Varado durante meses y cada vez con menos alimentos, Colón utilizó sus conocimientos astronómicos para anunciar que Dios haría desaparecer la Luna. Sabía exactamente cuándo iba a ocurrir y cuándo volvería a aparecer
Parece el argumento de una película de aventuras, pero ocurrió hace más de cinco siglos.
Jamaica, 1504.
Cristóbal Colón y sus hombres llevaban meses atrapados en la isla. Sus barcos estaban prácticamente destruidos, el rescate no llegaba y conseguir alimentos se había convertido en un problema cada vez más serio.
Entonces Colón descubrió que tenía una última carta que jugar.
No era un arma.
Tampoco un barco.
Era un eclipse de Luna.
Y decidió utilizarlo para convencer a los habitantes de Jamaica de que podía comunicarse con Dios.
Índice de contenidos
Colón llevaba meses atrapado en Jamaica
Todo ocurrió durante el cuarto y último viaje de Cristóbal Colón a América.
La expedición había sufrido enormes dificultades y sus embarcaciones estaban gravemente dañadas. Finalmente, en junio de 1503, Colón tuvo que vararlas en la costa norte de Jamaica.
La estancia que inicialmente debía ser provisional terminó prolongándose durante meses.
Al principio, los habitantes de la isla proporcionaron alimentos a los españoles mediante intercambios.
Pero la situación fue deteriorándose.
Los abusos y conflictos protagonizados por miembros de la expedición, además de un motín entre los propios españoles, contribuyeron a romper las relaciones con la población local.
Y llegó un momento en que los suministros comenzaron a escasear.
Colón necesitaba encontrar una solución.
La respuesta estaba escrita en unas tablas astronómicas
Entre los objetos que llevaba consigo había tablas astronómicas capaces de predecir determinados fenómenos celestes.
Las fuentes han discutido qué obra concreta utilizó. Tradicionalmente se ha relacionado el episodio con las tablas del astrónomo alemán Johannes Müller von Königsberg, conocido como Regiomontano, aunque existen referencias que relacionan los cálculos de Colón con el almanaque del astrónomo Abraham Zacuto.
Lo verdaderamente importante es que aquellas tablas contenían una información extraordinariamente valiosa.
Colón sabía que la noche del 29 de febrero de 1504 iba a producirse un eclipse total de Luna.
Y decidió convertir aquel conocimiento científico en un arma psicológica.
«Dios está enfadado con vosotros»
Colón solicitó reunirse con los dirigentes locales.
Entonces les transmitió un mensaje aterrador.
Su Dios estaba enfadado porque habían dejado de proporcionar alimentos a los españoles.
Y tenía una manera de demostrarlo.
Haría desaparecer la Luna.
O, más exactamente, provocaría que perdiera su brillo y adquiriera un aspecto amenazador.
Para quienes conocían la predicción astronómica, aquello no tenía nada de sobrenatural.
Pero los habitantes de Jamaica no sabían que Colón conocía de antemano lo que iba a ocurrir.
Solo tenían que esperar.
Y la Luna comenzó a desaparecer
Llegó la noche señalada.
La Luna empezó a entrar en la sombra de la Tierra.
Poco a poco fue oscureciéndose hasta adquirir el característico tono rojizo que puede observarse durante un eclipse lunar total.
La amenaza de Colón parecía estar cumpliéndose delante de todos.
Según el relato atribuido a Hernando Colón, hijo del navegante, la reacción fue inmediata.
Los habitantes acudieron alarmados hasta los españoles llevando provisiones y pidiendo al almirante que intercediera ante su Dios.
Querían que la Luna regresara.
Y Colón sabía que podía hacerlo.
Colón se encerró en su camarote
Aquí comienza la parte más cinematográfica de la historia.
Colón aseguró que necesitaba retirarse para hablar en privado con Dios.
Entró en su camarote.
Pero allí no estaba realizando ningún milagro.
Estaba esperando.
Según las reconstrucciones posteriores del episodio, utilizó un reloj de arena para controlar el desarrollo del eclipse y calcular cuándo terminaría la fase de totalidad.
El eclipse total duró aproximadamente 48 minutos.
Colón sabía que la Luna terminaría inevitablemente saliendo de la sombra terrestre.
Solo necesitaba aparecer en el momento adecuado.
«Dios os ha perdonado»
Cuando calculó que la fase total estaba a punto de terminar, Colón salió nuevamente.
Entonces anunció que había hablado con Dios.
Había conseguido convencerlo.
Los habitantes serían perdonados.
Y la Luna volvería a mostrarse.
Poco después comenzó a recuperar progresivamente su luminosidad.
Para quienes desconocían el mecanismo de los eclipses, aquello debió de resultar impresionante.
Colón había anunciado que la Luna desaparecería.
Había desaparecido.
Después había dicho que podía conseguir que regresara.
Y estaba regresando.
La estratagema había funcionado.
Los alimentos volvieron
A partir de aquel momento los españoles consiguieron nuevamente provisiones mientras continuaban esperando ayuda.
El conocimiento astronómico había proporcionado a Colón una enorme ventaja sobre quienes desconocían que el eclipse podía predecirse.
Y todavía pasarían meses antes de abandonar Jamaica.
Finalmente, los barcos de rescate llegaron y Colón pudo abandonar la isla a finales de junio de 1504.
Su cuarto viaje terminaría poco después.
El eclipse ocurrió realmente
Lo extraordinario es que podemos comprobar astronómicamente aquel fenómeno más de cinco siglos después.
Los cálculos modernos confirman que durante aquella noche se produjo efectivamente un eclipse total de Luna.
La totalidad duró aproximadamente 47 minutos y 36 segundos.
Es decir, el fenómeno utilizado por Colón no pertenece a una leyenda creada siglos después.
El eclipse existió.
Y la documentación histórica relaciona directamente su predicción con la estrategia empleada por el navegante para conseguir nuevamente alimentos.
Ciencia convertida en poder
La historia tiene hoy una lectura mucho menos inocente.
Colón no realizó ningún milagro.
Poseía información que los demás no tenían y la utilizó deliberadamente para manipularlos.
Precisamente por eso el episodio resulta tan interesante.
A comienzos del siglo XVI, predecir un eclipse exigía conocimientos astronómicos y disponer de unas tablas que muy pocas personas podían consultar.
Para Colón aquello era un fenómeno calculable.
Para quienes desconocían esos cálculos, el cielo acababa de confirmar exactamente lo que aquel extranjero les había anunciado.
Cinco siglos después sabemos qué ocurrió realmente aquella noche de Jamaica.
La Tierra se interpuso entre el Sol y la Luna.
La sombra terrestre cubrió nuestro satélite.
Y mientras todos miraban aterrados hacia el cielo, Cristóbal Colón esperaba dentro de su camarote, mirando un reloj de arena y contando los minutos hasta que la Luna volviera a aparecer.