17 de diciembre de 2025
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“Descubre la Calle de Valencia que Encierra un Barrio, un Pueblo y una Ciudad”

La calle de Valencia que es barrio, pueblo y ciudad

Según diversas fuentes, el conjunto de casas ubicado en la calle José Faus y sus alrededores (Asturias, Lo Rat Penat, Andrés Mancebo) es una obra del arquitecto Salvador Donderis Tatay, construida en 1928. Este encantador grupo de chalecitos, aunque diverso en apariencia, comparte una imagen unificada, y es el resultado de las políticas modernas de la época que introdujeron el concepto de “casas baratas” en España. Aunque hay otros ejemplos en Valencia, ninguno alcanza la cantidad con la que cuenta esta área, que superó las cien edificaciones cuando se completó. Pasear aquí durante una mañana soleada de otoño ofrece una experiencia que los libros no pueden describir: la sensación de caminar por una Valencia casi fantasmal, inalterada durante un siglo, un refugio del tiempo donde la vida sucedía de manera pausada, creando un espíritu de comunidad entre los residentes que veían su vivienda como algo más que una casa, como un verdadero hogar.

Este conjunto de casas, rodeado por calles que llevan el nombre de los archipiélagos españoles (Islas Baleares al sur, Islas Canarias al norte), ha resistido el crecimiento urbano sin perder casi ninguna estructura original. En la esquina de las calles Asturias y Andrés Mancebo, un edificio de estética discutible es un testimonio de la historia urbanística de Valencia. A pesar de este ejemplo de arquitectura mejorable, los habitantes de estas casas gozan de una ubicación singular: lo que alguna vez fue el Camino Hondo del Grao hoy es un barrio, hasta un municipio independiente, si se permite la metáfora, con la ciudad moderna a su alcance. Desde ciertas calles, se pueden avistar las obras de Santiago Calatrava en el nuevo cauce y, más allá, la torre de Iberdrola recuerda la expansión pendiente de la ciudad. Sin embargo, es al adentrarse en esta zona alrededor del Sporting Club de Tenis que se descubre una Valencia de hace un siglo, donde alguna vez este laberinto de calles fue propiedad privada, y viejas propiedades del Arzobispado sirvieron de escuela en un barrio que apenas comenzaba a formarse.

Carlos, un vecino de larga data de esta barriada llamada Infanta Isabel, aún vive en la casa donde nació en 1960. Él y otros como él adquirieron estas viviendas a precios más económicos que los actuales, pues el valor ha subido significativamente, alcanzando los 260,000 euros. A cambio de esta inversión, uno puede adquirir una vivienda de una planta baja con una superior, algunas incluso con una azotea. Las casas más grandes, situadas en las calles Asturias e Islas Canarias, cuentan con jardines delanteros espaciosos, aunque Carlos no está seguro de la dimensión de los jardines traseros. Estos espacios son ideales para disfrutar al aire libre, decorados con mesas, sombrillas y árboles que proveen sombra, aunque como advierte Rafa, otro vecino, el calor del verano puede obligar a refugiarse en el interior.

Mientras limpia su jardín de hojas arrastradas por el viento, Rafa resalta que, a diferencia de otras partes de la ciudad, la comunidad aquí sigue siendo fuerte: “nos conocemos todos”, afirma al tiempo que saluda a un vecino. “Esto es como un pueblo”, recalca. Un pueblo con su propio pozo, ubicado en la esquina entre la última finca al norte y un edificio circundante. De hecho, caminar por este vecindario, que alguna vez fue una comunidad cerrada, todavía conserva un ambiente marcado por la identidad comunitaria, rasgo que persiste a pesar del paso de coches en busca de aparcamiento, lo cual resta algo de encanto pero no del todo. Adquirir una de estas viviendas no solo significa asegurar una propiedad, sino también adueñarse de la idea de vivir en el corazón de Valencia conservando la esencia de un barrio con profundo carácter.

La personalidad de este enclave era probablemente más pronunciada cuando se concebía como casas baratas, un fenómeno reflejado en otras partes del país y del continente, cuando esta zona representaba la lejana periferia de la ciudad. Rafa recuerda venir de pequeño por estas calles con la impresión de dirigirse al fin del mundo. Ahora, sigue habitando su propio pequeño universo en la calle José Faus.

Respecto al nombre Infanta Isabel para esta barriada, los vecinos no saben su origen, ni quién fue José Faus, el nombre de la calle principal. Tampoco conocen a Andrés Mancebo, de la calle paralela al oeste que también alberga fincas del mismo estilo. Sin embargo, ambos nombres tienen historia, como documenta un reportaje de Valencia Bonita, que revela que Faus dirigió la cooperativa que realizó este proyecto, una iniciativa que debió parecer utópica en su momento. Es posible que la Iglesia participara en este emprendimiento, ya que el Arzobispado tuvo aquí una importante parcela. Mancebo, por otro lado, merece reconocimiento por supervisar desde el Ministerio de Vivienda la construcción de estas viviendas obreras para los trabajadores de la Fábrica de Gas Lebón, quienes recibieron sus casas mediante un sorteo realizado por dos niños cooperativistas.

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