






La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel deja cientos de muertos en Irán y reabre el choque diplomático entre Washington y Madrid
La escalada en Oriente Medio ya no es una hipótesis, es una realidad consolidada. Israel ha lanzado una nueva ola de ataques simultáneos contra objetivos en Irán y el Líbano mientras Estados Unidos mantiene su ofensiva aérea y respalda la operación militar en la región.
Según datos difundidos por la Media Luna Roja iraní, el balance provisional supera ya los 800 muertos en Irán desde el inicio de la ofensiva. Entre las víctimas figuran altos cargos del régimen y responsables militares, mientras Teherán ha respondido con el lanzamiento de misiles y drones contra territorio israelí y bases estadounidenses en distintos puntos de Oriente Próximo.
El conflicto entra así en una fase de mayor amplitud regional, con el Líbano como nuevo frente activo tras los bombardeos israelíes contra infraestructuras vinculadas a Hezbolá al sur del río Litani.
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Sánchez revive el “No a la guerra” y se abre un choque con Washington
En medio de la escalada militar, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha recuperado el lema del “No a la guerra” para definir la postura de España.
Desde el Palacio de la Moncloa, Sánchez subrayó que “la cuestión no es estar a favor de los ayatolás, que no lo estamos, sino defender el orden internacional”. Una declaración que llega después de que Donald Trump amenazara con revisar o incluso romper relaciones comerciales con España por su posición ante el conflicto.
El mensaje del presidente español ha sido respaldado por Emmanuel Macron, quien trasladó a Sánchez “toda su solidaridad” ante las críticas procedentes de Washington. Francia, no obstante, mantiene una línea diplomática propia y ha pedido contención tanto a Israel como a Líbano.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, desmintió además que España haya modificado su postura tras declaraciones de la Casa Blanca. “No ha cambiado ni una coma”, aseguró.
Presión estadounidense y reproches desde el Senado
El choque no se limita a la Casa Blanca. El senador republicano Lindsey Graham volvió a cargar contra España en redes sociales tras citar un mensaje del presidente iraní felicitando la posición española de no intervenir militarmente.
“Recibir el reconocimiento del régimen iraní debería ser una llamada de atención”, escribió Graham, alimentando una narrativa de presión política que va más allá del conflicto bélico.
Mientras tanto, el Senado de Estados Unidos rechazó una resolución que pretendía frenar la intervención militar ordenada por Trump, consolidando el respaldo institucional a la ofensiva.
La Unión Europea, en alerta
La Comisión Europea ha asegurado que está “preparada para actuar si es necesario para salvaguardar los intereses de la Unión Europea”, en un contexto en el que el riesgo de extensión del conflicto preocupa especialmente por su impacto energético y geopolítico.
Bruselas ha recordado además a Estados Unidos la necesidad de cumplir los compromisos asumidos en la Declaración Conjunta con la UE.
Repatriaciones y ciudadanos atrapados
En paralelo a la escalada diplomática y militar, continúa la evacuación de ciudadanos europeos de la región. Un grupo de 171 españoles ya vuela desde Mascate (Omán) hacia España tras haber sido repatriados.
Otros ciudadanos permanecen todavía en países cercanos al conflicto, pendientes de vuelos de salida o de la reapertura segura del espacio aéreo.
La dimensión civil del conflicto empieza a notarse en la presión sobre embajadas, consulados y aerolíneas, mientras el margen de maniobra diplomático se estrecha.
Una guerra que ya no es solo regional
Israel insiste en que continuará actuando “con fuerza” contra Hezbolá y cualquier infraestructura que considere amenaza directa. Por su parte, Estados Unidos mantiene contactos diplomáticos con Arabia Saudí y otros actores clave para contener una posible expansión del conflicto.
La incógnita es si la actual fase —caracterizada por ataques aéreos y guerra de misiles— evolucionará hacia un escenario más amplio y prolongado.
Mientras tanto, el tablero internacional se reconfigura a golpe de bombardeo y declaración institucional.
Y España, en ese tablero, intenta mantener una línea propia basada en el rechazo a la guerra, aunque eso suponga tensionar su relación con Washington en un momento especialmente delicado.