Cuando el agua arrasó barrios enteros de l’Horta Sud el 29 de octubre de 2024, muchos perdieron algo más que paredes y muebles. Entre ellos estaba Miguel Ángel Aguilar, que en menos de una hora vio desaparecer su casa y dos negocios. Hoy, poco más de un año después, sostiene entre sus manos un trofeo que resume una de las historias de superación más impactantes del deporte valenciano reciente: el título de campeón del mundo de culturismo natural logrado en Dubai.
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El día que la rutina se rompió para siempre
Aquella tarde, Miguel Ángel entrenaba en su gimnasio cuando comenzaron a circular imágenes del agua desbordada llevándose infraestructuras enteras. Decidió marcharse por precaución. Al llegar a su vivienda, el nivel ya superaba el metro. Él y su mujer lograron refugiarse en la parte superior mientras la estructura empezaba a ceder.
En la entrada, las maletas estaban listas para viajar a Italia, donde debía competir en un campeonato internacional. El viaje nunca se produjo. Tampoco volvió a abrir su gimnasio ni su tienda de muebles: ambos quedaron inutilizados tras la riada.
Reconstruir sin tiempo para lamentarse
Los días siguientes no dejaron espacio para el duelo. La prioridad fue limpiar, achicar agua y retirar barro. Miguel Ángel cambió las pesas por la pala y durante meses mantuvo una rutina agotadora: jornadas de hasta 16 horas diarias, encadenando la reconstrucción de la casa, el gimnasio y la nave comercial.
El entrenamiento pasó a un segundo plano. El cansancio físico y mental era absoluto. Sin embargo, el deporte no desapareció del todo.
Diez minutos que lo cambiaron todo
En ese periodo, el apoyo de su mujer, Alba, resultó determinante. Sin exigirle volver al alto rendimiento, le propuso algo mucho más sencillo: no romper el vínculo con el entrenamiento. Unos minutos al día bastaban para mantener la conexión con lo que había sido su vida durante años.
Ese pequeño gesto, casi simbólico, evitó que abandonara por completo el culturismo. Y meses después, cuando parecía demasiado tarde, apareció una oportunidad inesperada.
Una decisión a contrarreloj
En septiembre, Alba descubrió que aún era posible inscribirse en el campeonato mundial de Dubai. Miguel Ángel dudó. El tiempo de preparación era mínimo y el desgaste emocional enorme. Fue su preparador quien terminó de convencerlo.
Con apenas dos meses por delante, retomó la disciplina con una intensidad medida, pero constante. Cuando su entrenador evaluó su estado físico, el diagnóstico fue claro: estaba mucho mejor de lo esperado.
La recompensa al otro lado del mundo
En noviembre, con la mayor parte de su vida ya recompuesta, Miguel Ángel viajó a Dubai para competir frente a algunos de los mejores culturistas del panorama internacional. El resultado superó cualquier expectativa: se proclamó campeón del mundo, culminando un proceso que había comenzado entre escombros y barro.
El trofeo, un martillo de Thor, simboliza algo más que una victoria deportiva. Representa la perseverancia cuando todo parece perdido.
Más que un título
Para Miguel Ángel, el campeonato no es solo un logro personal. Es la confirmación de que la constancia diaria, incluso en su forma más humilde, puede sostener a una persona cuando todo lo demás falla.
Tras perderlo casi todo por la DANA, hoy vuelve a entrenar en su gimnasio reconstruido, con el trofeo a la vista y una certeza clara: a veces, resistir ya es ganar.