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El Valencia golpea primero y sentencia en El Molinón: 0-2 al Sporting y billete a octavos de Copa
El Valencia resolvió con autoridad una noche incómoda, con lluvia y un césped exigente, para firmar un 0-2 ante el Sporting de Gijón y sellar su pase a los octavos de final de la Copa del Rey. Lo hizo con la receta más eficaz en un partido de eliminatoria: un golpe tempranero para condicionar el guion y un segundo zarpazo nada más volver del descanso para apagar cualquier intento de remontada.
El conjunto blanquinegro abrió el marcador muy pronto y, sin necesidad de un fútbol brillante, supo manejar los ritmos, enfriar los momentos de tensión y sostenerse cuando el Sporting intentó empujar. El resultado final premió a un Valencia pragmático, solidario y con pegada, capaz de convertir dos acciones clave en un billete a la siguiente ronda.
Un inicio fulminante: Beltrán adelanta al Valencia
El partido apenas se había asentado cuando el Valencia encontró premio. En una jugada que terminó con un remate desde la frontal y un rechace del portero, Lucas Beltrán apareció con instinto para cazar el balón suelto y mandar a la red el 0-1. El gol, además de la ventaja, trajo algo igual de valioso: obligó al Sporting a asumir riesgos y le entregó al Valencia un escenario más cómodo para explotar transiciones y segundas jugadas.
Con el marcador a favor, el Valencia no se aceleró. Optó por posesiones seguras, sin perder la estructura, y trató de que el encuentro se jugara donde más le convenía: lejos de su área y sin ida y vuelta constante. Aun así, tuvo opciones para ampliar la diferencia antes del descanso, especialmente en una llegada clara que rozó el poste y en otra acción que acabó con un disparo detenido por el guardameta.
El Sporting amenaza, pero el Valencia no se rompe
El Sporting intentó responder con orgullo, empujado por el ambiente de El Molinón. Encontró llegadas por banda y tuvo algún momento de agitación, sobre todo cuando logró pisar zona de remate y buscar centros laterales. Incluso llegó a ver cómo una acción que pudo ser el empate no subía al marcador por posición antirreglamentaria, en uno de los instantes que pudieron haber girado el partido.
Ahí apareció la parte más madura del Valencia: orden defensivo, ayudas constantes y una lectura clara de lo que pedía el choque. Sin alardes, el equipo fue sosteniéndose, minimizando pérdidas peligrosas y obligando al Sporting a atacar muchas veces con más corazón que precisión.
Golazo tras el descanso: Dani Raba firma el 0-2
Si el primer gol marcó el plan, el segundo lo dejó prácticamente cerrado. Nada más arrancar la segunda parte, Dani Raba culminó una acción con un primer toque magnífico y una definición a la escuadra para colocar el 0-2. Un gol de calidad, de esos que en Copa pesan doble, porque no solo amplían la ventaja: también desinflan al rival y convierten el tiempo en aliado.
Con dos goles de margen, el Valencia eligió la vía inteligente. Bajó pulsaciones, movió el balón con paciencia cuando pudo, no concedió espacios por dentro y obligó al Sporting a correr detrás de una remontada que se fue alejando minuto a minuto. El partido entró en un tramo más trabado, con interrupciones, cambios y alguna acción de tensión propia de una eliminatoria que se escapa.
Gestión del tramo final y un pase sin sobresaltos
El Sporting lo intentó con energía y piernas frescas desde el banquillo, pero el Valencia respondió con oficio. Hubo intervenciones de mérito del portero valencianista cuando tocó y, sobre todo, un ejercicio colectivo de contención para que el encuentro no se convirtiera en una moneda al aire.
El tramo final dejó una imagen clara: el Valencia controlando la situación, evitando conceder ocasiones limpias y administrando el resultado con la serenidad de quien sabe que el billete está cerca. Con el pitido final, el 0-2 confirmó el pase y reforzó una idea que siempre se repite en Copa: la eficacia manda, y el Valencia la tuvo.
Lo que deja el partido: eficacia, solidez y confianza
Más allá del marcador, el partido deja señales positivas para el Valencia. En una plaza exigente y con condiciones meteorológicas que obligaban a estar concentrado en cada control y cada despeje, el equipo respondió con seriedad. Beltrán abrió el camino con olfato y Dani Raba lo cerró con un golpe de talento.
En una competición donde los detalles deciden, el Valencia supo convertir sus momentos en goles y protegerse cuando el contexto pedía calma. El premio es claro: octavos de final y la ilusión de una Copa que, cuando se la toma en serio, suele devolver energía y confianza.
Etiquetas: Valencia CF, Sporting de Gijón, Copa del Rey, octavos de final, Lucas Beltrán, Dani Raba, fútbol