RSS de noticias de Valencia
Cuatro jóvenes que pasan sus veranos en Benicàssim han compartido sus planes preferidos, destacando entre ellos una playa casi privada.
Benicàssim es famoso por su elegancia, la cual se manifesta tanto en sus calles como en la comunidad local. Este encanto es evidente desde las villas del paseo de la playa de la Almadrava hasta las casas ocultas en las curvas de Las Playetes, lo que ha llevado a muchos a denominarlo el “Biarritz valenciano”.
Jorge Sos, quien trabaja en Valencia, comenta que regresa a Benicàssim casi cada fin de semana, especialmente de junio a agosto y durante las Pascuas y Navidad. Sos destaca el auge del pueblo, mencionando que cada vez más personas eligen vivir allí durante todo el año. Carmen Roca coincide, indicando su visita recurrente. La preferencia por las playas se distribuye: Carmen se inclina por la playa del Torreón, Celia Montero por Els Terrers debido a su privacidad y belleza, y Claudio Falcó elige Voramar por su encanto y vistas. Jorge Sos se decanta por les Playetes y la Renegà en Oropesa, valorando las aguas cristalinas y la menor cantidad de gente.
Las jornadas en Benicàssim comienzan con un desayuno en Voramar o La Salina, seguido por una paella en lugares como Les Barraques, Restaurante Amar o La terracita en el camping Tauro. El día se completa con actividades sencillas con amigos, paseos en bici y deportes en la playa. La oferta nocturna inicia en la zona de tascas, siendo La Lola, El Mejillón, Bar Malaje o Ernesto puntos de referencia, y continua en restaurantes como Cárnicas Racero o Marabrasa. Las noches se alargan entre pubs como La Luna o discotecas como Maya y Casablanca.
A nivel comercial, Benicàssim preserva su esencia con tiendas tradicionales, mercadillos y productos locales. Los días de lluvia se prestan para explorar el Desierto de las Palmas o disfrutar de actividades bajo techo. El verano no está completo sin asistir a festivales de música como el FIB o el Rototom.
Entre los jóvenes que disfrutan de Benicàssim, Carmen Roca, que vivió en Países Bajos, vuelve para presentar su filme “La última Lola”. Jorge Sos, abogado aficionado al ciclismo, no pierde oportunidad de visitar. Celia Montero, estilista, conserva su conexión al lugar donde creció. Claudio Falcó, tras vivir en Valencia, retorna definitivamente al pueblo que lo vio crecer.
Aunque el verano finaliza, los residentes y visitantes no se despiden definitivamente; el encanto del “Biarritz valenciano” les asegura un regreso constante, siempre a la espera de otra escapada.