Noticias de Valencia: Impacto Económico de un Corte de Luz en el Sector Gastronómico
Javier García, responsable del restaurante Sereno ubicado en la plaza del Ayuntamiento de Valencia, enfrentó un día inusual debido a un apagón. Aun así, el ajetreo continuó: recogía mesas, tomaba comandas e iluminaba la cocina con la linterna de su móvil mientras los clientes pagaban en efectivo o con tarjeta, cuando el datáfono lo permitía. A pesar de las limitaciones, el restaurante sirvió ensaladas, comidas frías y bebidas. La terraza estaba llena principalmente de turistas que no dejaban de disfrutar de la ciudad durante esta inusual jornada de sol primaveral.
Por otro lado, Tatiana Sandemetrio, del restaurante Beher, expresó su preocupación por las pérdidas, estimando un perjuicio de más de dos mil euros. Afortunadamente, los embutidos nacionales que ofrecen ayudaron a mitigar el impacto. Con reservas abundantes y clientes leales, lograron mantener las operaciones durante la mañana, aunque al finalizar la jornada, tuvieron que cerrar debido a los productos que potencialmente se dañaron en las cámaras frigoríficas.
El corte de electricidad afectó significativamente la rentabilidad de la jornada festiva. Según Manolo Espinar, responsable de la hostelería en Valencia, hasta la tarde del lunes no se contaba con información precisa sobre el alcance económico general del apagón, que llevó a hogares y negocios a depender nuevamente de la cocina a gas.
En el famoso restaurante La Pepica, en el paseo marítimo, los empleados trabajaron intensamente, adaptando su servicio a las circunstancias. Manolo resumió el espíritu del lugar: “Aquí viene un maremoto en la playa y aún habría gente que vendría a comer”. A pesar de la interrupción, la asistencia se acercó al 80% de un día festivo habitual.
La disponibilidad de efectivo fue otro problema importante. Ante el fallo en los pagos electrónicos, muchos clientes tuvieron que recurrir a dinero en efectivo. Además, el apagón despertó temores similares a los vividos durante la pandemia, lo que llevó a un aumento en la compra de alimentos básicos.
El restaurante Five Guys y Popeyes, ambos ubicados en el centro, se vieron obligados a cerrar poco después de abrir, usando el tiempo para limpieza en lugar de servicio. Mientras tanto, Emanuele, de la heladería Valentino en la calle Ribera, siguió sirviendo helados hasta agotar el producto, lamentando posteriormente las pérdidas y el cierre forzoso.
En un contraste de la situación, un grupo de jóvenes venezolanos que trabajan para Glovo aprovecharon el día para jugar al dominó en plena calle, ya que incluso la aplicación de entrega estaba inoperativa, privándolos de los ingresos esperados de entre 40 y 50 euros.