La biodiversidad vegetal ausente: un estudio global revela el impacto humano oculto en los ecosistemas, con participación navarra
Pamplona, 3 de abril de 2025 – 18:30 h — Aunque aparentemente sanos y verdes, muchos ecosistemas vegetales esconden una ausencia silenciosa: la diversidad que podría estar, pero no está. Así lo demuestra un estudio global sin precedentes publicado en la revista Nature, en el que han participado más de 200 científicos de todo el mundo, y que ha contado con una destacada colaboración del Instituto BIOMA de la Universidad de Navarra.
Los investigadores Ricardo Ibáñez y Mercedes Valerio han sido los encargados del trabajo de campo en el entorno de Napal, una pequeña localidad situada en el valle de Romanzado, en Navarra. Entre 2019 y 2020, recorrieron con rigor científico y paciencia naturalista algunas de las zonas más recónditas de las foces de Arbaiun y Benasa, las sierras de Leyre e Illón, y barrancos como el de Racas o Cerréncano. En total, estudiaron 96 parcelas seleccionadas al azar en un radio de 10 kilómetros. En una de ellas, cercana a Bigüézal, llegaron a registrar 95 especies distintas de plantas, una de las parcelas más ricas de todo el proyecto internacional.
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¿Qué es la “diversidad oscura”?
El concepto central del estudio es lo que se denomina “diversidad oscura”: las especies nativas que podrían vivir en un determinado ecosistema, pero que están ausentes. Este tipo de análisis permite entender no solo lo que hay en un hábitat, sino lo que debería haber si las condiciones fueran óptimas.
Gracias a un trabajo colaborativo sin precedentes, con casi 5.500 parcelas analizadas en 119 regiones de todo el mundo, el estudio concluye que la mayoría de los ecosistemas presentan un déficit de especies vegetales, y que esa ausencia se acentúa en regiones afectadas por el impacto humano.
Huella humana: un efecto que traspasa fronteras
El Índice de Huella Humana, que mide el grado de transformación de una región mediante variables como la densidad de población, infraestructuras y uso del suelo, ha sido clave en este estudio. Los resultados son preocupantes: en áreas poco impactadas, los ecosistemas contienen hasta un tercio de las especies potenciales, mientras que en zonas intensamente transformadas por la actividad humana, esa cifra desciende a una de cada cinco.
Peor aún: los efectos de esta huella se extienden a cientos de kilómetros, afectando incluso a espacios que aparentan ser naturales y protegidos. “Es alarmante comprobar que la actividad humana impacta incluso a lugares que creemos intactos”, aseguran los investigadores. La tala, la basura, los incendios, la presión turística o los cambios agrícolas impiden no solo la supervivencia de especies vegetales, sino también su recolonización natural.
Navarra, clave en un mapa global
La contribución de los investigadores navarros al proyecto ha sido doble: por un lado, se ha proporcionado información valiosa sobre la riqueza vegetal del Pirineo occidental y su entorno; por otro, se ha puesto en valor la singularidad ecológica de lugares como las foces de Arbaiun y Benasa. Zonas que, pese a su aparente aislamiento, también muestran signos de pérdida de biodiversidad potencial.
“Este tipo de análisis nos ayuda a mirar más allá del presente visible. Nos permite entender el potencial ecológico de un espacio y trabajar para recuperar lo perdido”, explica Mercedes Valerio, doctora por la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra.
Una herramienta para el futuro
El estudio no se queda en la denuncia. Plantea una propuesta tangible: usar la noción de diversidad oscura como herramienta práctica de conservación. Identificar qué especies faltan permite diseñar estrategias de restauración más efectivas y medibles. Es, en definitiva, un mapa de lo invisible que ayudará a restaurar ecosistemas, más allá de proteger lo que ya se ve.
Porque conservar la naturaleza ya no es solo mantener lo que hay, sino recuperar lo que debería estar.