Jesús Contreras, ingeniero de Caminos y miembro de la Asociación de Ingenieros de Caminos, alertó en el programa Horizonte, de que la presa funcionó al límite por problemas estructurales y falta de capacidad de control.
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Forata, una presa clave entre el Turia y el Júcar
Durante la DANA que afectó gravemente a la provincia de Valencia, el embalse de Forata, situado en la cuenca del río Magro, desempeñó un papel decisivo para evitar una catástrofe mayor. Su función fue laminar una avenida extrema y reducir el impacto aguas abajo.
Sin embargo, según explica Jesús Contreras, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y miembro de la Asociación de Ingenieros de Caminos, la presa aguantó en condiciones que no deberían considerarse aceptables desde el punto de vista de la seguridad.








Una avenida de 2.000 m³/s y un margen mínimo
La cuenca del Magro, de aproximadamente 1.000 kilómetros cuadrados, recibió durante la DANA una avenida estimada de 2.000 metros cúbicos por segundo. Gracias a la presa, el caudal evacuado se redujo a unos 1.000 m³/s.
Ese efecto de laminación fue clave para proteger a numerosos municipios. Pero el dato más alarmante es otro: el nivel del embalse se quedó a solo un metro del desbordamiento.
“Si llega a llover una hora más, la situación habría sido crítica”, advierte Contreras.
Una presa sin capacidad real de maniobra
Forata contaba originalmente con dos elementos fundamentales para la gestión del embalse: un desagüe de fondo y un desagüe de medio fondo, capaces de evacuar cerca de 100 m³/s.
Según el ingeniero, ambos sistemas llevaban quince años inutilizados, colmatados por sedimentos, lo que impedía vaciar el embalse de forma preventiva antes de una gran avenida.
“Sin desagües de fondo, no se puede gestionar el nivel del embalse. Solo queda esperar”, resume.
Un fallo estructural que rebajaba el nivel de seguridad
El problema no se limitaba a los sistemas de evacuación. Forata presentaba además un defecto estructural junto al estribo de la margen derecha, que rebajaba en tres metros la cota real de seguridad.
Esto significaba que la presa podía desbordar por un punto no preparado antes de alcanzar el nivel oficial de coronación.
“El cuenco de disipación preparado sufrió socavaciones de hasta tres metros. Imagínese ese caudal cayendo sin control por una zona no diseñada para ello”, explica Contreras.
Funcionó, pero no de la forma adecuada
Tras la DANA, circularon versiones que atribuían la riada a una supuesta apertura de compuertas. El ingeniero lo niega con rotundidad.
“Forata no se manejó. Las compuertas estaban abiertas y no había margen técnico para actuar. La presa funcionó por inercia, no por control”, señala.
Un problema estructural que va más allá de Forata
Para la Asociación de Ingenieros de Caminos, el caso de Forata no es una excepción, sino un ejemplo de un problema más amplio en la gestión de las presas en España.
Contreras recuerda que desde hace años vienen alertando de la falta de inversión, del deterioro de infraestructuras críticas y de la sobrecarga de responsabilidad en técnicos sin medios suficientes.
La advertencia final de los ingenieros
Forata evitó una tragedia mayor, pero lo hizo con un margen mínimo y con deficiencias conocidas desde hace años. La conclusión de los ingenieros es clara: la seguridad no puede depender de que deje de llover a tiempo.
“Las presas son imprescindibles para este país, pero necesitan mantenimiento, inversión y una gestión independiente de la seguridad”, concluye Jesús Contreras.
Autor: Redacción
Etiquetas: Forata, DANA, presas, ingenieros de caminos, seguridad hidráulica, Valencia
Fuentes: Entrevista a Jesús Contreras, Asociación de Ingenieros de Caminos