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Una escena de una tumba de Saqqara constituye una de las representaciones más antiguas conocidas de una circuncisión. Siglos después, la práctica se convirtió en una cuestión fundamental para judíos y primeros cristianos
Mucho antes del nacimiento del cristianismo e incluso antes de que fueran escritos los textos bíblicos en la forma en que hoy los conocemos, los antiguos egipcios ya practicaban la circuncisión masculina.
Una de las pruebas más extraordinarias permanece todavía en Saqqara, la gran necrópolis situada al sur de El Cairo.
En la tumba de Ankhmahor, un alto funcionario que vivió durante la VI Dinastía egipcia, aparece representada una intervención que tradicionalmente ha sido interpretada como una circuncisión.
La escena tiene aproximadamente 4.300 años.
Y constituye uno de los testimonios visuales más antiguos conocidos de esta práctica.
Una operación representada hace más de cuatro milenios
Ankhmahor fue un importante personaje de la corte durante el reinado del faraón Teti, fundador de la VI Dinastía, aproximadamente en el siglo XXIV a. C.
Su mastaba de Saqqara contiene numerosas escenas relacionadas con actividades cotidianas y rituales.

Pero una de ellas ha llamado especialmente la atención de generaciones de egiptólogos.
En la representación aparecen varios hombres mientras se realiza una intervención sobre los genitales de dos de ellos.
En una parte de la escena, uno permanece de pie mientras otro individuo se encuentra agachado frente a él manipulando la zona genital con un instrumento.
En otra, un hombre parece ser sujetado mientras se realiza una operación semejante.
La escena ha sido interpretada tradicionalmente como una circuncisión, aunque algunos aspectos de su significado continúan siendo objeto de discusión académica.
Los especialistas consideran la representación de Ankhmahor una de las principales evidencias sobre esta práctica en el Reino Antiguo egipcio.
¿Por qué se circuncidaban los egipcios?
Aquí comienza el misterio.
Sabemos que la circuncisión existió en el antiguo Egipto.
Lo que resulta mucho más difícil establecer es por qué se realizaba exactamente y quiénes estaban obligados a someterse a ella.
Se han propuesto diferentes explicaciones.
Una de ellas relaciona la práctica con la pureza ritual, especialmente entre personas vinculadas a determinadas funciones religiosas.
Otra posibilidad es que funcionara en ciertos contextos como rito de paso entre la infancia y la edad adulta.
También se han planteado razones relacionadas con higiene, identidad social o pertenencia a determinados grupos.
Pero ninguna explicación puede aplicarse con seguridad a todos los egipcios durante los aproximadamente tres milenios de historia faraónica.
Una investigación publicada por la Universidad de Sevilla subraya precisamente que tanto el grado de implantación como el significado de la circuncisión egipcia continúan siendo discutidos, especialmente durante los periodos más antiguos.
Por tanto, tampoco podemos afirmar que todos los hombres del antiguo Egipto estuvieran circuncidados.
El testimonio de Uha
Existe además otra conocida referencia egipcia relacionada con la práctica.
Una inscripción autobiográfica atribuida a un individuo llamado Uha relata una circuncisión realizada junto a un numeroso grupo de hombres y destaca su comportamiento durante el procedimiento.
Este y otros testimonios han llevado a los investigadores a estudiar si determinadas circuncisiones podían realizarse colectivamente y formar parte de ceremonias relacionadas con el paso hacia una nueva etapa de la vida.
La evidencia disponible, sin embargo, es demasiado limitada para reconstruir una única ceremonia de circuncisión válida para todo Egipto.
La investigación egiptológica analiza todavía cuestiones como la edad de los circuncidados, su posición social, las técnicas utilizadas y si las ceremonias eran individuales o colectivas.
Abraham y la señal de una alianza
Muchos siglos después encontramos la circuncisión desempeñando un papel completamente diferente dentro de la tradición bíblica.
El capítulo 17 del Génesis presenta a Dios estableciendo una alianza con Abraham.
La señal física de esa alianza debía ser precisamente la circuncisión.
El texto establece que los varones pertenecientes a la comunidad debían ser circuncidados y fija para las generaciones posteriores el octavo día después del nacimiento. También relata la circuncisión de Abraham y de su hijo Ismael, que entonces tenía trece años.
La circuncisión adquirió así una extraordinaria importancia religiosa dentro del judaísmo.
Ya no estamos simplemente ante una posible práctica higiénica, médica o de iniciación.
Era la señal corporal de una alianza religiosa.
Y muchos siglos después esa obligación provocaría uno de los primeros grandes debates del cristianismo.
El problema de los primeros cristianos
Jesús y sus primeros discípulos eran judíos.
Pero después de su muerte, el movimiento comenzó a extenderse entre poblaciones no judías del mundo grecorromano.
Y apareció una pregunta fundamental.
¿Debía convertirse primero en judío quien quisiera convertirse en seguidor de Jesús?
La cuestión tenía enormes consecuencias.
Si la respuesta era afirmativa, los varones gentiles que se incorporasen a las primeras comunidades cristianas tendrían que aceptar, entre otras obligaciones, la circuncisión.
Pablo de Tarso se convirtió en una de las figuras fundamentales de aquel debate.
Su misión estaba dirigida especialmente hacia los gentiles y defendió que la circuncisión no debía imponerse a quienes procedían de otros pueblos.
El conflicto aparece repetidamente en sus cartas.
El Concilio de Jerusalén
El Nuevo Testamento sitúa el gran enfrentamiento sobre esta cuestión en el denominado Concilio de Jerusalén, tradicionalmente fechado alrededor del año 49 o 50.
El capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles relata que algunos creyentes procedentes del judaísmo defendían que los gentiles debían ser circuncidados.
Pablo y Bernabé se opusieron.
La reunión de los dirigentes de la comunidad terminó sin imponer la circuncisión a los conversos gentiles.
Aquella decisión tuvo consecuencias extraordinarias.
El cristianismo podía expandirse entre griegos, romanos y otros pueblos sin exigir previamente que los hombres adoptaran una de las principales señales corporales de pertenencia al judaísmo.
Pablo desarrollaría además una idea fundamental: para los gentiles, la pertenencia a la nueva comunidad religiosa no dependía de llevar en el cuerpo aquella señal física.
Una decisión que ayudó a cambiar la historia
Es difícil exagerar la importancia histórica de aquella controversia.
Si la circuncisión hubiera sido obligatoria para todos los conversos masculinos, la expansión del cristianismo dentro del mundo grecorromano habría tenido una barrera cultural adicional considerable.
La posición defendida por Pablo permitió que el nuevo movimiento religioso pudiera extenderse entre poblaciones no judías sin exigirles adoptar plenamente la identidad ritual judía.
Con el tiempo, la circuncisión dejó de constituir una obligación religiosa para la inmensa mayoría de las comunidades cristianas.
Para el judaísmo, en cambio, continuó siendo uno de sus ritos fundamentales.
¿Inventaron los egipcios la circuncisión?
No podemos saberlo.
La escena de la tumba de Ankhmahor es una de las representaciones más antiguas conservadas, pero eso no significa necesariamente que los egipcios inventaran la práctica.
Que una civilización nos haya dejado la primera evidencia conocida de una costumbre no demuestra que fuera la primera en realizarla.
La circuncisión terminó apareciendo, además, en diferentes sociedades y culturas del mundo.
Su verdadero origen se pierde en la prehistoria.
Lo extraordinario es que podemos seguir parte de su recorrido histórico durante más de cuatro mil años.
En una pared de una tumba egipcia aparece un hombre sometiéndose a una intervención.
Siglos después, el Génesis convirtió esa misma modificación corporal en la señal de la alianza entre Abraham y Dios.
Y aproximadamente dos milenios después de aquella representación egipcia, los primeros seguidores de Jesús tuvieron que decidir si los nuevos cristianos también debían llevarla.
La respuesta fue decisiva.
Una práctica representada en las paredes de Saqqara hace más de cuatro milenios terminó situada en el centro de uno de los debates que ayudaron a definir qué sería el cristianismo.


