La Comunitat Valenciana ha perdido más de 1.300 oficinas bancarias en una década mientras crece el malestar entre las personas mayores por la falta de atención presencial.
La transformación digital de la banca y el cierre progresivo de sucursales continúan dejando huella en la Comunitat Valenciana. Diez años después del inicio de la gran reestructuración del sector y cuatro años después del movimiento Soy Mayor, no Idiota, impulsado por el médico valenciano Carlos San Juan, miles de personas mayores siguen denunciando dificultades para realizar gestiones básicas y la desaparición de la atención cercana que durante décadas ofrecieron las oficinas tradicionales.
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Más de la mitad de las sucursales han desaparecido
Los datos del Banco de España reflejan la magnitud del cambio. La Comunitat Valenciana ha pasado de contar con 2.409 oficinas bancarias en 2016 a apenas 1.068 en marzo de 2026, lo que supone la desaparición de 1.341 sucursales y una reducción del 55,7% de la red bancaria autonómica.
Lejos de frenarse, el proceso continúa avanzando. Solo durante el último año cerraron otras 19 oficinas y desde 2021, coincidiendo con la campaña liderada por Carlos San Juan, se han perdido más de medio millar de sucursales en territorio valenciano.
El problema no es solo la cantidad
Para muchos mayores, la desaparición de oficinas es solo una parte del problema. Las sucursales que continúan abiertas cuentan cada vez con menos personal, mayores tiempos de espera y una creciente dependencia de cajeros automáticos y aplicaciones móviles.
Carlos San Juan considera que las estadísticas oficiales no reflejan la realidad diaria de miles de usuarios.
“No se trata solo de contar oficinas. Hay que ver si hay personal suficiente, si los cajeros son comprensibles o si una persona mayor sale realmente con su problema solucionado”.
El impulsor del movimiento Soy Mayor, no Idiota denuncia además que muchos cierres se concentran en barrios con menor renta o en municipios pequeños, obligando a los usuarios a desplazamientos cada vez más largos para realizar operaciones sencillas como retirar efectivo o actualizar una libreta.
Colas, menos empleados y falta de accesibilidad
Otra de las principales quejas hace referencia a la reducción de plantilla en las oficinas que permanecen abiertas. Los empleados deben atender la caja, resolver incidencias, ayudar en el uso de los cajeros y gestionar el resto de operaciones, lo que provoca esperas prolongadas y dificultades para prestar una atención personalizada.
A ello se suman aspectos aparentemente menores pero muy importantes para una población envejecida, como la ausencia de zonas de espera adecuadas o la falta de asientos para personas con problemas de movilidad.
Para muchos usuarios mayores, acudir al banco se ha convertido en una experiencia incómoda y, en ocasiones, frustrante.
La digitalización no llega a todos
Aunque la banca online continúa creciendo, la brecha digital sigue siendo una realidad. Mientras tres de cada cuatro españoles utilizan servicios financieros a través de internet, el porcentaje cae notablemente entre las personas mayores de 65 años y se reduce todavía más entre quienes superan los 75 años.
Aplicaciones móviles, claves digitales, firmas electrónicas o cajeros cada vez más complejos se han convertido en barreras para miles de usuarios que continúan necesitando atención presencial.
Promesas sin resultados visibles
Tras la repercusión nacional de la campaña Soy Mayor, no Idiota, el Gobierno y las principales entidades financieras impulsaron un decálogo de buenas prácticas destinado a mejorar la atención a las personas mayores.
Sin embargo, Carlos San Juan considera que aquellas medidas se han quedado muy lejos de las expectativas porque carecían de mecanismos de control y cumplimiento obligatorio.
“Cuando algo depende únicamente de la buena voluntad, acaba quedándose corto”, resume el médico valenciano.
Un servicio cada vez más esencial
El debate trasciende ya la simple relación entre cliente y banco. Para muchos colectivos, disponer de una cuenta bancaria es hoy imprescindible para cobrar una pensión o una nómina, domiciliar recibos o realizar cualquier pago cotidiano.
Por ello, asociaciones de mayores y organizaciones sociales reclaman que la atención bancaria básica sea considerada un servicio esencial y que las administraciones establezcan mayores garantías para evitar que la digitalización deje atrás a una parte importante de la población.
Mientras tanto, el goteo de cierres continúa y para muchos valencianos la ventanilla que desapareció sigue siendo el mejor símbolo de un problema que, cuatro años después, consideran todavía sin resolver.