Índice de contenidos
Un vídeo en el que un dron persigue a un vendedor alrededor de su furgoneta ha vuelto a poner el foco sobre los ataques contra civiles en Jersón, una práctica investigada por Naciones Unidas y conocida entre los habitantes como «safari humano»
Un hombre corre alrededor de una furgoneta intentando utilizar el vehículo como escudo. Sobre él vuela un pequeño dron. Cada vez que cambia de dirección, el aparato modifica su trayectoria y continúa siguiéndolo. Finalmente se aproxima y explota. La escena no pertenece a una película ni a un videojuego. Ocurrió en Jersón, en el sur de Ucrania, y constituye uno de los últimos ejemplos de un fenómeno que los habitantes de la zona han bautizado como «safari humano».
El vídeo, difundido por las autoridades ucranianas a principios de agosto de 2026 y verificado por Reuters, muestra el ataque contra Yurii, un vendedor de verduras de 52 años. El hombre consiguió sobrevivir, aunque sufrió heridas de metralla, conmoción y lesiones provocadas por la explosión.
El caso ha vuelto a dirigir la atención internacional hacia lo que sucede desde hace tiempo en Jersón: el empleo de pequeños drones FPV contra personas y vehículos civiles.


No se trata únicamente de acusaciones formuladas por Ucrania. Una investigación de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania de Naciones Unidas concluyó en 2025 que las fuerzas armadas rusas habían realizado ataques con drones contra civiles en la provincia de Jersón que constituían crímenes de guerra y que los asesinatos cometidos mediante estos ataques alcanzaban la consideración de crímenes contra la humanidad.
Un dron persiguiendo a un vendedor
Las imágenes difundidas en agosto son especialmente impactantes por la aparente selección individual del objetivo.
El hombre se encontraba trabajando como vendedor en un mercado de Jersón cuando detectó el aparato.


En lugar de producirse una explosión indiscriminada a distancia, las imágenes muestran cómo el dron sigue sus movimientos mientras Yurii intenta protegerse utilizando su vehículo.
Cuando corre hacia un lado, el aparato cambia de posición.
Cuando intenta ocultarse, continúa siguiéndolo.
Finalmente, el dron se aproxima y detona.
El hombre sobrevivió y posteriormente relató desde el hospital lo ocurrido. Las autoridades ucranianas denunciaron el episodio como un crimen de guerra.
¿Qué es el denominado «safari humano» de Jersón?
La expresión «human safari» —«safari humano» o «caza humana»— comenzó a ser utilizada por habitantes de Jersón para describir ataques en los que drones FPV aparentemente seleccionan y persiguen objetivos civiles.
Estos aparatos son relativamente pequeños, extremadamente maniobrables y permiten al operador observar prácticamente en tiempo real lo que capta la cámara instalada en el dispositivo.
Esto significa que quien pilota el dron puede modificar su trayectoria mientras sigue a una persona o un vehículo.
La Comisión de Investigación de Naciones Unidas analizó durante meses este tipo de ataques y concluyó que existía un patrón dirigido contra población civil en territorios situados en la margen derecha del río Dniéper.
Posteriormente, la ONU amplió sus conclusiones y señaló que los ataques contra civiles y objetos civiles mediante drones de corto alcance se extendían por localidades situadas a lo largo de aproximadamente 300 kilómetros de la margen derecha del Dniéper.
29 civiles muertos por drones en un solo mes
La dimensión del fenómeno puede observarse en las cifras correspondientes a julio de 2026.
Según las autoridades locales de Jersón, los ataques con drones provocaron durante ese mes 29 civiles muertos y 395 heridos.
En total, considerando drones, artillería, bombas aéreas y otras armas, las autoridades locales contabilizaron 32 fallecidos durante julio.
Radio Free Europe/Radio Liberty confirmó igualmente que las autoridades de Jersón atribuían a los ataques de drones FPV esos 29 fallecidos durante julio.
La presión sobre la población civil continúa.
El 14 de agosto, por ejemplo, seis personas resultaron heridas, entre ellas un adolescente de 16 años, después de que un dron atacara un automóvil civil en la localidad de Darivka, dentro de la región de Jersón.
La ONU investigó los ataques durante meses
Uno de los elementos que diferencia este fenómeno de otras acusaciones habituales durante una guerra es la existencia de una investigación internacional independiente.
La Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania de Naciones Unidas examinó ataques producidos durante aproximadamente diez meses.
Su conclusión fue especialmente grave.
Según la Comisión, las fuerzas rusas habían utilizado drones para atacar deliberadamente a civiles y habían cometido asesinatos que constituían crímenes contra la humanidad.
La investigación también identificó ataques contra ambulancias y otros servicios de emergencia.
La Comisión consideró que la naturaleza reiterada de los episodios, su extensión geográfica y el tipo de objetivos seleccionados demostraban que no podían explicarse simplemente como daños accidentales derivados de operaciones militares.
Human Rights Watch también documentó los ataques
Naciones Unidas no es la única organización que ha investigado lo sucedido.
Human Rights Watch publicó en junio de 2025 una investigación específica sobre la utilización de drones contra civiles en Jersón.
La organización documentó decenas de ataques y entrevistó a supervivientes y testigos.
Entre los objetivos investigados aparecían personas que caminaban por la calle, circulaban en bicicleta o conducían vehículos, además de infraestructuras civiles.
La organización concluyó que los ataques deliberados contra civiles constituían crímenes de guerra.
Una ciudad donde mirar al cielo se ha convertido en rutina
Jersón ocupa una posición especialmente peligrosa.
La ciudad fue ocupada por Rusia durante los primeros meses de la invasión iniciada en febrero de 2022 y posteriormente recuperada por Ucrania.
Sin embargo, las fuerzas rusas permanecen al otro lado del río Dniéper.
La proximidad del frente permite utilizar pequeños drones FPV, mucho más baratos que los grandes misiles o los drones de ataque de largo alcance.
Su reducido coste y su capacidad de maniobra han transformado profundamente la guerra.
Un aparato equipado con cámara permite observar carreteras, edificios, vehículos y personas.
Y esa misma tecnología que inicialmente se convirtió en una herramienta militar contra soldados, vehículos blindados o posiciones defensivas puede utilizarse también contra personas desarmadas.
Para muchos habitantes de Jersón, el sonido de un pequeño dron se ha convertido por ello en una señal inmediata de peligro.
Vídeos que pueden convertirse en pruebas
Existe además otro elemento extraordinario de esta guerra: muchos ataques quedan registrados por las propias cámaras instaladas en los drones.
Algunas grabaciones han terminado apareciendo en redes sociales y canales de Telegram.
Precisamente esas imágenes están siendo recopiladas y analizadas por investigadores y organizaciones internacionales.
Lo que en determinados canales puede difundirse como propaganda puede acabar convirtiéndose en material utilizado para reconstruir un posible crimen de guerra.
La Fiscalía de Jersón ha abierto numerosos procedimientos relacionados con ataques mediante drones y diferentes organismos internacionales continúan recopilando pruebas.
Rusia y Ucrania se acusan mutuamente de atacar civiles
Moscú niega que sus fuerzas tengan como objetivo deliberado a la población civil y acusa repetidamente a Ucrania de realizar ataques contra civiles dentro de territorio ruso.
Ucrania sostiene, por su parte, que sus operaciones están dirigidas contra objetivos militares, industriales y logísticos vinculados al esfuerzo bélico ruso.
Las acusaciones cruzadas forman parte de una guerra en la que los drones se han convertido en una de las armas principales.
Pero en el caso concreto de Jersón existe un elemento adicional: las conclusiones de una investigación independiente de Naciones Unidas que atribuye a las fuerzas rusas ataques deliberados contra civiles mediante drones.
La guerra convertida en una persecución individual
La tecnología está cambiando también la experiencia de quienes viven una guerra.
Durante décadas, el principal temor de la población situada cerca del frente eran los bombardeos, la artillería o los francotiradores.
Los drones han añadido una amenaza diferente.
Una persona puede saber que está siendo observada.
Puede ver acercarse el aparato.
Puede intentar esconderse.
Y el dispositivo puede seguirla.
Eso es precisamente lo que convierte las imágenes del vendedor de Jersón en algo tan perturbador.
Durante unos segundos, Yurii corre alrededor de su vehículo intentando escapar de una máquina que modifica su trayectoria siguiendo cada uno de sus movimientos.
Sobrevivió.
Otros habitantes de Jersón no han tenido la misma suerte.
Y mientras los pequeños drones continúan sobrevolando las calles próximas al Dniéper, una expresión que parecía propia de una distopía se ha incorporado al vocabulario cotidiano de una ciudad en guerra:
«safari humano».