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Doce millones de años de gigantismo: las anacondas llevan una eternidad sin encoger
Un equipo internacional ha analizado decenas de vértebras fósiles halladas en Venezuela y concluye que las anacondas ya eran gigantes hace 12,4 millones de años, con longitudes similares a las actuales, a diferencia de otros animales colosales del Mioceno que sí desaparecieron.
Redaccion | 2 diciembre 2025
Las reinas silenciosas del Mioceno tropical
Las anacondas actuales figuran entre las serpientes más grandes del planeta, con ejemplares que suelen rondar los cuatro o cinco metros y, en casos excepcionales, acercarse a los siete. Ahora, un estudio liderado por la Universidad de Cambridge (Reino Unido) demuestra que este tamaño colosal no es una rareza reciente, sino una característica que arrastran desde hace más de 12 millones de años.
La investigación, publicada en la revista Journal of Vertebrate Paleontology, se centra en fósiles procedentes del norte de Sudamérica y sitúa el origen del gigantismo de las anacondas en el Mioceno medio-superior, cuando la región era una vasta red de humedales muy similar a la actual Amazonia, con clima más cálido y abundancia de presas.
183 vértebras fósiles para reconstruir a un gigante
El equipo científico analizó 183 espinas dorsales fosilizadas de anaconda pertenecientes, al menos, a 32 individuos distintos, halladas en el estado venezolano de Falcón y en otros yacimientos sudamericanos. A partir de las medidas de cada vértebra y comparándolas con ejemplares actuales, los investigadores pudieron estimar la longitud corporal de estos grandes depredadores.
El resultado fue claro: las anacondas del Mioceno alcanzaban entre cuatro y cinco metros, prácticamente el mismo rango de tamaño que se observa en las poblaciones modernas. Es decir, estos gigantes tropicales llegaron pronto a su techo de crecimiento y, desde entonces, han permanecido en ese rango de dimensiones sin experimentar un aumento progresivo ligado al clima más cálido del pasado, como se había supuesto.
Gigantes que desaparecieron… y la anaconda que resistió
El período en el que vivieron estas anacondas fósiles estuvo poblado por auténticos colosos: cocodrilos de unos 12 metros, como Purussaurus, o tortugas de agua dulce de hasta 3,2 metros de caparazón, como Stupendemys. Muchos de estos animales desaparecieron, probablemente por el enfriamiento global y la transformación de los grandes humedales que dominaban el paisaje.
Las anacondas, sin embargo, siguieron adelante. Según el autor principal, el doctorando Andrés Alfonso-Rojas, estas serpientes han demostrado ser “extraordinariamente resistentes”, capaces de mantener su gran tamaño incluso cuando los ecosistemas han cambiado de forma notable desde el Mioceno hasta la actualidad.
Un segundo método confirma el gigantismo temprano
Para verificar que las estimaciones de tamaño no dependían solo de las proporciones de las vértebras, el equipo aplicó además un método de reconstrucción del estado ancestral. Utilizando un árbol evolutivo de serpientes, reconstruyeron la longitud corporal de las anacondas y de especies emparentadas, como boas arbóreas o boas arcoíris.
Ambos enfoques coincidieron en la misma conclusión: cuando las anacondas aparecieron en los humedales tropicales sudamericanos, ya presentaban longitudes medias de entre cuatro y cinco metros. En contra de lo que sugerían algunas hipótesis, no hay evidencias de anacondas de siete u ocho metros en aquellos ecosistemas más cálidos, al menos de momento.
Por qué siguen siendo tan grandes hoy
Las anacondas modernas viven en ciénagas, pantanos y grandes ríos como el Amazonas, donde todavía encuentran las condiciones que favorecen su gran tamaño: temperaturas cálidas, abundancia de agua y suficiente alimento, desde capibaras hasta grandes peces. Aunque su distribución es hoy más reducida que en el Mioceno, los hábitats adecuados siguen siendo extensos y productivos.
El estudio sugiere que, una vez alcanzado cierto tamaño óptimo que les permite cazar presas grandes sin gastar más energía de la necesaria, la evolución ha mantenido a las anacondas en ese punto de equilibrio durante millones de años. No hacía falta ser más grande, pero tampoco más pequeña, para sobrevivir en los complejos humedales tropicales.
Una ventana al pasado… y al futuro de los ecosistemas tropicales
Más allá de la fascinación que despiertan estas serpientes gigantes, el trabajo aporta pistas sobre el funcionamiento de los ecosistemas tropicales a largo plazo. El hecho de que las anacondas hayan mantenido su tamaño mientras otros grandes reptiles desaparecían subraya que las respuestas al cambio climático y a la transformación del hábitat pueden ser muy distintas incluso entre especies que comparten entorno.
Los fósiles utilizados en el estudio fueron recuperados en varias campañas de campo por equipos de la Universidad de Zúrich y del Museo Paleontológico de Urumaco, en Venezuela. Cada vértebra, cuidadosamente medida y comparada, ayuda a reconstruir un paisaje en el que las anacondas ya dominaban silenciosamente las aguas turbias de los pantanos, tal y como siguen haciendo hoy. Etiquetas: