19 de abril de 2025
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El tupper que devoró la cocina: cómo la comida preparada está reescribiendo nuestras casas (y nuestras vidas)

Subtítulo: Lo que empezó como una solución para días perezosos se ha convertido en la norma. En plena fiebre de lo “listo para comer”, el cuchillo, el fuego y la sartén pierden la batalla diaria. Juan Roig ya lo avisó: “a mitad del siglo XXI no habrá cocinas”.


De plato casero a bandeja de supermercado: la evolución silenciosa

Pocas transformaciones en nuestra vida cotidiana han sido tan sigilosas y radicales como la que está ocurriendo en nuestras cocinas. O mejor dicho, con nuestras cocinas. Ese espacio antaño ruidoso, cálido, aromático —y ligeramente caótico— que fue el centro de la vida familiar, hoy empieza a parecerse más a un decorado escandinavo de revista de interiorismo. Todo blanco, todo limpio… y todo intacto.

La razón es sencilla y brutal: cada vez cocinamos menos. Y no solo por pereza, sino porque el mercado nos lo pone demasiado fácil para no hacerlo.

La comida preparada ya no es plan B: es el menú del día

No hablamos de la pizza congelada de los domingos. Hablamos de una industria en plena expansión que ya ofrece desde costilla asada hasta salmón con salsa romesco, pasando por paellas, fideuàs y ensaladas de marisco. Todo esto con la promesa de estar “listo para comer”, sin complicaciones y con apariencia de saludable. Aunque lo que más interesa es que no te roba ni cinco minutos de tu día.

Las cifras no dejan lugar a dudas. Según Kantar, las ventas de platos preparados se han disparado un 48% en solo dos años. Más de ocho millones de personas recurren a ellos regularmente. Y lo más llamativo: en el 20% de los casos ni siquiera se calientan. Se comen tal cual, como quien abre una bolsa de pipas, pero con más proteínas.

Juan Roig, el profeta del hogar sin fogones

Aquí es donde entra en escena Juan Roig, presidente ejecutivo de Mercadona, con una afirmación que ha pasado de exageración a titular serio:
“A mitad del siglo XXI no habrá cocinas”.

Y no lo dice con tono apocalíptico, sino con el entusiasmo de quien está viendo cómo su apuesta se convierte en oro. La sección “Listo para comer”, lanzada por Mercadona en 2018, ya está en más de 1.200 supermercados, y por primera vez ha sido rentable en 2024. El sueño del tupper infinito empieza a consolidarse.

Roig no solo cree que cocinaremos menos: cree que dejaremos de cocinar del todo. Y no lo dice como advertencia, sino como promesa de eficiencia.


Del hogar a la tienda: la cocina externalizada

El concepto de cocinar se está externalizando, como quien delega el control del termostato. ¿Para qué cortar verdura cuando puedes comprarla ya cortada, lavada, embolsada y aderezada? ¿Para qué encender el horno si tienes una bandeja de costillas asadas a 3,99 euros, que solo tienes que abrir y servir?

La lógica es aplastante: si puedes tener algo rico, rápido, limpio y sin esfuerzo, ¿para qué complicarte?

Este razonamiento ha calado no solo entre jóvenes sin tiempo, sino en familias enteras, jubilados y hasta en empresas que ofrecen comida preparada a sus empleados. La cocina como actividad se convierte en hobby, y como espacio, en una reliquia con campana extractora.


Del declive del fogón al rediseño del hogar

El impacto va más allá de los hábitos alimentarios. Está empezando a influir en el diseño arquitectónico. En Corea del Sur ya se construyen viviendas sin cocina. Y aunque en España aún no hemos llegado a ese extremo, los estudios de arquitectura empiezan a reducir el tamaño de este espacio. ¿Para qué un horno si nadie lo usa? ¿Para qué tres fuegos si con uno basta?

La cocina, que antes era el alma de la casa, empieza a parecerse a un despacho en tiempos de teletrabajo: funcional, sí, pero deshabitado.


Pero… ¿y la salud?

Aquí es donde se abre el debate. Porque aunque la industria se esfuerce en vendernos estos platos como opciones equilibradas, no todo lo que brilla en una bandeja de cartón reciclado es nutricionalmente glorioso. Muchas opciones son, simplemente, versiones “mejoradas” de la comida rápida de siempre. Un poco menos de grasa, un poco más de verde… pero sigue siendo comida industrial.

La memoria de Mercadona de 2024 recoge que la simplificación del proceso culinario también afecta a productos frescos. Por ejemplo, filetes de lenguado ya limpios, varitas de merluza sin gluten o nuggets de salmón, todo pensado para que el consumidor cocine… lo mínimo indispensable.

¿Comemos mejor? Tal vez. ¿Comemos más rápido? Sin duda. ¿Comemos con conciencia? Esa ya es otra historia.


La contradicción de los comedores escolares

Mientras tanto, los comedores escolares siguen sirviendo cuatro o más platos precocinados al mes en muchos centros. Y esto ocurre mientras se aprueban leyes que pretenden fomentar la alimentación saludable entre los más pequeños. Una contradicción que evidencia hasta qué punto lo fácil se impone incluso cuando hay buenas intenciones.

Porque sí, queremos comer bien. Pero también queremos que esté listo en cinco minutos.


¿Estamos dejando de cocinar por decisión o por inercia?

El auge de la comida preparada no es solo una cuestión de oferta y demanda. Es un síntoma de una sociedad que ya no encuentra tiempo —ni energía— para algo tan cotidiano como cortar una cebolla. Y eso tiene consecuencias culturales, emocionales y hasta arquitectónicas.

Quizás dentro de 25 años, como vaticina Juan Roig, entremos a una casa nueva y donde antes estaba la cocina haya un armario para guardar platos de cartón y tenedores de bambú.


Para reflexionar:
¿Es esta evolución una liberación del tiempo perdido entre fogones… o estamos renunciando a algo más profundo de lo que imaginamos?

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