26 de enero de 2026
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El portero del edificio relata en el juicio del canónigo un entorno de conflictos y jóvenes en situación de vulnerabilidad

El testigo asegura que la víctima mantenía encuentros sexuales con hombres necesitados y que los incidentes eran habituales

El juicio por el asesinato del canónigo de la Catedral de València, ocurrido en enero de 2024, ha arrancado este lunes en la Audiencia de Valencia con el testimonio del portero del edificio donde residía la víctima, una declaración que ha marcado la primera jornada del proceso por la crudeza de los hechos relatados.

El trabajador ha afirmado ante el jurado que el canónigo, de 79 años, llevaba con frecuencia a su vivienda a hombres jóvenes en situación de extrema vulnerabilidad a cambio de sexo, una práctica que, según ha señalado, generaba conflictos constantes con los vecinos y episodios de tensión dentro de la finca.

“Era una situación habitual y muy conflictiva”

El portero ha explicado que los encuentros se producían desde hacía tiempo y que, cuando el sacerdote empezó a percibir el malestar vecinal, citaba a estas personas fuera del horario habitual de portería. Según su testimonio, muchos de los jóvenes presentaban claros signos de precariedad social y económica.

Ha relatado además que, en ocasiones, el canónigo llegaba a encerrar a estas personas en la vivienda cuando salía, alegando miedo a posibles robos. El testigo ha calificado el ambiente como “repugnante y doloroso” tanto para él como para los residentes del edificio.

El hallazgo del cadáver

El propio portero fue quien descubrió el cuerpo sin vida del canónigo la mañana posterior al crimen, tras acudir a la vivienda acompañado de un amigo cercano de la víctima que no lograba contactar con él. Al acceder al domicilio, encontró al sacerdote tumbado en la cama, con claros signos de haber fallecido, lo que motivó el aviso inmediato a los servicios de emergencia.

Pocos minutos antes, el portero había recibido un mensaje desde el teléfono móvil del canónigo anunciando una supuesta ausencia durante varios días, un mensaje que en ese momento no le resultó especialmente extraño, ya que el sacerdote solía desplazarse a una vivienda en la playa.

Versiones enfrentadas en el juicio

La Fiscalía solicita una condena de 28 años de prisión para el acusado por los delitos de asesinato, robo con violencia y estafa, al considerar que participó de forma decisiva en los hechos, junto a una segunda persona aún no identificada.

La acusación sostiene que el acusado accedió al domicilio aprovechando la relación de confianza con la víctima y que, tras el crimen por asfixia, utilizó las tarjetas bancarias del canónigo para extraer dinero en cajeros automáticos.

Por el contrario, la defensa niega la participación del acusado en el homicidio y sostiene que solo cometió un delito de estafa, al utilizar las tarjetas sin conocer que el sacerdote había sido asesinado. El abogado ha subrayado que no existen huellas, ADN ni imágenes que sitúen a su defendido en la vivienda la noche de los hechos y ha criticado la investigación policial por centrarse desde el inicio en un único sospechoso.

Un proceso con jurado popular

El juicio se celebra mediante el procedimiento de jurado popular y está previsto que se prolongue hasta el próximo 3 de febrero, con la comparecencia de más testigos y peritos que deberán aclarar las circunstancias exactas del crimen y la posible implicación de terceras personas aún no identificadas.

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