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Emilio Herrera Linares, el gran pionero español de la aeronáutica olvidado durante décadas
Militar, científico e inventor, Emilio Herrera fue una de las mentes más brillantes de la aviación española. Su legado quedó eclipsado por la guerra y el exilio.










Un granadino adelantado a su tiempo
Emilio Herrera Linares nace en Granada, en la calle San Isidro, el 14 de febrero de 1879. Desde muy joven demuestra una clara vocación técnica y científica que marcará toda su trayectoria. Con apenas 17 años ingresa en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, uno de los centros militares más exigentes de la época.
En 1903, con solo 22 años, alcanza el grado de teniente ingeniero militar, iniciando una carrera meteórica en un ámbito todavía incipiente: la aeronáutica.
Los primeros pasos de la aviación española
Herrera se convierte en 1905 en el noveno piloto de aerostato de España, en una etapa en la que el vuelo aún es sinónimo de riesgo, experimentación y ciencia aplicada. Cuatro años después, en 1909, contrae matrimonio con Irene Aguilera Cappa, que será un apoyo constante a lo largo de su vida.
En 1911 ya es el tercer piloto de dirigible de los construidos en Guadalajara y ese mismo año forma parte de la primera promoción de aviadores militares españoles, ocupando el número cuatro de su promoción. España comienza a mirar al cielo y Herrera está en primera línea.
Hazañas y proyectos visionarios
En 1914 protagoniza uno de los hitos de la aviación española al atravesar el Estrecho de Gibraltar junto a José Ortiz de Echagüe, demostrando las posibilidades reales del vuelo de largo recorrido.
En 1918 intenta impulsar una línea aérea transoceánica, una idea adelantada a su tiempo que finalmente logra desarrollar en Alemania, país puntero en tecnología aeronáutica en aquellos años.
Ciencia, modernidad y la Segunda República
La trayectoria de Emilio Herrera simboliza una generación de científicos españoles que alcanzan su plenitud intelectual durante la Segunda República. Su trabajo combina modernidad científica, innovación tecnológica y una visión profundamente humanista del progreso.
Como señaló el historiador Emilio Atienza, su odisea científica y personal fue “un microcosmos del cosmos intelectual de aquellos años”, una época que aspiraba a situar a España en la vanguardia científica internacional.
La escafandra que anticipó la conquista del espacio
En 1935, Emilio Herrera diseña la que muchos consideran la primera escafandra moderna de la historia, un traje presurizado pensado para vuelos estratosféricos que anticipa décadas antes los trajes espaciales utilizados en la carrera espacial.
Su invento no solo es una obra de ingeniería excepcional, sino una prueba de hasta dónde podía llegar la ciencia española cuando se le permitía desarrollarse sin interrupciones.
Guerra, exilio y silencio

La Guerra Civil española trunca su carrera, como la de tantos otros científicos e intelectuales. El exilio posterior lo aparta del reconocimiento institucional y condena su legado a un largo silencio.
Emilio Herrera fallece lejos de la España que había soñado modernizar, convertido en una figura respetada en círculos científicos, pero prácticamente olvidada en su país de origen.
La recuperación de una memoria histórica
En 2025, cincuenta y ocho años después de su fallecimiento, comienza a restablecerse su memoria y a recuperarse su legado mediante el reconocimiento oficial del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática.
El año 2026, declarado como el de los grandes vuelos de la aviación española, se perfila como el año de Emilio Herrera: el héroe español de la aeronáutica cuya figura vuelve a ocupar el lugar que nunca debió perder.
Etiquetas: Historia, Ciencia, Aviación, Memoria histórica, España
