Trump elige a Delcy Rodríguez como interlocutora para negociar la transición en Venezuela tras la detención de Maduro. Mientras tanto, José Luis Rodríguez Zapatero conserva su línea directa con el chavismo, y el eco del ‘Delcygate’ y la trama de las mascarillas vuelve a colocar a Ábalos y su círculo en el foco. Sí, esto es 2026, no una secuela mal escrita de 2020.


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De la pista de aterrizaje al tablero global: Delcy Rodríguez resucita en la geopolítica… con Trump de aliado
2026 no ha empezado flojo. En un giro que ni los más veteranos de House of Cards habrían imaginado, Donald Trump ha decidido negociar la transición política en Venezuela con… Delcy Rodríguez. Sí, la misma vicepresidenta que tenía prohibida la entrada en la Unión Europea, protagonista de una escala nocturna y polémica en Barajas allá por 2020, y vieja conocida del exministro español José Luis Ábalos.
Lo curioso —o directamente alucinante— es que esta maniobra diplomática de la Casa Blanca resucita una red de contactos que España nunca terminó de digerir: la conexión entre el régimen chavista, el PSOE, y los famosos intermediarios del caso Koldo. Todo unido por un nombre que sobrevive a cualquier tormenta: José Luis Rodríguez Zapatero.
Zapatero, la constante venezolana: más firme que un bolívar digital

Fuentes cercanas al expresidente aseguran que su influencia en Venezuela no ha disminuido ni con la caída de Maduro, gracias a su estrecha relación con Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, hermano de Delcy y cerebro político del chavismo, según medios latinoamericanos.
Es decir, aunque Maduro esté bajo custodia de la DEA, el engranaje sigue girando. Y Zapatero sigue siendo una pieza activa, casi el “embajador informal” de Europa ante la nueva etapa chavista. Porque una cosa es segura: en Caracas, la familia Rodríguez sigue mandando.
El ‘Delcygate’, ese escándalo que nunca dejó de respirar
La elección de Delcy Rodríguez como figura clave para la transición —por parte de Trump, nada menos— ha hecho que el ya polvoriento escándalo del ‘Delcygate’ vuelva a sacudirse el polvo, y con ello, las relaciones opacas tejidas por Ábalos, Koldo García y el comisionista de mascarillas, Víctor de Aldama.
Según recoge el sumario del caso, Delcy fue el contacto preferente del PSOE durante la etapa de Ábalos como secretario de Organización, y las comunicaciones que salpican a la cúpula socialista no han dejado de aparecer. Mensajes que van desde el “la reunión fue en Ferraz, no en Moncloa” hasta “besos” y “la cosa se complica en Utiel” —porque no hay conspiración iberoamericana sin WhatsApp de por medio.
¿Quién es Jorge Rodríguez y por qué importa tanto?
Hermano de Delcy, psicólogo, exalcalde, expresidente del Consejo Nacional Electoral y actual presidente de la Asamblea Nacional. Algunos medios lo describen como el “cerebro del chavismo”. Y es precisamente él quien conectó desde 2019 con Zapatero, durante las conversaciones de paz de Noruega entre el Gobierno de Maduro y la oposición.
Esto explica por qué, tras la detención de Maduro, la estructura del poder venezolano no se desmorona, sino que se adapta. Y también por qué Zapatero sigue siendo clave: no depende de Maduro, sino de los Rodríguez. Una familia con más peso institucional que varios ministerios juntos.
Mascarillas, gasolina y WhatsApps: la otra trama que nunca cerró
Por si todo esto no fuera suficiente, el caso Koldo sigue sumando capítulos. La Guardia Civil ha seguido tirando del hilo de Víctor de Aldama, ese comisionista que supuestamente movía mascarillas por un lado y gasolina para Venezuela por otro, todo ello mientras escribía mensajes a Delcy Rodríguez como si fueran socios en una pyme de import-export.
Uno de esos mensajes decía, en marzo de 2020:
“Sí necesitamos gasolina”,
escrito por Delcy, en pleno confinamiento, a Aldama.
Dos meses después, Aldama ya ofrecía un millón de toneladas mensuales procedentes de Omán y Catar. Todo muy eficiente. Todo muy diplomático. Todo muy 2020, aunque estemos en 2026.
El efecto mariposa de la parada técnica en Barajas
Para contextualizar: la famosa visita de Delcy Rodríguez al aeropuerto de Barajas en enero de 2020 (pese a estar sancionada por la UE) no fue un simple encontronazo diplomático. Fue la punta de un iceberg que hoy conecta:
- La detención de Maduro por la DEA.
- Las negociaciones Trump-Rodríguez.
- La supervivencia política de Zapatero en el entorno chavista.
- Y las mordidas por mascarillas de la trama Koldo.
Todo, enredado en un caso judicial, otro de hidrocarburos, varios vuelos sospechosos, y múltiples pantallazos de WhatsApp. Casi dan ganas de hacer un documental. O una serie. O mejor, un musical.
¿Y Pedro Sánchez? ¿Observador o protagonista pasivo?
Aunque el presidente del Gobierno no aparece directamente implicado, los informes sí mencionan que fue informado por Ábalos sobre la intención de Delcy de reunirse “discretamente”. También aparece en fotos de campaña junto a Ábalos y otros protagonistas del ahora famoso “viaje en avión + mascarillas + gasolina + embajada improvisada en Barajas”.
¿Responsabilidad directa? No. ¿Conocimiento de lo que ocurría? Difícil negarlo. Pero la estrategia institucional ha sido clara: distancia, silencio y perfil bajo.
¿Puede Trump normalizar a Delcy Rodríguez en el tablero global?
El hecho de que Trump —sí, Trump— haya apostado por Delcy Rodríguez como interlocutora válida para la transición en Venezuela tiene implicaciones enormes. No solo legitima a quien Europa había vetado, sino que pone en jaque la posición diplomática española en el conflicto venezolano.
Y lo hace justo cuando las heridas del ‘Delcygate’ y del caso Koldo aún supuran, reactivando una red de intereses opacos, nombres reciclados y alianzas estratégicas que resisten el paso del tiempo y los titulares.
¿Y ahora qué? ¿Delcy en la ONU? ¿Zapatero mediador oficial? ¿Ábalos testigo estrella?
La pregunta que muchos se hacen es: ¿cuánto más se puede estirar esta trama sin que acabe explotando en algún juzgado nacional o internacional?
- Zapatero, cada vez más consolidado como “el europeo que más entiende a Venezuela”.
- Delcy, rehabilitada internacionalmente por un Trump que parece más geoestratégico que nunca.
- Ábalos, aún sin imputación directa, pero con mensajes comprometedores y tramas paralelas abiertas.
- Aldama, camino de juicio, con una petición de 7 años de cárcel por corrupción, pero aún muy presente en cada hilo del relato.
¿Hasta cuándo seguirán los tentáculos del ‘Delcygate’ marcando la agenda internacional? ¿Y qué consecuencias tendrá que Trump legitime a una interlocutora vetada por Europa? ¿Es este el inicio de un nuevo tablero diplomático… o el remake de un escándalo que se niega a morir?
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