24 de diciembre de 2025
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El peligro no entiende de estaciones: los ahogamientos mortales se disparan fuera del verano

Más de la mitad de las muertes por ahogamiento ya se producen entre otoño e invierno y la Comunitat Valenciana vuelve a situarse entre las regiones más afectadas


El ahogamiento ha dejado de ser un riesgo asociado exclusivamente al calor y a las vacaciones de verano. Los datos más recientes confirman un cambio de patrón preocupante: la mayoría de las muertes por esta causa ya se producen fuera de la temporada estival, cuando la percepción de peligro disminuye y la prevención se relaja.

En lo que va de año, 452 personas han fallecido por ahogamiento en España, una cifra que supera el fallecido diario. De ellas, más del 50% perdió la vida fuera de los meses de junio, julio y agosto, lo que evidencia que el riesgo se ha cronificado a lo largo de todo el calendario.

La Comunitat Valenciana se mantiene como una de las zonas más castigadas. Con 64 fallecidos, ocupa el tercer puesto nacional, solo por detrás de Andalucía y Canarias. El clima benigno durante buena parte del año, unido a una elevada presencia de espacios acuáticos, amplía el periodo de exposición al peligro.

Los expertos advierten de que el buen tiempo invernal, cada vez más frecuente, empuja a muchas personas a bañarse, practicar deportes acuáticos o acercarse al mar y a los ríos sin la preparación ni las precauciones necesarias. A ello se suma un factor clave: la falsa sensación de seguridad cuando no hay oleaje visible o cuando se trata de entornos aparentemente tranquilos.

El perfil de las víctimas se repite con escasas variaciones. Ocho de cada diez son hombres, generalmente de entre 40 y 60 años, y en la mayoría de los casos no conocían bien el entorno acuático en el que se produjo el accidente. El mar sigue siendo el escenario más habitual, pero los ríos, piscinas privadas y zonas sin vigilancia ganan peso en los meses no estivales.

Los especialistas señalan tres errores recurrentes que se repiten en muchos de estos fallecimientos. El primero es el desconocimiento del comportamiento del agua, especialmente de corrientes de retorno que pueden actuar incluso en días aparentemente calmados. El segundo es la improvisación en los rescates, que acaba convirtiendo a personas sin formación en nuevas víctimas. Y el tercero, la reacción instintiva de nadar contra corriente, que agota rápidamente las fuerzas.

Ante esta realidad, los profesionales del salvamento insisten en la necesidad de romper la idea de que el peligro desaparece con el verano. Reclaman campañas informativas durante todo el año, educación acuática desde edades tempranas y una revisión de los periodos de vigilancia y socorrismo.

También recuerdan recomendaciones básicas que siguen ignorándose: no bañarse bajo los efectos del alcohol o ciertos medicamentos, extremar la precaución en personas con problemas de movilidad o salud y evitar zonas aisladas o sin acceso rápido a los servicios de emergencia.

El mensaje es claro: el agua no distingue estaciones. Y mientras no se asuma que el riesgo es permanente, las cifras seguirán repitiéndose año tras año.

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