Desde Plaza de Mulas (II)

Segunda crónica de la familia Pastor Meseguer, en su expedición al Aconcagua. Miguel nos explica que de momento puede mandar pocas fotos, porque la conexión a Internet es muy lenta y el tamaño de las imágenes de las cámaras es muy grande, con lo que se consume todo el tiempo disponible, no precisamente barato, en subirlas. “Vamos a intentar reducir el tamaño de las imágenes y si podemos resolver el problema, las añadiremos después”, nos dice.

“Un saludo nuevamente desde el campamento base del Aconcagua. Hoy es jueves y estamos nuevamente disfrutando de un día de descanso, después de tres días de actividad bastante intensa. Hace un día magnífico, totalmente despejado y por el momento sin viento, y ahora (las diez de la mañana) la temperatura en el domo comedor es de 18 grados, con lo que podemos prescindir de la ropa de más abrigo (anorak de plumas, guantes, gorros…) que debemos usar normalmente (ayer noche jugábamos a las cartas a 6 bajo cero, aunque ahora ya lo vamos llevando mejor).

Mientras yo escribo esta crónica, Alex y Miguelo leen y Mar toma sus notas personales, todo en un ambiente relajado. Dentro de un rato bajaremos al sitio donde hay conexión a internet y queremos organizarnos para tomar una ducha caliente (aunque cuestan muy caras, unos 10 euros) que ya apetece después de 8 días. El resto del día, relax y una vez hayamos consultado el pronóstico del tiempo, largas discusiones y valoraciones sobre como podemos organizarnos en los próximos días.

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El tiempo, tal y como estaba pronosticado, fue muy malo. Al poco de empezar empezó a nevar y soplaba bastante viento, pero cuando llegamos al emplazamiento previsto aquello fue a más y montamos la tienda en medio de un intenso temporal. Durante la bajada conocimos el célebre “viento blanco” del Aconcagua, un vendaval fortísimo que arrastra un gran cantidad de nieve, que no llega apenas a acumularse salvo en sitios resguardados, que deja la visibilidad reducida a un par de metros y en el que es fácil perder la orientación. Afortunadamente estábamos relativamente bajos y no tuvimos muchos problemas para encontrar la ruta (…).

Al día siguiente el tiempo estaba algo mejor, aunque aún hacía viento y estaba nublado. A media mañana nos pusimos en marcha para dormir en el campamento instalado el día anterior. Llevábamos todo el material necesario para pasar la noche y cosas que necesitaríamos para la posterior subida a la cumbre, con lo que íbamos bastante más cargados. Aun así subimos bien y sobre las 4 de la tarde estábamos nuevamente en Plaza Canadá. Montamos la segunda tienda y nos pusimos a las labores de fundir nieve para ir preparando bebida y la cena. Hacía frío y soplaba viento, por lo que tuvimos que hacerlo todo dentro de la tienda, con lo que nos costó bastante organizarnos y resultó bastante incómodo. Además algunos acusábamos la altura y teníamos dolor de cabeza y cierto malestar general. Finalmente nos fuimos “a dormir” y comenzó una noche muy dura (…). En el momento de acostarnos, el atardecer era espléndido, con el sol nuevamente iluminando la montaña al caer por debajo del manto de nubes, pero era imposible disfrutarlo, pues la temperatura ya había caído a 17 grados bajo cero y el fuerte viento hacía la sensación insoportable (…).

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Por la mañana estábamos en crisis y aunque el día era espléndido y el sol contribuía a animarnos, no teníamos muy claro que posibilidades teníamos de seguir con el plan previsto. La idea era subir material para instalar el campamento 2, o bien en Nido de Cóndores (5.580 metros) o en las proximidades del refugio Berlín (5.933 metros). El problema era que si dejábamos cosas arriba y luego no podíamos subir, sería problemático recuperarlas. Como solución de compromiso decidimos subir sin carga a explorar la parte alta de la montaña, así podríamos hacernos una idea más exacta de las posibilidades y luego decidir (…).
Subimos con calma hasta Nido de Cóndores, con malestar por la altura y fatiga por la hipoxia, pero notándonos fuertes. Allí encontramos un puesto de la patrulla de montaña argentina y Mar decidió quedarse con ellos porque notaba frío en los pies mientras Alex, Miguelo y yo explorábamos hasta Berlín. Casi sin darnos cuenta nos plantamos muy cerca de los seis mil metros, y comprobamos que los “refugios” no es que sean precarios, es que son absolutamente inutilizables, pues están abandonados, sin puerta y completamente llenos de nieve congelada. Tras recoger a Mar y charlar un rato con los guardaparques (así nos enteramos que ese mismo día dos argentinos, un americano, una sueca y un checo habían alcanzado la cumbre, siendo los primeros que lo lograban en la temporada), seguimos bajando rápidamente hasta nuestras tiendas en Plaza Canadá y luego hasta aquí en Plaza de Mulas.
Hemos disfrutado de espléndidas vistas de los Andes, tanto hacia el norte con el Cerro Mercedario (4ª cumbre de América), como hacia el sur, con el Juncal. La imagen que yo tenía del Aconcagua como una cumbre aislada con escasos valores paisajísticos se ha demostrado que es absolutamente errónea, y aunque en la vía normal no haya glaciares o grandes paredes, tiene un entorno cuajado de ese tipo de formaciones, y “La Cordillera” se despliega con todo su esplendor.
Hoy estamos de merecido descanso, aunque algunos han pasado algo de frío esta noche, a pesar que la temperatura ha sido mucho menos baja, porque los sacos buenos están en el campamento de altura. Y a partir de ahora la idea que toma más cuerpo es que, contando con que queremos reducir las noches en altura por las extremas condiciones de temperatura reinantes (en sitios como Berlín las temperaturas previstas se encuentran entre 20 y 30 bajo cero), y que nos notamos bastante fuertes, lo que hagamos sea subir con sólo dos campamentos (en vez de los tres previstos), haciendo de una tirada el ataque a cumbre desde Nido de Cóndores, lo que supone 1.400 metros y unas 10-12 horas. Una jornada muy dura, pero instalar un campamento en Berlín supone aumentar considerablemente los porteos, lo que significa un gran desgaste. De todas formas seguiremos dándole vueltas y ya veremos que plan hacemos finalmente, pues muchas veces cambiamos de idea varias veces al día.
Tenemos que consultar el parte meteorológico, pero parece que entre el lunes y el martes está prevista una ventana de buen tiempo. En ese caso probablemente mañana subiremos al cerro Bonete (que finalmente no subimos el lunes pasado) para seguir trabajando la aclimatación y la puesta en forma, y el sábado o domingo iniciaríamos el ataque: sábado a Canadá, domingo a Cóndores, lunes cumbre y regreso a Cóndores y martes regreso a campamento base. Aun así dispondríamos todavía de tres días de reserva.
Un saludo desde los Andes. Seguiremos informando.

Miguel (y Mar, Miguelo y Alex)

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