Dos años después del devastador incendio que arrasó un edificio residencial en el barrio de Campanar, en Valencia, la herida sigue abierta. Pero también ha surgido algo inesperado: una red de apoyo que ha transformado a decenas de vecinos en una auténtica familia.
El presidente de la Asociación de Propietarios Afectados por el Incendio de Campanar (Aproicam), Enrique Salvador, ha explicado que, pese a tratarse de una comunidad muy numerosa y, en principio, impersonal, la tragedia cambió por completo las relaciones entre los residentes.
“Con lo que nos ha sucedido hemos hecho una gran familia”, resume.
De vecinos anónimos a comunidad unida
Antes del incendio, muchos apenas se conocían. Era un edificio grande, con múltiples viviendas y rutinas cruzadas. Pero la emergencia, la evacuación, la pérdida material y el impacto emocional generaron un vínculo que no existía.









Durante estos dos años, los afectados han compartido reuniones, gestiones administrativas, trámites con aseguradoras, apoyo psicológico y homenajes a las víctimas. El dolor común ha actuado como elemento cohesionador.
La tragedia no solo destruyó viviendas: alteró vidas. Y esa experiencia compartida ha creado una identidad colectiva que, según los propios afectados, perdurará más allá de la reconstrucción.
“Poco hemos aprendido”: la advertencia técnica tras el incendio
Mientras los vecinos miran atrás con emoción contenida, desde el ámbito técnico llegan mensajes de preocupación.




El Observatorio de Nuevos Riesgos de Incendio considera que las lecciones aprendidas tras el fuego de Campanar han sido insuficientes. A su juicio, sigue pendiente una reforma urgente del Código Técnico de la Edificación (CTE) para elevar los estándares de seguridad en edificios residenciales.
Reclamaciones clave
Entre las principales demandas destacan:
- Actualizar el CTE para reforzar la resistencia al fuego en fachadas y materiales.
- Realizar un censo público de edificios potencialmente vulnerables.
- Agilizar la implantación de sistemas de detección y compartimentación más exigentes.
- Revisar normativas autonómicas y municipales relacionadas con la seguridad contra incendios.
El Observatorio advierte que no basta con el impacto mediático inicial. La seguridad estructural requiere reformas normativas profundas y voluntad política sostenida.
Valencia, memoria y prevención
El incendio de Campanar marcó un antes y un después en la ciudad de Valencia. No solo por la magnitud del fuego, sino por la rapidez con la que se propagó y el impacto social que generó.
Hoy, en el segundo aniversario, conviven dos realidades:
Por un lado, la fortaleza humana de quienes han reconstruido sus lazos sociales desde el dolor.
Por otro, la sensación de que el debate técnico y normativo todavía no ha alcanzado la profundidad necesaria.
Más allá del recuerdo
La memoria es imprescindible, pero la prevención es urgente.
Los vecinos han convertido su tragedia en unión. Ahora, expertos y colectivos reclaman que esa experiencia se traduzca también en cambios estructurales que reduzcan el riesgo en otros edificios similares.
Porque si algo ha demostrado Campanar es que la seguridad en la edificación no es un detalle técnico: es una cuestión de vidas.