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La CHJ advierte que la dana podría haber dejado la Albufera al borde del aterramiento
Las imágenes satelitales capturadas en los días posteriores a la dana ilustran la tragedia medioambiental que trajo consigo la intensa lluvia sobre la Albufera el 29 de octubre. El verde característico de la laguna fue reemplazado por el marrón de los sedimentos. La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) ha expresado su preocupación por el impacto de esta llegada masiva de sedimentos al lago. Según el organismo, la Albufera podría estar “próxima al aterramiento”, con áreas donde la profundidad media, anteriormente de un metro, se ha reducido de forma significativa. Esta situación plantea un serio problema en una laguna que ya enfrenta amenazas por la escasez de agua.
El plan de resiliencia presentado recientemente por la CHJ detalla cómo los caudales de la rambla del Poyo, el barranco de Picassent y otros afluentes desbordados durante la riada desembocaron en la Albufera de Valencia, afectando su ecosistema. Estos problemas están relacionados principalmente con la potencial sedimentación excesiva de la laguna y el deterioro de la calidad del agua debido a la contaminación por vertidos de aguas residuales, tras el daño a las Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR) de la cuenca.
El Cecopi fue informado en enero sobre la llegada de limos contaminados al lago
Tras la dana, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) investigó el evento para analizar su desarrollo y consecuencias. Informes de diversos institutos del CSIC han revelado la magnitud de la catástrofe, incluida su dimensión medioambiental. En enero de 2025, los resultados de estas investigaciones se presentaron en el Centro de Coordinación Operativa Integrada (Cecopi), donde se señaló que los sedimentos del barranco del Poyo y otros afluentes que fluyen hacia la Albufera estaban contaminados microbiológicamente. Además, algunas plantas depuradoras quedaron dañadas, provocando vertidos incontrolados en la Albufera, como ocurrió con la depuradora de Torrent, que fue destruida y reconstruida por la Generalitat. A pesar de que la dana tuvo inicialmente un efecto positivo al limpiar el lago, según el profesor de Ecología de la Universidad de Valencia Juan Soria, a largo plazo, la calidad del agua ha empeorado. Durante el último Simposio XL’Albufera organizado por este medio, científicos alertaron de la falta de avances en la salud del lago en el último año y pidieron más atención de las administraciones.
El lago, descrito por la CHJ como una “laguna somera” de unos 25 kilómetros cuadrados con una profundidad media inferior a un metro, ha sido impactado por la importante entrada de sedimentos a raíz de la dana.
Un estudio preliminar realizado por el Grupo de Modelación Hidrológica y Ambiental (GIMHA) del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA) de la Universitat Politècnica de València (UPV) estimó que la rambla del Poyo transportaba un 30% de sedimentos del volumen total del agua desbordada. Esta información coincide con las investigaciones del CEDEX, que tras recopilación de muestras de sedimentos y simulaciones hidráulicas estimaron un acumulado de 20 a 25 hectómetros cúbicos de sedimentos. Para ilustrar, 20 hectómetros cúbicos es la capacidad del embalse de la Muela de Cortes. Gran parte de estos sedimentos terminaron en la Albufera.
En respuesta, el Ayuntamiento de Valencia ha autorizado, a través de la concejalía de Devesa-Albufera, la realización de un estudio batimétrico completo del lago con fines científicos. La iniciativa, anunciada por el presidente de la Generalitat en el IV Simposio XL’Albufera, tiene como objetivo analizar el nuevo estado de las profundidades de la laguna tras la tormenta. La autorización incluye el uso de una embarcación equipada con ecosonda monohaz para medir la profundidad y el relieve del fondo del lago siguiendo perfiles paralelos cada 20 metros.