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Los asirios representaron hace más de dos milenios unas extraordinarias embarcaciones circulares navegando por el Tigris. En 1932 todavía podían fotografiarse en Bagdad barcos construidos siguiendo prácticamente el mismo principio
Hay imágenes históricas que resultan sorprendentes por separado.
Pero cuando se colocan juntas cuentan una historia extraordinaria.
La primera nos lleva aproximadamente al año 700 a. C., cuando el rey asirio Senaquerib gobernaba uno de los mayores imperios de la Antigüedad.
La segunda fue tomada en Bagdad en 1932.
Entre ambas transcurrieron aproximadamente 2.600 años.
Y, sin embargo, en las dos aparece prácticamente la misma idea: una enorme embarcación circular utilizada para desplazarse y transportar mercancías por los grandes ríos de Mesopotamia.
Es la quffa, también escrita guffa, ghuffa o kufa, uno de los ejemplos más sorprendentes de continuidad tecnológica de la historia.
Una barca que parece una cesta
La quffa desafía nuestra imagen convencional de una embarcación.
No tiene la característica forma alargada de un barco.
Es prácticamente circular.
Su aspecto recuerda a una enorme cesta flotante y pertenece a la familia de embarcaciones que habitualmente denominamos coracles.
Su principio era extraordinariamente sencillo: construir una gran estructura ligera mediante materiales vegetales y convertirla posteriormente en una embarcación impermeable.
El betún natural desempeñó durante milenios un papel fundamental en Mesopotamia como material impermeabilizante, incluido el calafateado de embarcaciones.
El resultado era una embarcación aparentemente rudimentaria, pero perfectamente adaptada a las condiciones de los ríos mesopotámicos.
Senaquerib las hizo representar en su palacio
La prueba arqueológica más espectacular procede de Nínive, cerca de la actual Mosul, en Irak.
Senaquerib gobernó Asiria entre 704 y 681 a. C. y convirtió Nínive en una monumental capital imperial.
Su enorme Palacio Suroccidental estaba decorado con extensos relieves que mostraban campañas militares, trabajos de construcción y escenas de la vida del imperio. El British Museum conserva numerosos paneles procedentes de aquel complejo.
Entre ellos existe un extraordinario relieve fechado entre 700 y 692 a. C.
Y allí aparecen las quffas.
El British Museum identifica expresamente dos coracles y una gran balsa navegando por el Tigris. Las embarcaciones participaban en los trabajos asociados a las gigantescas construcciones de Senaquerib.
Otro panel del mismo conjunto muestra tres coracles transportando materiales, mientras cerca de ellos aparecen pescadores flotando mediante pieles infladas.
Aquellas imágenes fueron esculpidas hace aproximadamente 2.700 años.
Y 2.600 años después seguían allí
Ahora observemos la segunda fotografía.
Ya no estamos ante un relieve arqueológico.
Estamos ante una cámara fotográfica.
La imagen está fechada en 1932 y muestra a dos hombres junto a una enorme embarcación circular en el río Tigris, en Bagdad.
La ficha histórica identifica inequívocamente la embarcación como una guffa tradicional. La fotografía procede del departamento fotográfico de la American Colony de Jerusalén y se conserva en la colección de la Library of Congress estadounidense.
Otra documentación sobre aquella misma colección fotográfica resulta todavía más interesante.
Durante septiembre y octubre de 1932 fueron fotografiados en Bagdad trabajadores relacionados con estas embarcaciones. Algunas fotografías muestran las quffas después de ser alquitranadas y otras preparadas para recibir nuevamente el revestimiento impermeabilizante.
Es decir, la cámara no solamente captó las barcas.
Captó también el mantenimiento de una tecnología tradicional antiquísima.
¿Por qué sobrevivió durante tantos siglos?
Porque funcionaba.
Una tecnología no necesita ser moderna para resultar eficaz.
Las quffas podían construirse con materiales disponibles localmente y permitían transportar personas y mercancías por el Tigris.
Su forma circular tenía además una característica peculiar: no existían realmente una proa y una popa como en una embarcación convencional.
Eso permitía maniobrar de una manera completamente diferente.
Para poblaciones que vivían alrededor de los grandes ríos de Mesopotamia, lo importante no era que el barco pareciera sofisticado.
Lo importante era que flotara, transportara carga, pudiera construirse con recursos disponibles y fuera reparable.
Y durante siglos aquella cesta gigantesca cumplió perfectamente su función.
De un imperio antiguo al Bagdad moderno
Eso es precisamente lo extraordinario de colocar juntas ambas imágenes.
En la superior vemos una representación realizada por artistas de uno de los grandes imperios de la Antigüedad.
Asiria.
En la inferior aparecen habitantes del Irak del siglo XX.
Habían desaparecido los reyes asirios.
Nínive había sido destruida.
Babilonia había caído.
Habían pasado persas, griegos, partos, romanos, sasánidas, diferentes califatos, mongoles y otomanos.
Habían cambiado las religiones, las lenguas, las fronteras y los imperios.
Pero el Tigris continuaba corriendo.
Y sobre sus aguas seguía flotando una enorme cesta circular.
Una fotografía tomada en 1932 lo demuestra
La comparación constituye además un buen recordatorio de algo que a veces olvidamos al estudiar la historia.
El progreso tecnológico no siempre consiste en sustituir inmediatamente una tecnología antigua por otra nueva.
Cuando un objeto está perfectamente adaptado a su entorno, puede sobrevivir durante generaciones.
En el caso de la quffa, hablamos de una tradición documentada arqueológicamente durante más de dos milenios.
No podemos afirmar que cada detalle constructivo permaneciera inalterado durante todo ese tiempo.
Pero sí podemos contemplar un relieve asirio del primer milenio antes de Cristo y una fotografía del siglo XX y reconocer inmediatamente el mismo principio de embarcación.
Una superviviente de Mesopotamia
Quizá por eso la quffa resulta tan fascinante.
Normalmente contemplamos los relieves asirios como imágenes pertenecientes a un mundo desaparecido.
Pero en este caso tenemos algo excepcional.
Podemos observar una embarcación tallada sobre la piedra hacia 700 a. C. y después contemplar una fotografía realizada aproximadamente 2.600 años más tarde en la misma región.
El imperio que encargó el primer relieve había desaparecido hacía milenios.
La embarcación, no.
Y probablemente esa sea la mejor definición de una tecnología verdaderamente eficaz:
una idea tan sencilla y adaptada a su entorno que consiguió sobrevivir a los imperios que la utilizaron.

¿Y aparece en Assassin’s Creed Mirage?
La referencia es interesante porque Assassin’s Creed Mirage recrea el Bagdad del siglo IX y utiliza embarcaciones circulares inspiradas en este tipo de transporte mesopotámico. Pero para VN yo lo pondría únicamente como curiosidad final, no como parte central del artículo, porque la verdadera historia de estas embarcaciones ya es mucho más sorprendente que el videojuego.
Nota de rigor : tampoco pondría «utilizada de manera continua desde la Edad del Bronce hasta 1932» salvo que encontremos una serie documental que permita demostrar literalmente esa continuidad sin interrupciones. Lo que sí podemos afirmar con mucha seguridad es que los coracles están documentados iconográficamente en la Mesopotamia neoasiria hacia 700 a. C. y que las guffas seguían utilizándose en el Tigris en Bagdad en 1932.







