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Dos manzanas triangulares de viviendas sociales, conocidas como el Corralón, emergen como una isla con mayor riesgo de mortalidad en torno a la calle Yecla, en Valencia. El Corralón destaca por su riesgo disparado en los hombres: un 33% más en cáncer de pulmón, un 40% en enfermedad pulmonar obstructiva crónica, un 68% en cirrosis y un 300% en sida. El lugar se ha popularizado por los videoclips del joven rapero valenciano Aloy, criado en el Corralón. Uno de sus éxitos empieza así: “Solo soy un niño barriobajero, no tengo dinero”.
El estadístico Miguel Ángel Martínez Beneito navega por el mapa de su ciudad, Valencia, mostrando una y otra vez el mismo patrón: un aumento gradual del riesgo de mortalidad desde los barrios adinerados a los más desfavorecidos, con un pico en los hombres de las zonas más pobres. El mayor exceso en cáncer de pulmón masculino, un 58% por encima del promedio, aparece en el Cabanyal, un barrio costero históricamente abandonado por las administraciones.© Mònica Torres (EL PAÍS) El estadístico Miguel Ángel Martínez Beneito, coordinador del atlas de mortalidad, en el Corralón (Valencia).
“Vemos que casi todas las enfermedades apuntan en la misma dirección, van al unísono. A mí me ha dejado fuera de juego ver hasta qué punto domina la parte socioeconómica en los mapas de mortalidad de todas las ciudades”, afirma Martínez Beneito. El atlas forma parte del proyecto MEDEA 3, una iniciativa coordinada por la Fundación Fisabio y financiada por el Instituto de Salud Carlos III para obtener una fotografía de la mortalidad en los barrios. Las 26 ciudades analizadas albergan al 25% de la población española.
El epidemiólogo Óscar Zurriaga, de la Universidad de Valencia, critica las políticas de derribar viviendas marginales para realojar sin más a la población. “Es muy efectista de cara a la opinión pública. Luego se plantan unos arbolitos y se dice que lo que antes era una zona degradada ahora es una zona verde. Ya, pero ¿dónde está aquella gente?”, reflexiona. “Esto se ha hecho constantemente, independientemente del color político, porque no se atacan las causas. El problema es la desigualdad y, por lo tanto, hay que resolver el problema de la desigualdad. Si no, lo único que hacemos es trasladar el problema de un sitio a otro”, afirma Zurriaga, vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología.
