Cuando Más es Menos

Juan Ferrer
Economista

No voy a sumarme a la oleada de bardos, fuera de contexto en la era digital, ni voy a excusarme con esta declaración para dar un punto de vista, el mío, distinto del hasta ahora, felizmente prefabricado, distribuido y finalmente consumido.

Las conclusiones pueden ser cercanas, incluso las mismas, pero el camino, la argumentación y lo observado, distinto de lo predicado.

CIU se ha subido a una ola de surf a través de la iconografía de su cabeza de lista y manda-Mas, Artur Más. La ola de surf no es otra que la ola del descontento popular, masivo como nunca, mesocrático y Mas, cuyo pistoletazo de salida dio Zapatero en Mayo de 2010. Mas tiró del pelotón pasa alcanzar el L’Alpe D’Huez. Mas enarboló los intereses de una derecha catalana que era y quería ser también española. Hizo los méritos que le marcaron (Durá i Lleida?), se esforzó por hacer el “cuaderno de estío” con la mejor caligrafía y la esperanza de verse recompensado por tal magna hazaña; mejor proto-hazaña. Después de la ascensión y a muchas etapas de finalizar el Tour, Mas está desfondado. Un nuevo líder de la clasificación emerge: Mariano Rajoy.

La derecha, la de siempre, la derechona, no necesita ni lecciones ni avances de la derecha reformada, ergo, prescinde de ella.

Igual que “Roma no paga a traidores”, Madrid no recompensa a catalanes.

Mas, engañado por los sectores mas conservadores de su coalición, ha desahogado su despecho con el resto de Iberia. Ha confundido una cosa con la otra, la parte con el todo. Lo ha hecho porque tenía que enmascarar su candidez, no su criterio económico, que no lo hace.

Mas no ha renunciado ni renunciará a sus recortes. Solo esta “desazonado” (Delibes dixit), porque Madrid no ha valorado su esfuerzo y su riesgo. Su arriesgada apuesta por ser el primero de la clase, y al tiempo dar lecciones. Lo que ha llevado a no ser gracioso en un lado y no caer en gracia en el otro.

No olvidemos que el artífice de la llegada de Rajoy a la Moncloa, en las condiciones que se hizo, es un mérito casi exclusivo, fue Durá i Lleida.

Lo que Más proclama no es la fractura de España, que tal vez también. Lo que proclama sin “tal vez” es la fractura de la derecha española, y en este proceso, la derecha catalana ha optado por intentar organizarse por cuenta propia. Ha decidido ser un autónomo, perdón, autónoma.

Lo siento por mis colegas de partido. Lo comentaba hace unas semanas, aún me preguntó porqué extraña coincidencia astral, con un cargo público del PP del Gobierno Español, auto-declarado independiente: el debate federal está caducado antes de abrirse. El cohete ha soltado una fase de combustión sin hacer su ignición. Ya no estamos en el debate federal. Eso ya es historia.

En aquel momento no se habían contado las urnas vascas, pero era fácil adivinar el resultado.

Ahora estamos ante un debate, no se si el último, pero a la desesperada: ¿podemos ser un estado confederal?.

Para mi es muy claro, sin despejar a córner una evolución como la de los Balcanes (repásense las hemerotecas y la actuación de Stjepan Mesic, que finalmente fue presidente de Croacia, si bien antes tuvo que esperar 9 años a que se fuera el inefable -solo inefable?- Franjo Tudman). Tampoco quito del debate, la posición del ejército.

El ejército ha cambiado mucho, basta observar los movimientos de su mas alta representación en Valencia de su máxima autoridad y poder ejecutivo directo. Por cierto un hombre afable, amable, educado, culto y así podríamos continuar. Pero la solera del ejército aún no ha cambiado. La madre de este licor sigue siendo la que era. No quiero atemorizar, pero que nadie piense que enviando a profesionales a hacer carrera a Bruselas cambian ciertas cosas.

¿Cuál sería a reacción del Pentágono a la independencia de Alaska?, un estado adquirido, como otros, y sin tradición de pertenencia, menos con facilidades de acogida. No digamos pues la de Michigan.

Lo que Mas y Rajoy discuten. Lo que Mas y Durá i Lleida están fraguando, es la ruptura de la derecha española, que antaño garantizaba Porcioles y Franco hoy son incapaces de garantizar Sánchez Camacho, por lista y hábil que pueda ser, Rajoy, Mas y Durá i Lleida.

El debate, la elección, en clave soberanista, no es para esconder el fracaso de la gestión económica de Mas. Él cree que es un éxito y es lo que “tocaba hacer”. Frase manida donde las haya.

El debate soberanista no esconde al debate económico. Al revés. Hasta ahora, la bonanza económica, para la derecha catalana también, muy también, ha venido escondiendo el debate soberanista.

Ya lo dice el dicho castellano: “Donde no hay harina, todo es mohína”.

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