4 de septiembre de 2026
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Dos siglos de horchata en pleno corazón de Valencia: la historia de Santa Catalina

La histórica horchatería conserva una de las fachadas comerciales más reconocibles de la ciudad, revestida de cerámica valenciana y presidida por una frase que resume su trayectoria: «Casa con dos siglos de tradición»

Hay lugares de Valencia que prácticamente no necesitan dirección. Basta contemplar su fachada para reconocerlos.

A pocos metros de la plaza de la Reina, la Catedral y la Plaza Redonda aparece una entrada cubierta de cerámica valenciana y coronada por enormes letras:

HORCHATERÍA DE SANTA CATALINA.

Justo debajo puede leerse otra inscripción todavía más significativa:

«Casa con dos siglos de tradición».

No se trata únicamente de un reclamo comercial. La propia Horchatería Santa Catalina señala que cuenta con dos siglos de tradición, circunstancia que la sitúa entre las horchaterías históricas de Valencia.

Una horchatería en uno de los lugares más históricos de Valencia

El establecimiento se encuentra en la plaza de Santa Catalina, junto a la iglesia y su célebre campanario.

Su emplazamiento forma parte de un entorno excepcional de Ciutat Vella.

De hecho, la documentación urbanística municipal señala que el edificio se encuentra dentro del entorno protegido y que el comercio está incluido en el Catálogo de Establecimientos Emblemáticos del Ayuntamiento de Valencia.

Durante generaciones, valencianos y visitantes han pasado por sus mesas para consumir algunos de los productos más vinculados a la gastronomía popular valenciana.

Horchata y fartons durante los meses de calor.

Chocolate caliente y buñuelos cuando bajan las temperaturas.

Helados y otros dulces completaron una tradición que convirtió el establecimiento en mucho más que una simple cafetería.

Una fachada que también cuenta la historia de Valencia

Pero una parte fundamental del valor de Santa Catalina está delante de nuestros ojos antes incluso de entrar.

Su fachada.

Un estudio de la Universitat Politècnica de València sobre la cerámica arquitectónica valenciana analiza específicamente la horchatería y describe cómo los azulejos ocupan prácticamente toda la entrada del establecimiento.

A ambos lados aparecen dos monumentos inmediatamente reconocibles.

La torre de Santa Catalina y el Miguelete.

Cada una de estas composiciones está realizada con 39 azulejos, mientras diferentes motivos vegetales azules, amarillos y verdes enmarcan las escenas.

Sobre ellas aparece el gran panel cerámico con la inscripción:

«Casa con dos siglos de tradición».

El Ayuntamiento también ha incluido este conjunto dentro de su inventario de gráfica urbana y rótulos tradicionales de Valencia.

Cerámica de Manises

La decoración continúa al atravesar la puerta.

Santa Catalina conserva abundante cerámica de Manises, uno de los grandes elementos de identidad del establecimiento. La propia horchatería destaca esta decoración y recuerda la extraordinaria tradición ceramista manisera, cuya producción alcanzó fama internacional desde la Baja Edad Media.

Uno de los grandes paneles interiores representa además la entrada de Jaume I en Valencia.

El estudio de la UPV identifica esta obra como realizada por Vicente Vidal, de Manises.

De esta forma, entrar en Santa Catalina supone encontrarse rodeado de pequeñas referencias a la historia valenciana.

Hasta una infanta pasó por sus mesas

El establecimiento conserva también recuerdos de algunos de sus visitantes históricos.

Existe una placa cerámica señalando la mesa en la que fue atendida la infanta Isabel durante sus visitas a la casa, otro de los elementos documentados en el estudio sobre la azulejería del establecimiento.

Es precisamente esa acumulación de detalles la que convierte la horchatería en una especie de pequeño museo comercial de Valencia.

No solamente ha sobrevivido el negocio.

También lo han hecho buena parte de los elementos que construyen su identidad.

Dos siglos después

Actualmente Santa Catalina continúa abierta en el número 6 de la plaza de Santa Catalina.

Su actividad sigue girando alrededor de productos que cualquier valenciano reconoce inmediatamente: horchata, fartons, chocolate, buñuelos y helados artesanos.

Pero quizá su mayor particularidad sea haber conseguido que su propia imagen se convierta en parte del paisaje de Ciutat Vella.

Miles de personas pasan cada día frente a una fachada que no necesita explicar demasiado su historia.

Lo hace con seis palabras escritas sobre azulejos:

«Casa con dos siglos de tradición».

Y en una ciudad donde tantos comercios históricos han desaparecido, que esas palabras continúen presidiendo una horchatería en pleno corazón de Valencia es, probablemente, la parte más extraordinaria de su historia.

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