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El último adiós en la Ciudad Fallera: Ximo Esteve se jubila tras 50 años y cierra su taller


La falta de relevo generacional y la baja rentabilidad aceleran la desaparición del oficio fallero
La Ciudad Fallera pierde a uno de sus nombres históricos. Ximo Esteve, artista fallero y exvicemaestro del gremio, se jubila tras medio siglo de trabajo y cierra su taller, dejando tras de sí más de 300 fallas plantadas y toda una vida dedicada al oficio.
Su marcha simboliza una realidad cada vez más evidente: la desaparición progresiva de los talleres tradicionales en Valencia.
De 62 talleres a apenas una docena
Lo que fue un polígono artesanal lleno de vida hoy vive una transformación radical. De las 62 naves originales, apenas sobreviven una docena dedicadas a la creación de fallas o carrozas.
El resto han cambiado de uso: empresas, talleres industriales, gimnasios, espacios deportivos o incluso centros religiosos ocupan ahora los antiguos templos del arte fallero.
Un oficio que ya no es rentable
El cierre del taller de Esteve no responde a falta de vocación familiar. Sus hijos crecieron entre ninots y pintura, pero han optado por otros caminos profesionales.
La razón es clara: el oficio ya no es rentable. Mientras los costes de materiales han aumentado —hasta un 17% en el último año—, los presupuestos siguen anclados en cifras de hace más de una década.
“He estado trabajando a pérdidas los últimos años solo para poder jubilarme”, lamenta el artista.
Un taller que se vacía, una historia que se apaga
Estos días, el taller de Esteve se vacía. Ninots, herramientas y recuerdos salen poco a poco, en una escena que se repite cada vez con más frecuencia en la Ciudad Fallera.
Compañeros de profesión rescatan piezas, materiales o estructuras, intentando darles una segunda vida en futuras creaciones.
Pero el sentimiento es compartido: cada cierre es una pérdida irreparable para el oficio.
La Ciudad Fallera, en un punto de no retorno
Actualmente, más del 90% de las naves ya no están en manos de artistas falleros. Los pocos que resisten apenas pueden asumir uno o dos proyectos al año.
El polígono se ha transformado en un espacio heterogéneo donde conviven empresas de mensajería, ingeniería, carpintería, gimnasios o pistas de pádel.
El futuro del oficio, en riesgo
Ximo Esteve se despide con una preocupación clara: la falta de protección real a una profesión que forma parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Propone la creación de una nueva Ciudad Fallera con alquileres asequibles, apoyada por administraciones y fondos europeos, que permita a las nuevas generaciones continuar con el oficio.
“Si no se actúa, desaparecerá la profesión… y no habrá fallas”, advierte.
Una despedida que va más allá de un taller
El cierre de este espacio no es solo el final de una etapa personal, sino el reflejo de una crisis estructural que amenaza el corazón de las Fallas.
Porque con cada taller que baja la persiana, Valencia pierde una parte de su identidad.
Etiquetas: Ciudad Fallera, Valencia, fallas, artistas falleros, patrimonio, cultura valenciana
Fuente: Redacción

