Una mañana en la piscina La Hípica de Valencia: el refugio ideal para la tranquilidad
Un caluroso domingo de agosto en Valencia, con temperaturas elevadas y el verano en pleno apogeo, la sugerencia de pasar un día en la piscina resuena en el grupo de WhatsApp de amigos. Con el deseo de disfrutar de un día refrescante, nadie se opone a la invitación. La mañana del lunes empieza temprano, motivada por la promesa de un día de piscina lleno de risas y buenos momentos.
Equipado con crema solar, agua, cartas, toalla, gafas de sol y ropa de cambio, me dispongo a iniciar el trayecto hacia la piscina La Hípica, ubicada en la calle Jaca 23, junto a Viveros. El viaje, que tarda aproximadamente 40 minutos, incluye un trayecto en metro hasta la parada de Benimaclet, seguido de una caminata de unos diez minutos. En el camino, se observan varias paradas de autobuses, como las líneas 98, 11 o 70, que también facilitan el acceso a la zona.
El barrio está lleno de actividad con personas y vehículos en constante movimiento. Al llegar al polideportivo, las paredes decoradas con graffitis reflejan diversas opiniones sobre la situación actual en Valencia.
A las 11:55 horas, nos unimos a una fila de menos de 20 personas, predominantemente adultos mayores que buscan disfrutar de un entorno tranquilo. A la sombra de un árbol, esperamos pacientemente a que las puertas abran a las 12:00. Una mujer mayor, recién llegada, expresa su frustración por el retraso, recordando que el año previo la piscina abría una hora antes.
Finalmente, las puertas se abren y el camino a la entrada queda despejado. El aire acondicionado del recinto resulta un alivio bienvenido mientras esperamos en la gran recepción, donde solo una empleada gestiona la venta de entradas y el alquiler de equipamientos como manguitos y churros para los niños.
A través de una gran cristalera, se divisa el amplio césped del recinto que promete acoger a los visitantes durante el día. Antes de desplegar nuestra zona en el pasto, pasamos por el área del bar, donde algunos aprovechan para refrescar su garganta o acomodar sus pertenencias.
Cada grupo elige un espacio propio de sol y sombra en el césped. Con las toallas en su sitio, la aplicación de protector solar se convierte en la prioridad, evitando así quemaduras indeseadas. La piscina, con una profundidad variable de dos a cuatro metros, está lista para el disfrute de todos.
Una socorrista, suficiente para la cantidad de presentes, vigila la piscina mientras algunos usuarios discuten sobre la normativa del uso de gorros de natación, confusión aclarada al recordar que solo es obligatorio en piscinas cubiertas.
Después de un agradable rato en el agua, hacemos una pausa para disfrutar de un poco de juegos de cartas. La competición amistosa dura poco, y regresamos al agua para seguir disfrutando hasta que el reloj marca las 14:30. Es hora de regresar a los vestuarios para cambiarnos, recogiendo nuestras cosas con cuidado de no empapar la bolsa.
La mañana llega a su fin cuando salimos al fuerte sol que contrasta con el aire fresco del interior. Con facilidad localizamos los coches estacionados en las cercanías antes de regresar a casa, con la promesa de volver a disfrutar de esta experiencia nuevamente en la piscina no abarrotada de La Hípica.