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Un pícnic en plena Lonja de la Seda
Un grupo de turistas asiáticas, equipadas con gafas de sol y atuendos ligeros, disfruta de un paquete de fartons a la sombra mientras capturan miles de fotografías del Mercado Central. Sentadas en escalones que han sido suavizados por millones de pisadas a lo largo de los siglos, estas visitantes se encuentran en el que fuera uno de los epicentros del comercio del Mediterráneo. Se trata de un pícnic en la emblemática Lonja de la Seda, reconocida como Patrimonio de la Humanidad y que ahora funge como un merendero gótico para muchos turistas que la visitan. En las inmediaciones, incluso se llevan a cabo pequeñas celebraciones al terminar el día.
La protección de la Lonja de la Seda como Patrimonio de la Humanidad es una preocupación constante para la Unesco, que hace años advirtió al Ayuntamiento de Valencia sobre el posible riesgo de perder este reconocimiento si no se disminuía el tráfico en la zona. Las concejalías de Urbanismo y Movilidad, bajo la dirección del PSPV y Compromís, recibieron el aviso y desarrollaron una renovación del área, resultando en una nueva plaza dura, carente de vegetación y sombra. Este entorno es el que perciben los turistas que visitan la Lonja y el Mercado Central, dos de los monumentos más populares de la ciudad, detrás solo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
A menudo, los turistas optan por sentarse en los escalones de entrada de la Lonja para disfrutar de los productos comprados en el Mercado Central. Hace años, se colocaron carteles que prohibían esta práctica en los escalones principales, junto a la plaza del Mercado, y se contrató seguridad privada para asegurar el cumplimiento. Aunque la situación mejoró, recientemente se ha observado la repetición de este comportamiento.
Asimismo, este fenómeno ocurre en el otro extremo de la plaza, en la calle Pere Compte, que conecta la plaza del Mercado con la del Doctor Collado. Allí, cientos de turistas se sientan diariamente en los escalones oscuros para disfrutar de un descanso a la sombra, a escasos metros de un lugar tan significativo culturalmente. Desde la asociación Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural, se incide en la necesidad de que la Policía Local establezca un protocolo claro para evitar que las personas consuman alimentos y bebidas en los escalones de la Lonja, lo que perjudica la imagen del monumento.
Durante las Fallas, el Ayuntamiento se ve en la necesidad de proteger la Lonja con listones de madera o vallas de obra para evitar actos de incivismo, como el ocurrido años atrás, cuando algunas personas decidieron usar las paredes del monumento como urinario.