13 de noviembre de 2025
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“Estoy subida en el sofá, pero entra el agua”: las angustiosas llamadas de teleasistencia durante la dana

“Estoy subida en el sofá, pero entra el agua”: las angustiosas llamadas de teleasistencia durante la dana

12/11/2025 · Redacción Valencia Noticias

Las transcripciones de dos mujeres de 90 años en Picanya y Utiel evidencian el miedo, la soledad y el colapso de los servicios de emergencia la noche del 29 de octubre de 2024

La noche del 29 de octubre de 2024, mientras la dana arrasaba la provincia de Valencia, decenas de personas mayores vulnerables buscaron ayuda donde pudieron: en el botón de teleasistencia. De los 37 usuarios del servicio fallecidos durante la catástrofe, las voces de dos mujeres de 90 años, una en Picanya y otra en Utiel, han quedado registradas en unas llamadas que hoy forman parte de la causa penal que instruye el juzgado de Catarroja.

Las transcripciones, notificadas a las partes personadas en la investigación, muestran una mezcla de miedo, impotencia y saturación absoluta del sistema. Frases como “estoy muy asustada, me está entrando agua en casa” o “estoy subida en el sofá, pero está entrando” se han convertido en símbolo del abandono que sienten muchas familias un año después.

Picanya: el agua por las ventanas y una vecina atrapada hasta las rodillas

El caso de Lorenza (nombre ficticio), usuaria del servicio de teleasistencia de la Diputacion de Valencia, resume la tragedia del barranco del Poyo a su paso por Picanya. Vivía en unas casas tuteladas para mayores situadas a escasos metros del cauce, una de las zonas más castigadas por la riada.

Por la tarde, cuando el agua ya comenzaba a entrar en la vivienda, la anciana llamó aterrorizada al servicio de teleasistencia:

Estoy muy asustada, me está entrando agua en casa por todas partes”, explica a la operadora. Desde el otro lado de la línea intentan mantener la calma:

Vale, ¿le está entrando agua, cariño?” “Por todas partes”, responde ella. “Vale… súbase a un sofá o a la cama”. “Estoy en el sofá”. “No se mueva de ahí, voy a avisar a los servicios de emergencia”.

Mientras tanto, una amiga de la víctima, también atrapada, llama desesperada al mismo servicio. Relata que ella ha podido refugiarse en un segundo piso gracias a una vecina, pero que el agua le llega “por encima de las rodillas” y no puede moverse. Sobre Lorenza, solo puede repetir una súplica: “Es una señora mayor que no se puede mover, vive en una planta baja, por Dios, ellos son los primeros”.

Las operadoras insisten una y otra vez llamando a la Policia de Picanya y al 112, pero se encuentran siempre con la misma respuesta: líneas saturadas o mensajes automáticos pidiendo que se deje la línea libre. El tiempo pasa y la angustia aumenta.

La última conversación: “Intente subir a la mesa”

La última llamada recogida en el auto judicial retrata un momento límite. El agua ya ha superado el sofá y la instruccion es clara:

Vale, cariño, está todo saturado, ¿tiene algún vecino?” “Entra con mucha fuerza”, contesta la mujer. “Súbase a lo más alto posible, no en el sofá, en una mesa”. “Estoy subida en el sofá, pero está entrando”. “Intente ir del sofá a la mesa y suba a la mesa. Sigo pidiendo ayuda, ¿vale?” “Vale, por favor, rápido”.

Después de esa conversación, las operadoras ya no logran volver a contactar con ella.

Utiel: una hija que no puede llegar y un 112 desbordado

La segunda transcripción corresponde a una usuaria de teleasistencia de la Generalitat en Utiel, una de las primeras localidades afectadas por las inundaciones. En este caso es la hija quien llama, atrapada por el agua y sin poder acceder al domicilio de su madre.

Estamos inundados. Me han dicho que han ido los bomberos, pero no podemos pasar de ninguna manera a la casa. Si está en casa tiene que estar muy mal, porque está el agua hasta arriba. Miren a ver si me lo pueden solucionar, por favor”, suplica.

El problema es doble: en la vivienda no hay luz, el telefono fijo no funciona y el botón de teleasistencia ha quedado inutilizado. Tras varios intentos, la operadora consigue contactar con el 112 y con la Policia Local, pero la respuesta que recibe refleja el colapso generalizado: “No estamos haciendo rescates” y “solo recogemos avisos y los pasamos al punto de coordinación”.

Mientras el agua sigue subiendo, la hija se aferra a la única informacion que le llega: “He hablado con una vecina de enfrente y dice que estaba entrando el agua por las ventanas, que no podían pasar la calle. O sea, que mi madre está dentro. Con 90 años y la casa medio llena de agua, no sé cómo estará ya”.

Un sistema saturado y pueblos desbordados

Las conversaciones muestran, una y otra vez, la misma respuesta de fondo: “Todos los servicios están saturados”. Las operadoras mencionan a la hija de Utiel que hay “muchos pueblos como el tuyo” en la misma situación: Paiporta, Catarroja, Algemesi, localidades donde el agua también anegó bajos, garajes y viviendas en cuestión de minutos.

Intentando sostenerla emocionalmente a distancia, una de las trabajadoras le dice: “Ellos intentarán por todos los medios acceder a los más vulnerables. Vamos a esperar que sea eso, no nos adelantemos. Si hay que llorar, ya lloraremos cuando toque”. Pero la hija, viendo el panorama desde la calle, solo puede responder: “No pueden entrar, yo creo que ya no hay solución”.

Las llamadas, ya incorporadas a la causa penal de la dana

Las transcripciones de estas conversaciones forman parte de la documentación que estudia la jueza Nuria Ruiz, titular del juzgado de Catarroja que investiga la gestion de la dana. La magistrada solicitó información detallada sobre el servicio de teleasistencia, los protocolos de actuación y los 37 usuarios fallecidos que dependían de este recurso cuando llegó la riada.

La causa trata de delimitar qué falló aquella tarde y aquella noche: la convocatoria tardía del Cecopi, la ausencia de alertas eficaces, la falta de medios de rescate o la inexistencia de planes específicos para personas mayores que viven solas en plantas bajas.

Hoy, esas voces que pidieron ayuda a través de un dispositivo colgado del cuello o de un teléfono fijo son, probablemente, uno de los documentos más crudos de la tragedia: el rastro sonoro de la vulnerabilidad extrema de quienes, con 90 años y el agua a la altura de las ventanas, solo podían repetir una frase al otro lado de la línea: “Estoy muy asustada, me está entrando agua en casa”.

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