Un estudio publicado en la revista Vacunas asegura que las personas mayores que toman anticoagulantes como el acenocumarol, conocido como Sintrom, pueden recibir la vacuna contra la Covid-19 sin preocupaciones. La investigación indica que la inmunización no produce alteraciones clínicas significativas en la coagulación de estos pacientes.
Liderado por María Francisca Monreal e Isabel Almodóvar, presidenta del Colegio Oficial de Enfermeros y Enfermeras de Castellón (COECS), y con la colaboración de Antonio Real, Manuel Jesús Romero, Carlos Andreu y Miguel Ángel Beltrán, el estudio transmite tranquilidad a pacientes y familias: los efectos secundarios son aislados y no generalizados.
Esta investigación, titulada ‘Efecto de la vacunación contra el SARS-CoV-2 sobre la coagulación en pacientes mayores de 60 años tratados con acenocumarol’, se desarrolló durante dos años e incluyó a 137 pacientes mayores de 60 años vacunados con Comirnaty, Moderna, Janssen o Vaxzevria y en tratamiento con acenocumarol.
El Índice Internacional Normalizado (INR), que mide la coagulación sanguínea, fue la principal variable analizada antes y después de la vacunación. También se consideraron el tipo de vacuna, la edad, el sexo y la dosis de acenocumarol. Aunque se observaron leves variaciones en ciertos subgrupos, como mujeres o personas vacunadas con Pfizer, estas diferencias no fueron clínicamente significativas.
Dada la poca magnitud de estos cambios, no se consideraron riesgos para la salud ni se requirieron ajustes en el tratamiento. Asimismo, no se encontró una relación directa entre la edad de los participantes y las variaciones del INR post-vacunación, ni diferencias notables entre las mediciones antes y después de cada dosis.
A pesar de leves fluctuaciones en algunos grupos, la vacunación no provocó alteraciones clínicas significativas en la coagulación de los pacientes. Según los investigadores, estos resultados son importantes porque refuerzan la seguridad de las vacunas en personas que toman anticoagulantes.
El estudio proporciona evidencia “sólida y tranquilizadora” en un contexto donde los efectos secundarios en pacientes crónicos son motivo de preocupación. Además, abre la posibilidad de futuras investigaciones sobre la interacción entre tratamientos anticoagulantes y otras vacunas o medicamentos.
En resumen, el estudio confirma que las vacunas contra el SARS-CoV-2 pueden administrarse de manera segura en este grupo de pacientes, siempre que se mantenga el control clínico habitual. Los beneficios de la inmunización superan ampliamente los posibles riesgos.