22 de octubre de 2026
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Desahucian de madrugada en Burjassot a un científico de la Universitat de València tras 17 años viviendo en la misma casa

Daniel González, físico e investigador del Instituto de Física Corpuscular, ha sido desalojado este jueves 22 de octubre de la vivienda en la que residía desde 2009. La Policía Nacional ha desplegado un importante dispositivo alrededor del inmueble a las seis de la mañana, más de tres horas antes de la hora prevista para el lanzamiento. El investigador asegura que siempre pagó el alquiler pactado, aunque una sentencia le obliga a abandonar el piso y afrontar una reclamación de aproximadamente 36.000 euros.

El científico Daniel González ha perdido este jueves la vivienda en la que llevaba residiendo 17 años en Burjassot, en la comarca valenciana de l’Horta Nord, después de un prolongado enfrentamiento judicial con las empresas que han ido adquiriendo el inmueble.

El desahucio se ha ejecutado alrededor de las seis de la mañana, cuando estaba previsto que la comisión judicial acudiera al domicilio a las 9.30 horas.

Un importante dispositivo de la Policía Nacional, con agentes de las Unidades de Intervención Policial (UIP), se ha desplegado en las inmediaciones del edificio.

Según el Sindicat d’Habitatge de València, hasta ocho furgones policiales han participado en el operativo y se han establecido restricciones de acceso a la zona.

La actuación ha impedido que se repitiera la concentración ciudadana que el pasado 30 de septiembre consiguió paralizar temporalmente el primer intento de desahucio.

Una intervención a las seis de la mañana

Daniel González se encontraba durmiendo cuando comenzó a escuchar movimientos en la calle.

Al asomarse a la ventana descubrió la presencia de los vehículos policiales y comprendió que se iba a ejecutar el desalojo.

El investigador ha relatado que sufrió una fuerte reacción de ansiedad al contemplar el despliegue.

Según su testimonio, consiguió vestirse, recoger las pocas pertenencias que todavía quedaban en la vivienda y abandonar el inmueble antes de que llegara la comisión judicial.

Posteriormente tuvo que recibir asistencia en un centro de salud.

El científico ha calificado lo ocurrido como una pesadilla y ha denunciado sentirse acorralado ante la magnitud de la intervención.

También ha cuestionado la proporcionalidad del dispositivo policial utilizado para ejecutar una resolución judicial relacionada con su vivienda.

No obstante, hasta el momento no consta una explicación pública detallada de la Policía Nacional sobre los motivos concretos del despliegue.

El origen del conflicto: un alquiler reducido de 594 a 350 euros

Para comprender cómo se ha llegado a esta situación hay que remontarse al año 2009.

Daniel González comenzó entonces a vivir de alquiler en el inmueble de Burjassot.

El contrato inicial establecía una renta mensual de aproximadamente 594 euros.

Sin embargo, en 2012, durante la crisis económica, la empresa propietaria de aquella época acordó una reducción del alquiler hasta los 350 euros mensuales.

Según sostiene el investigador, esa modificación quedó recogida mediante un anexo contractual.

Durante los años siguientes continuó abonando la cantidad pactada, pero el inmueble cambió de propietarios.

El conflicto surgió cuando las empresas que posteriormente adquirieron la vivienda reclamaron la diferencia entre el alquiler inicial y la cantidad que Daniel había estado pagando.

Esa diferencia era de 244 euros mensuales.

Acumulada durante años, dio lugar a una reclamación judicial de aproximadamente 36.000 euros.

La cuestión principal del litigio ha sido, por tanto, determinar qué renta debía considerarse legalmente exigible y qué efectos tenía la modificación contractual anterior frente a los sucesivos propietarios.

Dos resoluciones favorables que no evitaron el desahucio

El caso resulta especialmente complejo porque Daniel González había obtenido anteriormente dos resoluciones judiciales favorables relacionadas con sus derechos como inquilino.

Según ha explicado, aquellas decisiones reconocían cuestiones vinculadas con la vigencia de su contrato y su derecho de compra sobre el inmueble.

Sin embargo, un procedimiento posterior, relacionado con la reclamación económica formulada por la propiedad, terminó con una sentencia que ordenaba el desahucio.

La demanda fue promovida por Coral Homes S. L. y la actual propietaria del inmueble, según la información publicada sobre el procedimiento.

Daniel mantiene que nunca dejó de pagar voluntariamente las mensualidades y que incluso recurrió a procedimientos judiciales para intentar seguir abonando la renta.

A su juicio, la reclamación económica ha terminado convirtiéndose en el instrumento que permite expulsarlo de la vivienda.

La existencia de resoluciones previas favorables no significa necesariamente que exista una contradicción jurídica entre todas ellas, puesto que pueden referirse a cuestiones diferentes.

Para determinarlo con precisión sería necesario examinar las sentencias completas y sus fundamentos.

El 30 de septiembre consiguió frenar el primer desahucio

La primera fecha señalada para el lanzamiento fue el 30 de septiembre.

Aquel día, decenas de personas acudieron al edificio convocadas por el Sindicat d’Habitatge de València.

Entre los asistentes también se encontraban compañeros del investigador y representantes de su entorno académico.

La movilización consiguió que la comisión judicial aplazara la ejecución.

Daniel recibió entonces un plazo de diez días para presentar documentación y estudiar nuevas posibilidades legales con su abogada.

El aplazamiento fue recibido con esperanza por los colectivos de vivienda, que confiaban en alcanzar algún acuerdo con la propiedad.

Pero las negociaciones no prosperaron.

Finalmente, el desahucio se ha ejecutado este jueves 22 de octubre.

Un investigador especializado en tecnología para satélites

Daniel González no es únicamente un vecino afectado por un conflicto de alquiler.

Es físico e investigador del Instituto de Física Corpuscular (IFIC), centro mixto de la Universitat de València y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Su actividad profesional está vinculada al desarrollo de tecnología y sistemas relacionados con satélites y aceleradores de partículas.

Durante la movilización del 30 de septiembre, varios compañeros acudieron a mostrarle su apoyo.

Entre ellos se encontraba Benito Gimeno Martínez, investigador que explicó que conocía a Daniel desde su etapa como estudiante universitario.

Según relató, González había desarrollado una brillante trayectoria académica, había realizado una tesis doctoral relacionada con tecnología para satélites y obtenido un premio extraordinario de doctorado.

Sus compañeros también advirtieron del impacto personal y profesional que el prolongado conflicto judicial estaba teniendo sobre el científico.

La controversia sobre los fondos de inversión

El caso ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la adquisición de viviendas por parte de sociedades inmobiliarias y fondos de inversión.

Durante sus 17 años como inquilino, Daniel ha visto cómo la titularidad del inmueble cambiaba en diferentes ocasiones.

El investigador y los colectivos que le apoyan cuestionan que esos cambios puedan desembocar en la pérdida de una vivienda cuando, según sostienen, el arrendatario ha venido cumpliendo las condiciones económicas acordadas.

Desde el movimiento por la vivienda se reclama una mayor protección para quienes residen de alquiler y afrontan litigios derivados de modificaciones contractuales o cambios de propietario.

Sin embargo, en este caso existe una resolución judicial que ha reconocido la reclamación de la propiedad y ha permitido ejecutar el lanzamiento.

Por ello, es fundamental diferenciar la posición del afectado, las reivindicaciones de los colectivos sociales y lo que han establecido los tribunales.

¿Qué ocurrirá ahora con Daniel González?

Tras abandonar su domicilio, el investigador ha tenido que afrontar las consecuencias personales de una situación que se prolonga desde hace años.

El Sindicat d’Habitatge ha presentado recursos relacionados con el procedimiento y ha acompañado al afectado durante las distintas fases del conflicto.

Por el momento, no se ha confirmado públicamente cuál será su situación residencial definitiva tras el desahucio.

Tampoco se conoce una eventual resolución posterior que modifique los efectos de la sentencia ejecutada este jueves.

Lo que sí ha quedado confirmado es que el aplazamiento conseguido mediante la movilización del 30 de septiembre no ha sido suficiente para evitar la pérdida de la vivienda.

Diecisiete años de alquiler que terminan con un desahucio

El caso de Daniel González refleja la complejidad de determinados conflictos entre propietarios e inquilinos.

Un contrato firmado en 2009, una rebaja del alquiler acordada durante la crisis de 2012, sucesivos cambios de propiedad y diferentes procedimientos judiciales han desembocado en la pérdida de una vivienda que el afectado consideraba su hogar.

La controversia también deja abiertas preguntas sobre la protección de los arrendatarios, el reconocimiento de las modificaciones contractuales y los mecanismos de defensa disponibles ante litigios prolongados.

Las resoluciones judiciales deben cumplirse, pero su ejecución y las circunstancias que rodean cada procedimiento pueden ser objeto de debate público.

Después de 17 años viviendo en Burjassot, Daniel González se ha visto obligado a abandonar su domicilio a primera hora de la mañana, mientras continúa defendiendo que pagó el alquiler que tenía pactado.

Su historia vuelve a situar el acceso y la permanencia en la vivienda en el centro de la actualidad valenciana.

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