Según el historiador y cronista oficial de Ceuta José Luis Gómez Barceló, «caballa» comenzó a utilizarse en el siglo XIX, y originalmente no designaba a todos los habitantes de Ceuta, sino a los integrantes de la flota pesquera ceutí.
Las aguas de Ceuta eran especialmente ricas en este pescado y las embarcaciones ceutíes capturaban enormes cantidades. Existe un dato muy llamativo: en solo dos jornadas de pesca de 1899 se habrían capturado unas 60.000 caballas.
De ahí habría surgido una expresión entre las demás flotas que navegaban por el Estrecho. Cuando veían aproximarse las embarcaciones procedentes de Ceuta, se decía:
«Ahí vienen los caballas».
Es decir, primero fueron “caballas” los pescadores ceutíes y después el nombre se extendió al conjunto de los habitantes de Ceuta.
Y podemos llevarlo, al menos, hasta 1895
Esto es lo que me parece más interesante. No estamos solamente ante una tradición oral.
Gómez Barceló señala una aparición escrita en la prensa ceutí de 1895, concretamente en el periódico El África. Por tanto, sabemos que la utilización de «caballa» vinculada a los ceutíes ya existía a finales del siglo XIX.
Otra historia sobre su origen cuenta que el sobrenombre inicialmente estaba muy relacionado con el arrabal de pescadores de Ceuta y que incluso hubo una época en la que algunos pescadores no recibían demasiado bien el apodo. Con el tiempo perdió esa connotación y acabó generalizándose a toda la población.
De apodo a motivo de orgullo
Lo curioso es la evolución:
siglo XIX: apodo de los pescadores → finales del XIX: ya aparece documentado → siglo XX: se generaliza entre los habitantes → actualidad: se convierte en una auténtica seña de identidad ceutí.
Y terminó llegando al diccionario. La RAE incorporó caballa con la acepción coloquial española de «ceutí», aplicable también a una persona. El reconocimiento se hizo público en 2010.
Por eso hay una diferencia bastante bonita entre las dos palabras:
«Ceutí» dice de dónde eres. «Caballa» puede expresar que te sientes de Ceuta.
De hecho, Gómez Barceló explica precisamente esa dimensión sentimental: caballa terminó ahondando en el sentimiento de ser «ceutí de corazón».
Y hay material aquí para una historia muy buena de Caos Amarillo: pescadores ceutíes del XIX → barcos cargados de caballas → otros pescadores gritando «ahí vienen los caballas» → 60.000 peces en 1899 → el apodo acaba identificando a toda Ceuta → más de un siglo después entra en la RAE.