19 de agosto de 2026
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Cuidadores particulares, la alternativa a las residencias para dejar a las mascotas durante las vacaciones

Plataformas especializadas ponen en contacto a propietarios de perros y gatos con personas que los alojan en sus propias casas, acuden al domicilio del animal o se encargan de sus paseos. La búsqueda de una atención más personalizada impulsa una fórmula cada vez más utilizada durante vacaciones y escapadas.

¿Qué hacer con el perro o el gato cuando llegan las vacaciones y no puede acompañarnos? A las tradicionales residencias para animales y la siempre socorrida ayuda de familiares y amigos se ha sumado durante los últimos años otra posibilidad: dejar la mascota al cuidado de un particular.

Plataformas digitales como Rover o Gudog permiten localizar cuidadores disponibles en función de la ciudad, las fechas y las características del animal.

La propuesta busca algo parecido a una estancia doméstica: que el perro pueda mantener, en la medida de lo posible, sus paseos, alimentación, horarios y costumbres habituales mientras sus propietarios están fuera.

Desde pasar la noche con el cuidador hasta recibir atención en su propia casa

No existe una única modalidad. Dependiendo del cuidador y de la plataforma, el propietario puede encontrar diferentes servicios.

Una de las opciones consiste en que el animal se aloje en la vivienda del cuidador durante toda la ausencia de sus dueños. Es una alternativa especialmente atractiva para quienes prefieren un entorno doméstico frente a una residencia con un mayor número de animales.

También existe la posibilidad contraria: que sea el cuidador quien se desplace hasta el domicilio del propietario.

A ello se añaden visitas puntuales para alimentar o atender al animal, guarderías durante el día y servicios de paseo.

La elección dependerá tanto de las necesidades de los propietarios como del carácter y las costumbres de cada mascota.

El perfil del animal es importante antes de aceptar una reserva

El proceso suele comenzar introduciendo las fechas y la ubicación en la que se necesita el servicio. Después se solicitan diferentes datos sobre la mascota.

El tamaño del perro, su edad o su comportamiento con otros animales pueden resultar determinantes para encontrar un cuidador adecuado.

También es habitual consultar previamente aspectos como si convive bien con gatos, necesita medicación, tiene alguna necesidad especial o está acostumbrado a compartir espacio con otros perros.

Los cuidadores, por su parte, pueden establecer sus propias condiciones y decidir qué animales están dispuestos a aceptar.

Conocerse antes de las vacaciones

Uno de los aspectos interesantes de este modelo es la posibilidad de que propietario, cuidador y mascota se conozcan antes de comenzar la estancia.

Realizar un encuentro previo permite comprobar cómo responde el animal ante la nueva persona y, cuando existen otras mascotas en la vivienda del cuidador, observar cómo se relacionan entre ellas.

Esta primera toma de contacto puede resultar especialmente útil en perros con determinadas rutinas o que no están acostumbrados a permanecer con desconocidos.

También permite explicar directamente cuestiones fundamentales: horarios de comida, cantidad de pienso, paseos, medicación, comportamiento o teléfono de contacto para cualquier incidencia.

La mascota llega con su propia ‘maleta’

Cuando el alojamiento se realiza en casa del cuidador, los propietarios suelen llevar aquellos objetos que forman parte de la rutina cotidiana del animal.

Su cama, comida habitual, juguetes, golosinas, correa o cualquier objeto familiar pueden facilitar la adaptación durante los primeros momentos.

El objetivo es que el cambio resulte lo menos brusco posible.

Otro elemento especialmente valorado es la comunicación durante la estancia. Algunos cuidadores envían fotografías y vídeos periódicamente para que los propietarios puedan comprobar cómo se encuentra su mascota mientras están de viaje.

¿Cuánto cuesta dejar un perro con un cuidador particular?

No existe una tarifa única. El precio depende de la ciudad, las fechas, el cuidador elegido, el tipo de servicio y las necesidades del animal.

Como referencia, una búsqueda concreta recogida durante este verano mostraba ofertas que se movían aproximadamente entre 12 y 44 euros por noche, aunque esas cantidades no deben interpretarse como tarifas generales y pueden variar considerablemente.

Además, dormir en casa del cuidador no cuesta necesariamente lo mismo que contratar visitas, paseos o solicitar que una persona permanezca en la vivienda del propietario.

Por eso conviene comparar tanto el precio como las condiciones concretas del servicio y las valoraciones disponibles antes de realizar una reserva.

Una opción especialmente útil para escapadas cortas

Este tipo de servicios puede utilizarse tanto durante unas vacaciones largas como para resolver una escapada de apenas dos o tres días.

Precisamente esa flexibilidad constituye uno de sus principales atractivos.

Frente a una solución única para todos los animales, los propietarios pueden buscar un perfil adaptado a sus necesidades y decidir si quieren que su mascota permanezca en otro domicilio o, por el contrario, continúe viviendo en su propia casa mientras alguien se ocupa de ella.

Para algunos dueños existe además un componente emocional importante: buscan que durante su ausencia el perro pueda seguir teniendo una vida doméstica parecida a la habitual, incluido poder descansar en el sofá o dormir en determinados lugares cuando el cuidador lo permite.

Alojarse gratis durante un viaje a cambio de cuidar una mascota

Existe incluso una variante que mezcla el cuidado de animales con los viajes.

TrustedHousesitters conecta a propietarios que necesitan que alguien cuide de sus animales con viajeros dispuestos a hacerlo a cambio de poder alojarse en la vivienda.

En este caso la filosofía es diferente: en lugar de pagar directamente por cada noche de cuidado, se produce un intercambio entre alojamiento y atención a la mascota.

Es una evolución del intercambio de casas que incorpora una condición fundamental: durante la estancia hay un perro, gato u otro animal que necesita cuidados.

Una decisión que debe adaptarse a cada mascota

Residencias, familiares, cuidadores particulares o atención en el propio domicilio son alternativas diferentes y ninguna resulta necesariamente la mejor para todos los animales.

El carácter de la mascota, su edad, sus necesidades, el tiempo que permanecerá sin sus propietarios y su capacidad para adaptarse a otros entornos son factores que conviene valorar.

La expansión de estas plataformas ha añadido, en cualquier caso, una nueva posibilidad al problema que se repite cada verano en miles de hogares: encontrar a alguien de confianza que cuide de la mascota durante las vacaciones de una manera lo más parecida posible a como lo harían sus propios dueños.

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