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El impacto de la DANA en la vida de Esperanza: “Le pedí a mi marido que no saliera del coche. Me dijo adiós cuando se lo llevó el agua”
El incesante rastro de dolor dejado por la DANA sigue relatando escenas de tragedia y resistencia ante la jueza de Catarroja encargada de este caso. Los familiares de las 228 víctimas mortales continúan aportando sus desgarradores testimonios, que ilustran el alcance de aquel desastre. Esperanza y Juan, su marido, viajaban el 29 de octubre por la carretera entre Turís y Xirivella. “No llovía”, afirma Esperanza en su declaración. Sin embargo, poco después, mientras pasaban por una rotonda en Monserrat, “empezó a llover y encontramos piedras en la carretera”. El auto del matrimonio, padres de tres hijos, quedó inmovilizado.
El agua bloqueó el trayecto de la pareja de Turís. “Juan frenó”, recuerda Esperanza ante la magistrada. Entonces, los acontecimientos se precipitaron. “Una tromba de agua volteó el coche. Las ruedas quedaron atrapadas en el barro. Parecía que estábamos dentro de una cascada”, continúa su relato.
El vehículo comenzó a llenarse de agua. “El agua nos llegaba hasta las rodillas”. La desesperación del matrimonio crecía. “Nos trasladamos al asiento trasero tratando de resistir”. Pero el agua también lo inundó. Juan tomó entonces una medida desesperada. “Salió del coche para ver qué sucedía”. Esperanza intentó detenerlo: “¡No salgas!”. Fue en vano. “Apenas llegó al suelo, el agua lo arrastró. Me dijo adiós con la mano”, concluye su emotivo testimonio ante la jueza que investiga la gestión de la DANA.
Esperanza, en medio de la oscuridad y el agua, luchó por sobrevivir. “No podía abrir la puerta. No llevaba móvil ni linterna. Llovía y había relámpagos”. Así pasó varias horas, sumida en la incertidumbre. “Entonces, vi una luz”. No era una visión ni un fenómeno místico, sino “un hombre con un tractor”. El hombre se convirtió en su salvador. “Me dijo que saltara y me recogió en la pala, que estaba llena de agua”. Esperanza fue llevada a un almacén cercano, donde encontró refugio. “Pasé la noche en un sofá”.
Por la mañana, la pusieron a salvo. El cuerpo de su marido fue hallado tres días más tarde. Desde entonces, su vida ha cambiado drásticamente. “No duermo bien. No puedo estar a oscuras. Me sobresalto fácilmente”. Los hijos del matrimonio también han dado su testimonio ante la jueza. “Fue todo muy caótico”, lamenta una de ellas. Fueron ellos quienes encontraron el cuerpo de su padre. “Nadie fue a buscarlo. Si no hubiera sido por nosotros, no lo habríamos hallado”.
Para la hija, la vida ha cambiado irreversiblemente. “Estoy en tratamiento psicológico y no puedo vivir sola”. Uno de sus hermanos permanece de baja laboral desde entonces. Una vida truncada. Una familia destrozada. Otra muestra de los miles de afectados por el paso de la DANA.