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El caso Alcàsser, tres décadas después: nuevas pruebas forenses pendientes de análisis

Treinta y tres años después del secuestro y asesinato de Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández, el caso Alcàsser continúa bajo revisión judicial y científica. La desaparición de las niñas, ocurrida el 13 de noviembre de 1992, y el hallazgo de sus cuerpos dos semanas después en el paraje de La Romana siguen marcando uno de los crímenes más conmocionantes de la crónica española.


El criminólogo y perito judicial Félix Ríos, cuya asociación ejerce una de las acusaciones populares, lleva casi cuatro años impulsando nuevas diligencias en el Juzgado de Instrucción nº 6 de Alzira. La magistrada autorizó una batería de análisis forenses que nunca se realizaron en los años noventa y que ahora se encuentran en distintos laboratorios pendientes de resultados.

El primer avance en 30 años: sangre localizada en uno de los vehículos
El equipo de Ríos propuso la reinspección de los dos vehículos relacionados con el caso. La Guardia Civil detectó en uno de ellos una reacción compatible con una pequeña mancha de sangre en el asiento trasero, exactamente en el lugar que Miguel Ricart había descrito en su declaración judicial. Según dicha versión, Antonio Anglés habría golpeado a una de las víctimas desde el asiento delantero.
El material genético recuperado no ha permitido una identificación completa, pero constituye el primer hallazgo forense significativo en tres décadas.

Los análisis de pelos y tapicerías, aún en proceso
Entre las pruebas autorizadas figuran varios recortes de tapicería de los vehículos y una serie de pelos hallados tanto en los coches como en la fosa de La Romana. En su momento no se realizaron análisis de ADN mitocondrial debido a las limitaciones técnicas de la época.
Según Ríos, actualmente están pendientes de estudio:
- Pelos localizados en los vehículos utilizados por Ricart y Anglés.
- Pelos recuperados en la fosa de La Romana y en el colchón encontrado en el interior.
- Siete pelos hallados dentro de dos guantes recogidos en La Romana y en la caseta de Alborache.
- Pelos sin raíz extraídos durante las autopsias que nunca se llegaron a analizar.
El criminólogo insiste en que estas muestras se han conservado adecuadamente y que la tecnología actual ofrece una sensibilidad mucho mayor que en los años noventa.
El ADN mitocondrial, clave para interpretar las nuevas pruebas
Para avanzar en estos estudios, se solicitó recientemente ADN mitocondrial a los familiares de las tres víctimas. Con estas muestras de referencia será posible determinar si los perfiles genéticos detectados en su día corresponden a las propias niñas, a los condenados o a terceros.
“Hoy podemos leer cada detalle del perfil mitocondrial. Es posible que fragmentos que antes resultaban ambiguos puedan identificarse con precisión”, explica Ríos.
Raspaduras en la caseta de La Romana: un punto crítico
Otra de las líneas de investigación se centra en unas raspaduras recogidas en la caseta del paraje de La Romana, donde no se practicaron estudios genéticos en los años noventa. La presencia de ADN de las víctimas en ese escenario podría aportar una conexión directa entre la caseta y el crimen.
“Si apareciera ADN compatible con las niñas, sería la primera evidencia forense sólida que vincularía ese punto concreto con los hechos”, sostiene el criminólogo.
El ADN de Antonio Anglés y la búsqueda internacional
La muestra indubitada de Antonio Anglés —presunto coautor del crimen y fugitivo desde 1993— sigue siendo una pieza fundamental. Las autoridades españolas han solicitado a Irlanda y Reino Unido la comparación del ADN del prófugo con varios cuerpos no identificados recuperados en sus costas a lo largo de los años.
Irlanda, que no pertenece al Convenio de Prüm, está realizando cotejos manuales y, según Ríos, incluso ha ordenado algunas exhumaciones para descartar coincidencias.
¿Confirma la sentencia lo ocurrido?
El equipo de Ríos considera que más del 90% del relato judicial coincide probablemente con la realidad. Sin embargo, algunos perfiles genéticos no identificados hallados en los noventa obligan a mantener abiertas varias líneas forenses.
“Muy probablemente esos perfiles correspondan a las propias víctimas, pero hasta que las pruebas se completen no se puede descartar nada”, concluye el criminólogo.
Las familias de las niñas han solicitado expresamente que el procedimiento no se cierre y que no se declare fallecido a Anglés mientras existan diligencias pendientes.
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