El suspiro del Panteón
6 de noviembre de 2025 | Redacción
Roma, 1925. El arqueólogo Giacomo Boni asciende lentamente por los andamios que rodean la cúpula del Panteón. El aire está cargado de polvo antiguo y de silencio. Allí, una grieta diminuta dibuja una arruga en la piel del templo.

Ante sus ojos se abre la perfección: 43 metros de hormigón suspendidos sin hierro, una proeza nacida hace casi dos mil años y todavía intacta. Ninguna estructura moderna ha logrado igualar su pureza.
Boni se detiene y escucha. Entre las piedras cree oír algo parecido a un aliento. “El Panteón respira”, piensa. Cada grieta es un latido, cada sombra, una voz antigua que aún enseña a resistir.
El óculo deja caer un círculo de luz dorada que se mueve con el paso del sol, marcando el tiempo como un reloj celeste. Esa claridad no ilumina ruinas, sino una conversación que Roma mantiene con su propio pasado.
Entonces Boni comprende: las obras verdaderamente perfectas no mueren. Se agrietan, cambian, pero continúan hablando con quienes se detienen a mirar. El hormigón puede quebrarse, pero la armonía —esa arquitectura invisible del alma— permanece para siempre.
Etiquetas: Panteón de Roma, historia, Giacomo Boni, arquitectura, ingeniería romana, patrimonio cultural, Roma eterna