4 de septiembre de 2026
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Gaspar de Carvajal, el español que describió una Amazonia llena de poblaciones hace casi 500 años y al que la arqueología empieza a dar la razón

Gaspar de Carvajal, el español que describió una Amazonia llena de poblaciones hace casi 500 años y al que la arqueología empieza a dar la razón

El fraile que acompañó a Francisco de Orellana en 1542 relató grandes asentamientos, numerosas canoas y sociedades organizadas en las orillas del Amazonas. Durante siglos aquellas descripciones parecieron exageradas, pero los descubrimientos arqueológicos y el LiDAR están revelando una Amazonia precolombina mucho más poblada y transformada de lo que se creyó

En 1542, mientras Europa apenas comenzaba a comprender las verdaderas dimensiones del continente americano, un fraile dominico español descendía por un río desconocido para los europeos tomando notas de cuanto encontraba a su paso.

Se llamaba Gaspar de Carvajal y formaba parte de la expedición encabezada por Francisco de Orellana, la primera conocida de europeos que recorrió el Amazonas hasta alcanzar el Atlántico.

Carvajal dejó escrita una crónica extraordinaria. En ella aparecía una Amazonia que hoy puede resultar sorprendentemente moderna: territorios densamente ocupados, poblaciones extendidas junto a los ríos, abundancia de alimentos, cerámicas elaboradas, grandes cantidades de embarcaciones y comunidades capaces de organizar una considerable resistencia militar.

Durante mucho tiempo, aquellas descripciones resultaron difíciles de conciliar con la imagen posterior de una inmensa selva ocupada por poblaciones relativamente dispersas.

Casi cinco siglos después, la arqueología está obligando a revisar esa visión.

El viaje que comenzó buscando comida y terminó recorriendo el Amazonas

La historia comenzó lejos del gran río.

Orellana participaba en la expedición de Gonzalo Pizarro hacia el este de los Andes. Las dificultades para conseguir alimentos terminaron provocando que Orellana y un grupo de hombres continuaran río abajo.

Entre ellos viajaba Carvajal.

Lo que inicialmente debía solucionar un problema de abastecimiento acabó convirtiéndose en una extraordinaria exploración.

Los expedicionarios fueron arrastrados progresivamente hacia un sistema fluvial gigantesco hasta realizar el descenso del Amazonas y alcanzar finalmente el Atlántico.

Carvajal se convirtió en el cronista de aquella aventura.

Una selva que no parecía vacía

Uno de los aspectos más sorprendentes de su relato es la cantidad de población que afirmó encontrar.

Carvajal describió comunidades instaladas a lo largo de las riberas y zonas en las que los asentamientos parecían sucederse durante grandes distancias.

También habló de abundantes alimentos y de sociedades con capacidad para movilizar numerosas embarcaciones y combatientes.

La importancia de esas observaciones resulta evidente cuando se comparan con la imagen que terminaría imponiéndose de la Amazonia como un medio natural extraordinariamente difícil para mantener grandes concentraciones humanas.

Las misteriosas mujeres guerreras

El episodio más famoso ocurrió durante los enfrentamientos con las poblaciones indígenas.

La tradición sitúa el 24 de junio de 1542 uno de los acontecimientos que terminarían marcando para siempre aquella expedición.

Carvajal relató la presencia de mujeres combatiendo contra los españoles. Aquellas historias fueron relacionadas por los europeos con las amazonas de la mitología clásica, las legendarias guerreras descritas desde la Antigüedad.

La asociación acabaría vinculándose al nombre con el que conocemos actualmente al gran río.

Pero aquí conviene introducir una precaución histórica: la arqueología moderna no ha demostrado la existencia de aquella supuesta sociedad de mujeres guerreras.

El relato de Carvajal continúa siendo la fuente fundamental para aquel episodio y las interpretaciones posteriores estuvieron inevitablemente condicionadas por el conocimiento europeo del mito clásico de las amazonas.

¿Había exagerado Carvajal?

La duda sobre la fiabilidad de las primeras crónicas americanas no resulta sorprendente.

Las expediciones posteriores encontraron una Amazonia diferente en numerosos lugares: enormes extensiones selváticas y poblaciones mucho menos concentradas que las descritas durante el primer descenso.

Con el paso del tiempo apareció además una explicación científica aparentemente poderosa.

La Amazonia podía presentar una vegetación espectacular, pero gran parte de sus suelos resultaban pobres en nutrientes.

¿Cómo podían mantenerse entonces poblaciones enormes?

Betty Meggers y los límites de la selva

Esta cuestión adquirió especial importancia durante el siglo XX.

La arqueóloga estadounidense Betty J. Meggers, una de las investigadoras más influyentes en el estudio arqueológico de la Amazonia, defendió que las limitaciones ambientales de la región imponían un techo a la densidad demográfica y a la complejidad de las sociedades precolombinas.

Su planteamiento quedó plasmado especialmente en Amazonia: Man and Culture in a Counterfeit Paradise, publicado originalmente en 1971.

Meggers sostenía que detrás de la exuberancia de la selva existían importantes limitaciones para la explotación humana del territorio. El Smithsonian resume su planteamiento precisamente como la existencia de un límite ambiental para la densidad de población y la complejidad social precolombinas.

Era una interpretación enormemente influyente.

Pero la arqueología empezó a encontrar excepciones cada vez más difíciles de explicar.

Una Amazonia modificada por seres humanos

Excavaciones realizadas durante las últimas décadas han descubierto grandes asentamientos, movimientos de tierras, sistemas agrícolas, caminos y paisajes profundamente modificados por las sociedades indígenas.

La idea de una Amazonia completamente virgen comenzó a resquebrajarse.

Investigaciones posteriores han documentado asentamientos densos y permanentes a lo largo de importantes cursos fluviales, además de modificaciones profundas del paisaje en diferentes regiones de la cuenca.

Pero faltaba solucionar un enorme problema.

¿Cómo encontrar ciudades y construcciones debajo de millones de árboles?

La respuesta llegó desde el aire.

El LiDAR atraviesa la selva

La tecnología LiDAR permite emitir pulsos láser desde aviones y otros dispositivos y reconstruir con enorme precisión la superficie situada debajo de la vegetación.

Digitalmente pueden retirarse los árboles.

Y entonces aparece el terreno.

Lo que comenzó a revelarse bajo la Amazonia sorprendió incluso a los arqueólogos.

Un estudio publicado en Science en 2023 analizó 5.315 kilómetros cuadrados mediante LiDAR y descubrió 24 estructuras precolombinas que hasta entonces permanecían desconocidas.

Los investigadores utilizaron después modelos estadísticos para calcular cuántas podían continuar escondidas.

El resultado fue extraordinario.

Entre 10.272 y 23.648 estructuras arqueológicas precolombinas podrían permanecer todavía sin descubrir en la Amazonia.

Eso significaría que alrededor del 91 al 96 % de estas estructuras todavía permanecerían ocultas.

Miles de construcciones esperando debajo de los árboles

El mismo estudio encontró otra pista fundamental.

Los arqueólogos identificaron 53 especies de árboles domesticadas cuya presencia estaba significativamente asociada a los lugares donde aparecían aquellas estructuras.

La conclusión es importante porque sugiere que aquellas sociedades no se limitaron a sobrevivir dentro de un entorno natural intacto.

Transformaron la selva.

Cultivaron determinadas especies, modificaron terrenos y crearon paisajes más productivos para las necesidades humanas.

La Amazonia que conocemos actualmente conserva, por tanto, huellas de las sociedades que vivieron allí muchos siglos antes de la llegada europea.

Y entonces aparecieron auténticos centros urbanos

Uno de los descubrimientos más espectaculares llegó en el valle del Upano, en Ecuador.

Las investigaciones arqueológicas combinadas con LiDAR revelaron una extensa red de asentamientos prehispánicos.

Debajo de la vegetación aparecieron plataformas monumentales, plazas, calles, sistemas agrícolas, drenajes, terrazas y enormes carreteras rectas que conectaban diferentes núcleos.

Los investigadores describieron el conjunto como un sistema denso de centros urbanos prehispánicos integrado dentro de un paisaje profundamente transformado.

Algunas carreteras alcanzaban aproximadamente 20 kilómetros y se han documentado más de 6.000 plataformas de tierra. La ocupación se remonta aproximadamente al 500 a. C. y perduró durante alrededor de un milenio.

Estas poblaciones existieron muchos siglos antes del viaje de Carvajal.

Por tanto, no son las ciudades que describió el español en 1542.

Pero demuestran algo fundamental.

La Amazonia era perfectamente capaz de albergar sociedades numerosas, organizadas y capaces de modificar territorios enormes.

Entonces, ¿Carvajal decía la verdad?

Aquí está probablemente la parte más fascinante de la historia.

Los descubrimientos modernos no permiten afirmar que todo cuanto escribió Gaspar de Carvajal fuera literalmente cierto.

No se han localizado e identificado arqueológicamente una por una las poblaciones descritas en su crónica.

Tampoco se ha demostrado la existencia de la sociedad de mujeres guerreras que quedó asociada al nombre del Amazonas.

Pero la premisa utilizada durante mucho tiempo para desconfiar de algunas de aquellas descripciones ha cambiado radicalmente.

Hoy sabemos que en diferentes regiones de la Amazonia existieron sociedades densas y complejas, y que las poblaciones indígenas poseían amplios conocimientos sobre movimientos de tierra, agricultura, enriquecimiento de los suelos, gestión de los ríos y aprovechamiento de plantas y animales.

Carvajal pudo contemplar una Amazonia mucho más poblada que la que encontraron algunos viajeros posteriores.

¿Dónde desaparecieron aquellas poblaciones?

Esta pregunta conduce a otro de los grandes episodios de la historia americana.

La llegada europea introdujo enfermedades frente a las que las poblaciones indígenas carecían de inmunidad previa. Las epidemias, junto con las guerras, desplazamientos y transformaciones producidas durante la colonización, provocaron enormes pérdidas demográficas.

Las enfermedades podían además viajar por las redes indígenas antes incluso de que los propios europeos alcanzaran determinadas comunidades.

Por eso es posible que exploradores posteriores encontraran territorios profundamente diferentes de los observados durante las primeras décadas del contacto.

El bosque pudo recuperar rápidamente espacios anteriormente ocupados.

Caminos desaparecieron.

Campos quedaron cubiertos.

Construcciones de tierra fueron engullidas por la vegetación.

Y durante siglos la selva ocultó sus restos.

Cinco siglos después, la selva empieza a devolver la historia

Gaspar de Carvajal recorrió el Amazonas en 1542 y describió una realidad que durante mucho tiempo resultó difícil de aceptar.

Casi cinco siglos después, los arqueólogos están descubriendo debajo de los árboles carreteras, plataformas, plazas, fortificaciones, sistemas agrícolas y miles de estructuras construidas por sociedades precolombinas.

Todavía podrían permanecer ocultos más de 20.000 yacimientos.

Quizá nunca sepamos cuánto había de observación exacta, interpretación europea o exageración en cada una de las páginas escritas por Carvajal.

Pero una cosa ha cambiado profundamente.

La pregunta ya no puede reducirse a si era posible que la Amazonia hubiera estado densamente poblada.

La arqueología ha demostrado que, en numerosos lugares, lo estuvo.

Y mientras los pulsos láser continúan atravesando digitalmente una de las selvas más grandes del planeta, cada nuevo descubrimiento devuelve actualidad a las palabras que un fraile español escribió a bordo de una embarcación hace casi 500 años.

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