Cuando tenemos fiebre

panos-vinagre-fiebreTal vez haya experimentado una sensación febril durante esos días en los que el mercurio de la ciudad estallaba. Seguramente se ha puesto el termómetro para saber con precisión su temperatura corporal y el resultado ha sido 37 ºC, justo a medio grado de la normalidad (36,5º) y de lo anómalo (a partir de 37,5º). El dilema: ¿tengo fiebre o no tengo? Muchos dirán que no, pero otros defenderán que sí, con el argumento de que es una situación extraña para los sujetos de baja temperatura corporal. El dogma niega que sea fiebre, según el valor establecido a mediados del siglo XIX por el médico alemán Carl Reinhold August Wunderlich, a partir del estudio de los datos clínicos de 25.000 pacientes y el análisis de millones de registros. Entonces, ¿qué significa esa cifra? He aquí una guía completa para saber manejarse con los datos del termómetro.

La temperatura corporal normal es de 36 ºC. Esta cifra sirve igual para niños que para adultos, aunque no hay que exagerar, pues, dependiendo de algunas variables, “también son normales los valores entre 35º y 37,5º”, como asegura la pediatra Elena Blanco Iglesias, del Hospital Sanitas La Moraleja. La variación de la temperatura normal dependerá de cada persona o del momento del día: “A las 6 de la mañana la temperatura está más baja; y, a las 18 horas, alcanza su valor más alto”, explica Raimundo de Andrés, jefe del servicio de Medicina Interna de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid. Dicha oscilación viene dada por los ritmos circadianos (el reloj biológico humano, que regula las funciones fisiológicas del organismo). Y, como añade el especialista, por otros factores, como las condiciones climáticas (a más calor, más décimas) o incluso el momento de ovulación de las mujeres, cuya temperatura corporal sube justo después.

Fiebre es 38 ºC (para todos). De 37º a 37,5º aparecen las temidas décimas (febrícula), que nos están alertando de que puede haber algo en el organismo que no funciona bien. Pero ni mucho menos es un calor inequívoco. Los médicos hablan abiertamente de “fiebre” a los 38 ºC. “Y a partir de los 40 ºC, de fiebre alta”, precisa Blanco.

Estos valores son idénticos para todas las personas. ¿Incluidos los niños? “Sí, con independencia de que su temperatura basal [la más baja del cuerpo en reposo] sea de 35,5º o 36º”, subraya Roi Piñeiro, jefe asociado del servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba. “No existen niños de fiebres bajas. Lo que sí existe es la fiebrefobia, es decir, un excesivo miedo y preocupación por parte de los padres antes un mecanismo de defensa normal de nuestro organismo”, insiste este pediatra.

Pero también muchos adultos apelan a su baja temperatura basal para creer que en ellos 37º es fiebre. El internista De Andrés precisa: “Todos los médicos nos encontramos con estos casos y, desde un punto de vista conceptual, efectivamente, no es fiebre, pero sí que nos da una idea de cómo se siente el paciente y debemos tenerlo en cuenta”.

El potencial de los antitérmicos para bajar la fiebre es muy limitado. Lo que sí debemos esperar es que mejoren los síntomas asociados”  (Roi Piñeiro, pediatra)

La temperatura varía según dónde se mida. Si el termómetro se coloca en la boca o en el recto hay que tener en cuenta que será entre 0,3 y 0,6 grados más alta que tomada en el oído, frente o axila, debido a que “las primeras son cavidades con una elevada irrigación de sangre, que es la que transporta el calor”, indica Sofía Sbert, farmacéutica de Laboratorios Hartmann. “Además, conviene valorar que las diferentes temperaturas dependen mucho de que se coloque correctamente el termómetro y de las condiciones externas. Por eso, con el fin de obtener resultados precisos se recomienda medir la temperatura siempre en el mismo lugar (oído, frente, axila, recto o boca), ya que de otro modo pueden variar los valores”.

Y aquí vienen los matices: los 38 ºC consensuados de fiebre pertenecen a la temperatura rectal. Como precisa Piñeiro, 37,5 ºC en la axila sí se considera fiebre. “Por eso conviene detallar al médico el método de medida”, añade. ¿Y en los bebés? La pediatra Blanco aconseja que, en los menores de tres meses, se mida la temperatura rectal.

En todo caso, independientemente del lugar que se elija, la farmacéutica Sbert nos deja estos consejos para obtener una lectura lo más precisa posible: “No se debe tomar la temperatura después del baño o de haber realizado una actividad física, que es cuando probablemente la temperatura esté más elevada; se debe esperar por lo menos 20 minutos. Y no hay que fiarse de la percepción que tenga al tocar la frente: la fiebre hay que medirla”.

Hay una gran variedad de termómetros. Desde que Wunderlich impuso el termómetro para medir la temperatura corporal, este instrumento ha ido evolucionando. Los antiguos de mercurio eran muy útiles, pero la UE prohibió su fabricación en julio de 2007. Actualmente, estos instrumentos son parte de la historia de la medicina, y la OMS ha emitido una serie de recomendaciones sobre cómo sustituirlos.

Sbert destaca la variedad de termómetros disponibles en el mercado: “Es importante saber escoger en función de la edad, colaboración y personalidad de quien se va a medir la temperatura, pero lo fundamental es saber utilizar estos termómetros para escoger el idóneo y obtener una lectura fiable”. Partiendo de esta premisa, aconseja: “Para adultos son preferibles los termómetros digitales, que pueden optar por colocarlos en la axila, recto o boca. Se supone que la colaboración de los adultos es máxima y están quietos durante la toma de la medición. Y para niños los termómetros de infrarrojos, en el oído (si los niños tienen más de seis meses) y en la frente (a cualquier edad)”.

Sin embargo, el pediatra del Hospital de Villalba considera que los termómetros óticos basados en infrarrojos no son los más adecuados. “Si el niño genera abundante cerumen, o presenta un conducto auditivo tortuoso, los resultados difícilmente serán fiables. Y tampoco serán reproducibles, es decir, en poco tiempo la temperatura será demasiado variable”.

En cuanto a los requisitos de calidad que debe reunir un termómetro, la farmacéutica enumera: “Tienen que ser termómetros seguros, que no se rompan (esta es la gran diferencia respecto los de mercurio o vidrio); el tiempo de respuesta (que la temperatura se obtenga en segundos); precisión elevada; capaz de determinar un amplio rango de temperatura; que tenga el certificado de producto sanitario; y en el caso de los infrarrojos, que estén validados clínicamente como garantía de calidad y seguridad”.

La fiebre no es el problema. Los médicos aclaran que, por lo general, la fiebre no es un signo único y, generalmente, viene acompañada de otros síntomas. “Lo normal es que sea por un proceso infeccioso banal, una situación pasajera”, tranquiliza el internista. El pediatra Piñeiro añade que lo que hay que tratar son “los síntomas que acompañan a la fiebre, como escalofríos o malestar”. El internista De Andrés coincide: “No hay ningún estudio que demuestre que no bajar la fiebre perjudique la resolución del proceso infeccioso. Tenemos que tratar el malestar del enfermo”. Sin embargo, personas con problemas cardíacos y pulmonares, han de tener cuidado, pues este aumento de temperatura sí puede favorecer el desprendimiento de las placas de grasa (ateroma) de las paredes de las arterias y causar trombosis e infartos, según una investigación de la Universidad Politécnica de Madrid y el Hospital Puerta de Hierro.

Los antitérmicos no son la panacea. El ibuprofeno o el paracetamol “tienen potencial para disminuir la temperatura entre 1º y 1,5°, y el objetivo no es alcanzar la temperatura corporal normal, sino que los síntomas asociados a la fiebre desaparezcan”, aclara el pediatra. La recurrida expresión la fiebre no le baja (igual en niños que en adultos) revela “algo lógico y esperable, si la temperatura previa era de 39,5°. No podemos pretender que tras la toma de un antitérmico la temperatura sea inferior a 38°. En cambio, lo que sí debemos esperar es que hayan mejorado los síntomas asociados a la fiebre”, añade.

A partir de 40 ºC, vaya al médico. El internista Raimundo de Andrés aconseja a los adultos consultar con el médico con una fiebre superior a los 40 ºC. “O a partir de 39 ºC si dura más de tres días seguidos”, dice. Y continúa: “Si es intermitente, pero dura más de una semana; aparece en personas que están tomando corticoides, se acompaña de una erupción en la piel o surge tras un viaje tras un país en desarrollo, también conviene acudir al médico”.

Y en los niños, la pediatra Elena Blanco indica que se tiene que consultar con el doctor “cuando la fiebre dura más de 48-72 horas; al inicio de la fiebre en menores de tres meses de edad; en fiebre mayor de 39º si el niño tiene entre tres y seis meses; o, en cualquier caso, si hay mal aspecto, dificultad al respirar o erupción cutánea”. Hay dos web muy útiles y prácticas en este sentido: la de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria con su decálogo de la fiebre, y la recomendable En Familia, de la Asociación Española de Pediatría.

Existe una molécula de la fiebre. El termostato que regula la temperatura de nuestro cuerpo se encuentra en el hipotálamo, pero hay una serie de moléculas que lo estimulan. De hecho, la fiebre surge por la activación de ciertas moléculas que también aparecen cuando hay procesos inflamatorios. Incluso existe una molécula de la fiebre (la interleucina 1, IL-1) que podría ser el punto de partida de nuevos medicamentos antiinflamatorios, según un artículo publicado en Nature.

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