenzó el periodo de dominio catalán sobre el Ducado de Atenas.
Un ducado mediterráneo gobernado desde la órbita de Sicilia
Tras la victoria, los almogávares tenían un problema político.
Habían conseguido conquistar un territorio importante, pero necesitaban construir una autoridad estable y obtener reconocimiento dinástico.
La solución fue recurrir a Federico II de Sicilia, de la rama aragonesa de la Casa de Barcelona.
En 1312, Federico designó a su hijo Manfredo como duque de Atenas.
Posteriormente, el título pasó a otros integrantes de la dinastía.
Los duques no gobernaban necesariamente desde Grecia. En buena parte del periodo, el poder cotidiano quedó en manos de vicarios generales y representantes de la compañía.
La organización política conservó elementos de su pasado militar, pero incorporó instituciones municipales y administrativas.
Las ciudades gobernadas por los conquistadores adoptaron disposiciones basadas en los Usatges de Barcelona, mientras que el catalán se utilizó en documentación administrativa y jurídica.
Esto no significa que toda la población empezara a hablar catalán.
La inmensa mayoría de los habitantes griegos continuó utilizando su lengua y manteniendo sus tradiciones.
El nuevo poder constituía una minoría dirigente establecida sobre una población mayoritariamente griega.
La convivencia también produjo conflictos religiosos, ya que los dominadores pertenecían a la Iglesia católica latina, mientras que gran parte de sus súbditos seguía la tradición ortodoxa.
1319: los almogávares fundan el Ducado de Neopatria
La expansión no terminó con Atenas.
En 1319, Alfons Frederic de Aragón, hijo natural de Federico II de Sicilia y uno de los principales dirigentes de los territorios griegos, encabezó nuevas conquistas.
Sus fuerzas ocuparon Siderocastro y zonas del sur de Tesalia.
Estos territorios dieron origen al Ducado de Neopatria, unido políticamente al de Atenas.
Su nombre procedía de la ciudad de Neopatria, identificada con la actual Ypati, en Grecia.
Desde entonces comenzó a utilizarse la denominación conjunta de los ducados de Atenas y Neopatria.
Durante décadas, ambos territorios mantuvieron vínculos con la dinastía aragonesa de Sicilia, aunque su control efectivo varió debido a las guerras, disputas internas y presiones de otras potencias mediterráneas.
1379 y 1380: Atenas reconoce directamente al rey de Aragón
Este es uno de los momentos fundamentales de la historia y también uno de los que más confusión genera.
La conquista almogávar había ocurrido en 1311, pero durante buena parte del siglo XIV los ducados estuvieron vinculados directamente a la rama siciliana de la dinastía aragonesa.
El cambio se produjo tras la crisis sucesoria abierta en 1377, a la muerte de Federico III de Sicilia.
Los derechos dinásticos sobre Atenas habían pasado a Leonor de Sicilia, esposa de Pedro IV el Ceremonioso.
Según el Archivo de la Corona de Aragón, la incorporación del Ducado de Atenas a la Corona de Aragón se produjo en 1379.
El 20 de mayo de 1380, los representantes de Atenas se reunieron para reconocer formalmente la soberanía de Pedro IV.
De aquella reunión surgió un documento conocido como los Capítulos de Atenas.
La propuesta fue presentada al monarca por una embajada formada por Guerau de Rodonella y Juan Boyl, obispo de Mégara.
Pedro IV aprobó los capítulos en Lleida el 1 de septiembre de 1380, proclamando la incorporación perpetua de los ducados a la Corona.
Por eso, aunque algunas publicaciones sitúan el acontecimiento en 1381, la documentación permite distinguir claramente los antecedentes sucesorios de 1379 y los actos formales de 1380.
El documento extraordinario: Pedro IV ordena proteger la Acrópolis
Una de las pruebas más sorprendentes de la presencia aragonesa en Grecia se conserva en el Archivo de la Corona de Aragón.
Está fechada el 11 de septiembre de 1380.
Ese día, Pedro IV ordenó a su tesorero financiar el envío de doce ballesteros para proteger la Acrópolis de Atenas.
La decisión se produjo después de que el obispo de Mégara describiera al monarca las extraordinarias características arquitectónicas del conjunto.
El documento recoge un elogio excepcional de la Acrópolis, considerada por el rey como:
«La más preciada joya del mundo».
El monarca añadía que los reyes cristianos difícilmente podrían construir otra obra semejante.
El texto resulta especialmente interesante porque fue redactado mucho antes del Renacimiento, cuando la recuperación de la admiración por el arte grecorromano alcanzaría una nueva dimensión en Europa.
Debe precisarse que la disposición se refería al conjunto monumental de la Acrópolis, dentro del cual se encuentra el Partenón.
En aquella época, el antiguo templo clásico llevaba siglos adaptado al culto cristiano y funcionaba como catedral.
El documento se conserva con esta referencia archivística:
Archivo de la Corona de Aragón, Real Cancillería, registro 1268, folio 126r, 11 de septiembre de 1380.
Fue publicado por primera vez en 1887 por el historiador Antoni Rubió i Lluch.
Su importancia fue reconocida también en 2011, cuando la Embajada de España y el Instituto Cervantes de Atenas promovieron la colocación de una placa conmemorativa en la Acrópolis.
El comercio, las leyes y las relaciones con los habitantes griegos
Durante mucho tiempo, la presencia almogávar en Grecia se explicó principalmente a través de sus campañas militares.
Sin embargo, las investigaciones más recientes han ampliado considerablemente ese conocimiento.
Los archivos conservan referencias a intercambios comerciales entre los ducados, Barcelona, Mallorca y otras ciudades mediterráneas.
Los mercaderes aprovecharon las conexiones marítimas que unían los territorios de la Corona de Aragón con el Mediterráneo oriental.
Las operaciones incluían diferentes mercancías y también personas esclavizadas.
Una investigación del historiador Daniel Duran Duelt, publicada en la Revista de Estudios Bizantinos, ha destacado precisamente la importancia de este comercio, incluida la participación de comerciantes catalanes en la trata de esclavos.
Este aspecto recuerda que el dominio medieval de los ducados no puede interpretarse únicamente como un episodio de expansión comercial y cultural.
También formó parte de un sistema de conquista militar, desigualdad jurídica, imposición de autoridades y explotación económica.
Las investigaciones sobre Neopatria han documentado, además, enfrentamientos entre las autoridades católicas y la población ortodoxa.
1388: los florentinos conquistan Atenas y termina el dominio efectivo aragonés
La presencia catalanoaragonesa en Grecia comenzó a debilitarse durante la segunda mitad del siglo XIV.
Los enfrentamientos internos, la intervención de compañías mercenarias navarras y la presión de nuevas potencias regionales redujeron progresivamente los territorios controlados.
En 1379, las compañías navarras habían conseguido ocupar Tebas y otros enclaves.
La ofensiva definitiva sobre Atenas llegó con Nerio Acciaiuoli, un noble florentino cuya familia estaba extendiendo su influencia por Grecia.
En 1388, sus fuerzas consiguieron conquistar Atenas.
El Ducado de Neopatria resistió durante algo más de tiempo, pero terminó cayendo en 1390.
De esta manera concluyó la presencia política efectiva de aquella estructura catalanoaragonesa que había nacido tras la victoria almogávar de 1311.
Habían transcurrido aproximadamente 77 años desde la conquista de Atenas.
Los reyes de Aragón conservaron, sin embargo, los títulos ducales, una práctica habitual entre las monarquías medievales que permitía mantener dignidades dinásticas incluso después de perder el control de los territorios.
Aquellas denominaciones pasaron posteriormente a las distintas dinastías de la monarquía española.
El propio Archivo de la Corona de Aragón señala que el título histórico de duque de Atenas continúa vinculado a Felipe VI, aunque carece de cualquier poder político o territorial sobre la Grecia actual.
¿Cómo recuerdan los griegos a los almogávares?
Este capítulo histórico presenta una curiosa diferencia según el lugar desde el que se estudie.
En parte de la historiografía catalana y aragonesa, la expedición almogávar ha sido recordada como una demostración de capacidad militar y expansión mediterránea.
En Grecia, sin embargo, la memoria tradicional de aquellos soldados ha estado marcada también por los saqueos, la violencia y la dominación extranjera.
El historiador Eusebi Ayensa ha estudiado las huellas de este periodo en las tradiciones populares griegas.
En determinadas localidades se conservaron expresiones negativas relacionadas con los antiguos dominadores.
La investigación publicada en Catalan Historical Review en 2020 explica cómo la misma expedición llegó a transformarse en un mito histórico interpretado de maneras muy distintas en Cataluña y Grecia.
Este contraste es fundamental para comprender la dimensión completa de los acontecimientos.
La conquista representó un episodio militar extraordinario, pero para una parte importante de las poblaciones sometidas significó también guerra, pérdidas materiales e imposición de un poder extranjero.
Un legado conservado en documentos originales
Aunque los restos arquitectónicos directamente vinculados al dominio catalán son relativamente escasos, los documentos históricos permiten reconstruir gran parte de esta etapa.
El Archivo de la Corona de Aragón conserva registros relativos a las relaciones con los ducados, al gobierno de las ciudades griegas y a los derechos dinásticos de los monarcas.
Entre los testimonios más importantes destacan los Capítulos de Atenas de 1380 y la orden de Pedro IV para proteger la Acrópolis.
Los investigadores también han localizado documentación redactada en catalán y referencias a disposiciones jurídicas inspiradas en las costumbres de Barcelona.
El Ministerio de Cultura considera que esta documentación demuestra la relevancia de los contactos entre la Corona de Aragón y el mundo griego medieval.
La presencia de aquellos gobernantes fue, además, una de las vías de relación entre los territorios mediterráneos occidentales y la cultura bizantina.
La sorprendente historia de una Atenas vinculada a Aragón
Durante gran parte del siglo XIV, Atenas y Neopatria formaron parte de una compleja red de territorios gobernados por miembros de una misma dinastía mediterránea.
La aventura comenzó con soldados contratados para combatir a los turcos, continuó con una guerra de represalias contra sus antiguos aliados y terminó convirtiéndose en una conquista territorial.
Durante décadas, aquellos ducados estuvieron vinculados a Sicilia, gobernados por autoridades de origen catalán y organizados mediante instituciones que recordaban a las de los territorios de la Corona de Aragón.
Finalmente, Atenas reconoció directamente la soberanía de Pedro IV el Ceremonioso.
La orden de proteger la Acrópolis constituye uno de los documentos más significativos de esta relación.
La historia de los almogávares demuestra hasta qué punto la Corona de Aragón estuvo integrada en la política y las guerras del Mediterráneo medieval. Durante varias generaciones, el destino de Atenas estuvo unido al de una dinastía que también gobernaba Aragón, Cataluña, València, Mallorca y otros territorios mediterráneos.
Documentación histórica y fuentes para consultar
Archivo de la Corona de Aragón — Elogio de la Acrópolis de Atenas (1380).
Instituto Cervantes — Elogio de la Acrópolis, facsímil del documento de Pedro IV.
Gran Enciclopèdia Catalana — Ducado de Atenas.
Gran Enciclopèdia Catalana — Ducado de Neopatria.
Universidad de Granada — La gran compañía aragonesa de Roger de Bríndisi: fuentes griegas sobre su estancia y actividad en Bizancio.
Universidad Autónoma de Barcelona — Estudio sobre los conflictos entre católicos y ortodoxos en Neopatria (1319-1390).
Revista de Estudios Bizantinos — Los ducados de Atenas y Neopatria en el comercio mediterráneo.
Real Academia Española — Discurso histórico de Antoni Rubió i Lluch, investigador de los documentos de Atenas.




