En la antigüedad los exvotos fueron ofrendas hechas como demostración de gratitud o reverencia a una divinidad. Eran creados de terracota, hierro o bronce y se veían en tumbas o lugares donde se ofrecía el culto a una deidad o súplica para la fecundidad. Como expresión de religiosidad popular se materializan a través de figuras de cera, papel, latón, bronce o plata y se colocaban junto a pinturas o imágenes de santos.

Como expresión de religiosidad popular se materializan a través de figuras de cera, papel, latón, bronce o plata y se colocaban junto a pinturas o imágenes de santos.

A estos últimos nos referimos. Siempre existió, en casi todas las iglesias y ermitas valencianas, un lugar destinado a depositar figuras de cera o metálicas de pies, manos, brazos, piernas, corazones, fotografías, estampas, medallas, escritos con el nombre de los afectados, oraciones y súplicas, objetos personales, unidos a otras formas que representaban el milagro de la sanación -o el ruego para sanar el mal-. Todo el conjunto pendía de las paredes destinadas a tal fin en la capilla de la iglesia, unos objetos ennegrecidos por el humo de las velas o el paso del tiempo que convertían el lugar en un espacio sobrecogedor mezclado de devoción, esperanza y agradecimiento.
También los exvotos fueron interpretados en retablos de cerámica representando un suceso con el santo o la santa milagrosa en la parte superior: una niña que caía por la escalera, un hombre atropellado por un carro o que era atacado por un toro, una mujer enferma en cama… era una iconografía corriente de este tipo de desgracias y la posterior sanación del afectado.

Los que inspiraban más compasión eran aquellos referentes a niños
Cuando se quería suplicar la curación de una enfermedad determinada se veían muletas, bastones y diversas prótesis, pero también ropas, adornos como lazos y coronas de novia, medallones, bandas de quintos, banderas, espadas y efectos militares para aquellos que se hallaban en la guerra o cumpliendo el servicio militar. Así se expresaba el agradecimiento o la súplica al milagroso santo de la devoción.
Ennegrecidos por el humo de las velas o el paso del tiempo convertían el lugar en un espacio sobrecogedor mezclado de devoción, esperanza y agradecimiento
Los que inspiraban más compasión eran aquellos referentes a niños. Se podían ver fotografías de ellos, con traje de comunión o en brazos de la madre, junto a zapatitos, juguetes, prendas del bautizo y sonajeros anunciando el sonido y la existencia de una joven vida que se resistía a cumplir la fatal estadística de la alta mortalidad infantil. El exvoto era la esperanza.