En solo unos días, el presidente ha pasado de insinuar que podría haber elecciones anticipadas si no había condiciones para gobernar… a asegurar que, mira tú, sí que las hay. Aunque sean “estas”. Porque en política, cambiar de opinión no es incoherencia: es estrategia. O eso dicen.
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Un giro más en la montaña rusa política: ahora sí, seguimos
Pedro Sánchez ha salido a escena con gesto firme, voz templada y el mensaje bien ensayado: no habrá elecciones anticipadas, que aquí se sigue gobernando, aunque sea en modo “a contracorriente y sin remo”. Porque donde ayer decía “igual hay que devolver la palabra a los españoles”, hoy dice que “es un honor seguir gobernando, aunque sea en estas circunstancias”.
Y claro, la pregunta no es tanto qué dice ahora, sino por qué lo dice. O mejor aún: cuánto le va a durar esta versión. Porque con Sánchez, cada declaración política viene con fecha de caducidad misteriosa.
Resistir es gobernar (o al menos parecerlo)
En su discurso, Sánchez ha abrazado su faceta favorita: la de presidente resistente. Esa que tanto le gusta porque suena épica y porque le ha funcionado más de una vez. Que hay bloqueos parlamentarios, escándalos internos, minorías incómodas y oposición en modo piraña… da igual.
Lo importante es seguir. Gobernar aunque el viento sople en contra, aunque los apoyos bailen más que una verbena, aunque tengas que hacer encaje de bolillos cada semana para aprobar una ley. Porque como él mismo dice: “Gobernar en minoría no es una anomalía, es una forma de vida.”

El discurso de siempre, pero con más énfasis: agenda social y enemigos invisibles
Y como no podía faltar en un buen monólogo presidencial, Sánchez ha vuelto a sacar la carta de la “agenda social”. Porque si todo va mal, lo mínimo es recordarle al país que el Gobierno está ahí para proteger a los más vulnerables, garantizar la igualdad, y frenar a esos “otros” que quieren desmantelar el estado del bienestar (que nunca se nombran directamente, pero sabemos quiénes son… guiño).
Todo muy social, muy comprometido, muy “nosotros frente al retroceso”. Lo de siempre, pero con un poco más de dramatismo porque hay que aguantar la legislatura con épica si no tienes votos suficientes.
Y sobre los escándalos… fue la organización, no el Gobierno (guiño, otra vez)
Obviamente, también ha tenido que salir al paso de los últimos disgustos dentro del PSOE. Casos de acoso, sospechas de corrupción, comidas que se vuelven virales por las razones equivocadas… Y como buen equilibrista político, Sánchez ha hecho malabares verbales:
“El Gobierno ha actuado con contundencia. Los errores fueron individuales. La responsabilidad institucional está intacta.”
Traducción: el barco sigue navegando, aunque haya habido algún marinero haciendo cosas feas en cubierta.
Elecciones: ni están, ni se las espera (de momento)
Eso sí, lo más importante del discurso ha sido el cierre del grifo electoral. Sánchez descarta por completo adelantar elecciones. Ni una insinuación. Ni un “bueno, ya veremos”. Nada. Silencio administrativo a las urnas.
El mensaje es claro: el Gobierno va a seguir como sea, cuando sea y con quien se pueda, porque lo otro —convocar elecciones en pleno caos— sería regalarle la narrativa a la oposición. Y eso, por ahora, no entra en sus planes… aunque hace 72 horas sí parecía entrar.
¿Y entonces? ¿Estamos en “modo estabilidad” o en “modo aguanta lo que puedas hasta 2027”?
Eso ya depende de cómo lo mires. Porque para unos, este discurso es una muestra de convicción, temple y responsabilidad institucional. Para otros, es simplemente una huida hacia adelante disfrazada de heroísmo democrático. Un clásico Sánchez: resistir es ganar… o al menos, alargar.
¿Y tú qué opinas? ¿Estabilidad real o maquillaje institucional con brocha gorda?
¿Nos queda legislatura para rato o estamos todos en una cuenta atrás silenciosa hacia el próximo domingo electoral?
¿Gobierno con convicción… o supervivencia con PowerPoint?