Sueca sigue intentando asimilar uno de los crímenes más devastadores que se recuerdan en la localidad. Juan Francisco, de 48 años, autor confeso del asesinato de Álex, un menor de 13 años, ha declarado ante el juez que actuó tras sufrir lo que define como un “ataque de locura”, una pérdida de control que, según él, estaría directamente relacionada con la batalla judicial que mantenía con su exmujer por la custodia de sus hijos.
Durante su comparecencia judicial, el acusado no mostró arrepentimiento explícito ni aportó detalles del ataque, pero sí insistió reiteradamente en responsabilizar a su expareja del estado mental que, asegura, le condujo a cometer el crimen.
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Un asesinato sin discusión previa y con extrema violencia
La investigación judicial ha confirmado que no existió ningún enfrentamiento previo entre el acusado y el menor. Álex había acudido al domicilio para instalar un programa informático y jugar a la videoconsola con su amigo, el hijo del agresor. En la vivienda solo se encontraban los dos menores y Juan Francisco.
Según la autopsia, el niño fue asesinado con múltiples cuchilladas, infligidas con la fuerza de un adulto, y presentaba heridas defensivas en las manos, lo que indica que intentó protegerse. El ataque se produjo cuando el menor se dirigía al baño, de manera completamente inesperada.
“Ves lo que ha conseguido tu madre”: la frase que marca el relato
Tras cometer el crimen, y según consta en la investigación, Juan Francisco dejó a su hijo con los abuelos y se entregó posteriormente a la Guardia Civil. Antes de ello, el propio menor ha relatado que su padre lo abrazó, le dio agua y le dijo una frase que ha marcado el caso:
“Ves lo que ha conseguido tu madre”.
Esa afirmación, repetida después ante el juez, ha llevado a los investigadores a analizar el posible componente de violencia machista indirecta, al utilizar el asesinato de un tercero para culpar emocionalmente a su expareja.
Una guerra judicial por la custodia como telón de fondo
El acusado centró buena parte de su declaración en la conflictiva relación judicial con su exmujer tras la separación. Habló de informes de servicios sociales desfavorables, de procedimientos por la custodia de sus dos hijos —un niño de 13 años y una niña de 7— y de una sensación constante de persecución.
Pese a que, apenas días antes del crimen, se celebró una vista para adoptar medidas urgentes de protección de los menores —en la que la madre renunció a la custodia—, Juan Francisco aseguró que no percibía la situación como una victoria, sino como una acumulación de presiones que, según su versión, le empujaron al colapso mental.
Sin atenuantes, sin alcohol y sin colaboración plena
Uno de los elementos que más ha llamado la atención a los investigadores es que el acusado no ha intentado construir una defensa técnica clásica. No culpó a su hijo, pese a que este es inimputable por su edad, ni alegó consumo de alcohol o drogas como causa directa del crimen.
Tampoco accedió a que se le tomaran muestras de sangre o ADN para analizar posibles sustancias. Su única explicación ha sido insistir en la idea de una “locura repentina”, aunque sí reconoció estar en tratamiento psicológico por depresión.
Antecedentes y sistema VioGén
Las autoridades han confirmado que Juan Francisco estuvo incluido en el sistema VioGén en el pasado, aunque el caso se encontraba desactivado en el momento del crimen. No tenía diagnosticada ninguna patología mental grave, aunque en su entorno familiar existían antecedentes de trastornos del espectro autista.
Este contexto refuerza ahora una de las principales líneas de investigación: determinar si el asesinato fue una forma de violencia instrumental, dirigida simbólicamente contra su expareja, utilizando a un menor totalmente ajeno al conflicto.
Un crimen que obliga a mirar más allá del autor
El asesinato de Álex ha abierto un debate incómodo sobre la detección temprana de conflictos extremos, la protección de menores en entornos judicializados y la capacidad del sistema para anticipar estallidos de violencia cuando se acumulan denuncias, informes y procesos sin resolución emocional.
Mientras Juan Francisco permanece en prisión provisional, Sueca llora a un niño que solo fue a jugar a casa de un amigo. Y la investigación continúa, con una pregunta de fondo que sigue sin respuesta clara: cómo un conflicto adulto terminó cobrando la vida de un menor inocente.