Un equipo internacional de investigadores ha demostrado que unos pequeños crustáceos acuáticos presentes en varios humedales de la Comunitat Valenciana son capaces de aprender a partir de experiencias previas y conservar esa información durante horas, un comportamiento que hasta ahora se consideraba mucho más complejo de lo esperado para animales con un sistema nervioso tan simple.
El estudio, liderado por la Universidad de Parma y desarrollado con la colaboración de la Universitat de València (UV) y la Scuola Superiore Sant’Anna de Pisa, ha sido publicado en la revista científica BMC Biology.
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El estudio se realizó con especies de L’Albufera y Pego-Oliva
La investigación analizó tres especies de ostrácodos, unos diminutos crustáceos protegidos por un caparazón de dos valvas, recogidos en los parques naturales de L’Albufera de Valencia y el Marjal de Pego-Oliva.
Los experimentos de comportamiento se llevaron a cabo en el Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universitat de València, donde la investigadora principal del trabajo, Elena Bellavere, realizó parte de su estancia científica.
Aprenden a asociar la luz con experiencias positivas o negativas
Para comprobar su capacidad de aprendizaje, los científicos utilizaron plataformas microscópicas conocidas como “lab-on-a-chip”, que permiten observar con gran precisión el comportamiento de organismos de pequeño tamaño.
Durante las pruebas, los crustáceos fueron expuestos a luces de diferentes colores asociadas a recompensas, como la presencia de alimento, o a señales químicas de estrés.
Los resultados demostraron que los animales modificaban posteriormente su comportamiento en función de esas experiencias previas, reaccionando de manera distinta ante la luz azul o verde según el entrenamiento recibido.
Conservan la información durante más de 24 horas
Uno de los hallazgos más relevantes fue comprobar que algunos ejemplares mantenían esa respuesta aprendida entre 16 y 24 horas después del entrenamiento, una evidencia de memoria asociativa a medio y largo plazo.
Los cambios no solo afectaban a la preferencia por zonas iluminadas u oscuras, sino también a aspectos como la velocidad de desplazamiento, el tiempo de exploración o los periodos de inactividad.
Un descubrimiento sobre la evolución del aprendizaje
Los investigadores consideran que este trabajo amplía el conocimiento sobre cómo evolucionaron los sistemas sensoriales y las capacidades de aprendizaje incluso en organismos con sistemas nerviosos muy sencillos.
El catedrático de la Universitat de València Francesc Mesquita-Joanes destaca que el comportamiento de los ostrácodos había sido muy poco estudiado hasta ahora, pese a su importancia ecológica y paleontológica.
Según explica, las distintas respuestas observadas parecen estar relacionadas con el hábitat, la estructura de sus órganos visuales y la forma en que cada especie explora el entorno.
Posibles aplicaciones en robótica
Además de su interés para la biología evolutiva, el descubrimiento podría tener aplicaciones tecnológicas.
Los investigadores señalan que comprender cómo organismos microscópicos son capaces de orientarse, aprender y adaptarse a entornos complejos puede servir de inspiración para desarrollar robots autónomos más eficientes, capaces de explorar y tomar decisiones en escenarios cambiantes.
Nuevas líneas de investigación
El equipo científico considera que este trabajo abre la puerta a futuras investigaciones que combinen estudios de comportamiento con análisis genéticos, morfológicos y del funcionamiento de los sistemas visuales de estos pequeños crustáceos.
Los ostrácodos pasan así a convertirse en un modelo de gran interés para estudiar los mecanismos biológicos del aprendizaje, la percepción y la adaptación al medio acuático, demostrando que incluso animales de apenas unos milímetros pueden desarrollar capacidades mucho más sofisticadas de lo que se pensaba hasta ahora.