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Ernesto Bosch: “Mi madre tenía lista una botella de champán para el día que dijera que quería ser médico”
Apr 18th 2025, 01:48
Ernesto Bosch se resistía a aceptar su destino. Es posible que hubiera sido un destacado periodista, dado que esa fue su primera vocación manifestada. Sin embargo, la fuerza de la genética fue más poderosa de lo que aquel joven podía reconocer, y finalmente prevalecieron los genes de su padre, un médico también dedicado a la reproducción. Aunque comparten nombre y apellido, el hijo ha logrado reconocimientos que su padre ni imaginaba, como ser uno de los cien médicos españoles más destacados según Forbes, junto a su jefe, el cofundador del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI), Antonio Pellicer. Esto no es una coincidencia, ya que en el 35 aniversario de la reconocida clínica de reproducción asistida, médicos como Remohí, Pellicer, Simón, Bosch y Cobo han liderado avances significativos a nivel internacional en el campo de la infertilidad. Durante un encuentro con la prensa para conmemorar el aniversario del centro, Pepe Remohí recordó: “En los congresos no creían que habíamos conseguido preservar óvulos”. Añadió, sonriendo, que fue la doctora Ana Cobo—su esposa—quien logró el hito. Este estilo personal, característico de la institución, también lo comparte Ernesto Bosch, quien lleva 25 años vinculado al IVI.
-¿Recuerda sus inicios en el IVI?
-Cuando comencé hace veinticinco años, me senté a la derecha de Pepe Remohí. En casa decía que debería pagar por estar a su lado aprendiendo, en lugar de recibir salario. Tanto él como Toni Pellicer han sido mis mentores y amigos. Recientemente, hablaba con Toni por WhatsApp sobre el partido del Real Madrid en la Champions League. Le comenté que para mí, recibir una oferta del IVI fue como si a un futbolista lo llamara el Real Madrid. Lo que realmente distingue a Pellicer y a Remohí es que nos han impulsado hacia el éxito.
-¿Ve al IVI como una cantera de talentos?
-Después de tres o cuatro meses, Toni tuvo una reunión en Suiza, la cual coincidía con la comunión de sus hijas. Encargó que yo, quien había tratado el tema en un trabajo de doctorado, lo representara entre los grandes expertos europeos. Mientras otros solo asistían a congresos, ya estaba dando ponencias gracias a la cultura que hemos adoptado.
Con una personalidad afable, Ernesto se ríe al recordar que, tiempo después, junto a él se sentó una joven médica con potencial, Elena Labarta, quien luego se convirtió en su esposa.
-¿Es complicado separar vida personal y profesional?
-Hemos aprendido, aunque no es fácil. Pasamos horas hablando de trabajo hasta que decidimos detenernos. El día a día y nuestros hijos ayudan mucho.
-¿Siempre tuvo clara su vocación?
-Mi madre dice que tenía una botella de champán lista para el día que dijera que quería estudiar Medicina, algo que le conté una noche de verano a la 1 de la madrugada. Inicialmente quise ser traumatólogo, pero tras presenciar una intervención decidí abrir mi mente.
-¿Le aconsejó su padre en su camino profesional?
-Nunca intervino, y yo tampoco influenciaré a mis hijos. Aún es temprano, pero con dos padres ginecólogos, tienen referentes fuertes, aunque quizás una visión distorsionada de la medicina debido a nuestras experiencias privilegiadas en el IVI.
-¿Siguió su propio camino en lugar de trabajar con su padre en la consulta privada?
-Mi padre trabajaba en La Fe y llevaba una consulta en la Gran Vía Fernando el Católico. Cuando apareció la oportunidad de unirme al IVI, él mismo me aconsejó no dejarla pasar, ya que el futuro de la reproducción estaba en centros multidisciplinarios, no en consultorios privados.
-¿Fue importante su formación en EE.UU.?
-Sin duda. Nací en Filadelfia, donde mi padre se formó durante seis años entre Filadelfia y Nueva York. Hice mi residencia en el mismo hospital de mi padre, guiado por un colega suyo. Él me enseñó lo crucial de gestionar las expectativas de los pacientes.
-¿Cómo maneja las emociones de sus pacientes?
-Es fundamental generar confianza, ya que el miedo y la falta de confianza pueden ser barreras para el éxito de los tratamientos.
-¿Cómo recibió el reconocimiento de Forbes?
-Es un orgullo que mi trabajo de veinticinco años haya sido reconocido, aunque no pienso mucho en ello. Lo supe un viernes y continué con mi vida diaria.
-¿Dónde se le puede encontrar fuera del trabajo?
-A menudo haciendo deporte. Corría maratones, ahora monto en bicicleta y juego golf, lo que me obliga a concentrarme. También disfruto viendo a mi hijo jugar al fútbol los sábados.
-¿Qué consejo daría a una joven médica que quisiera seguir sus pasos?
-Que estudie y disfrute, pues sin estudio no avanzará y sin disfrute el camino será muy difícil. No debe verlo como un sacrificio.
-¿Ha disfrutado de su carrera?
-Mucho, cada día.