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La consola clónica de 1991 que leía juegos de NES y Famicom: cuando el pirateo fue revolución

A principios de los años 90 llegó a muchos hogares españoles una consola desconocida, barata y sorprendente. Leía cartuchos de NES y Famicom sin adaptadores, aceptaba juegos originales y piratas y se convirtió, sin saberlo, en la puerta de entrada al videojuego para toda una generación.
Un híbrido inesperado en plena fiebre de los 8 bits
En 1991, mientras Nintendo dominaba oficialmente el mercado con su NES, en los márgenes del sistema comercial florecía otro ecosistema paralelo. Consolas clónicas, fabricadas principalmente en Asia, empezaron a llegar a Europa bajo marcas desconocidas, envueltas en cajas llamativas y con promesas técnicas tan ambiciosas como imprecisas.
Entre todas ellas destacó un modelo peculiar comercializado bajo el nombre Creation. No era una NES oficial, pero hacía algo que la consola original nunca permitió de forma nativa: leer cartuchos de Famicom (60 pines) y NES (72 pines) en una misma máquina.

Lee todo: originales, copias y multicart
La clave de su éxito fue sencilla: compatibilidad total. Esta consola no distinguía entre mercados ni licencias. Funcionaba con cartuchos japoneses, europeos, americanos y con los populares juegos pirata que inundaban mercadillos y bazares.
En una época sin bloqueo regional y sin controles digitales, este tipo de máquinas ofrecían una libertad absoluta. Donde Nintendo imponía normas, estas consolas ofrecían acceso. Y donde el precio de un cartucho original era prohibitivo, los multicart de 100 o 300 juegos se convertían en el estándar doméstico.
Diseño noventero y marketing exagerado
La estética no pasaba desapercibida. Cajas ilustradas con personajes de estilo anime, tipografías agresivas y eslóganes en inglés prometían experiencias “excitantes” y “sonido estéreo”, aunque el hardware real fuera modesto.
Muchos packs incluían pistola óptica compatible con televisores CRT, lo que permitía jugar a títulos tipo Duck Hunt. Era una consola pensada para impresionar en el escaparate y convencer en casa.
Cómo funcionaban realmente estas consolas
A nivel técnico, la mayoría de estos sistemas utilizaban chips clónicos conocidos como NOAC (NES on a Chip) o combinaciones discretas que replicaban la arquitectura de la NES. No eran idénticos al hardware original, pero ofrecían una compatibilidad sorprendentemente alta.
Algunos juegos presentaban pequeñas diferencias gráficas o sonoras, pero para el usuario medio el funcionamiento era prácticamente idéntico. La consola arrancaba rápido, no fallaba con cartuchos desgastados y toleraba contactos sucios mejor que la NES oficial.
La consola real de muchos niños
Para miles de hogares españoles, esta fue su primera y única consola. No era un sustituto: era la consola. Gracias a su precio accesible y a la abundancia de juegos, democratizó el acceso al videojuego en una época donde el ocio digital aún era un lujo.
Estas máquinas construyeron una memoria colectiva que hoy resurge con fuerza en el coleccionismo retro. No llevan el sello de Nintendo, pero sí el recuerdo intacto de tardes interminables frente al televisor.
De producto marginal a objeto de culto
Hoy, más de tres décadas después, estas consolas clónicas han pasado de ser vistas como copias sin valor a piezas históricas. Representan una época sin DRM, sin actualizaciones y sin tiendas digitales. Una época donde jugar era sencillo, inmediato y compartido.
Su valor no reside solo en el hardware, sino en lo que simbolizan: una industria paralela que desafió a los gigantes y ganó una batalla silenciosa en los salones de miles de casas.
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